Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza,
es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. (Heb. 13:15).
Necesitamos ofrecer
alabanza y acción de gracias a Dios, no solamente en la congregación, sino en
la vida del hogar. Las voces de su heredad refieran las obras del Señor. Hablen
de su bondad, proclamen su poder...
Nos sentimos
deprimidos, grandemente deprimidos, cuando vemos el mundo y su maldad. El mundo
que se llama cristiano está envuelto en las tinieblas que cubren la tierra.
Lloramos y nos lamentamos por las abominaciones que se hacen en la
tierra.
¿Por qué toda esta maldad no estalla en una decidida violencia
contra la justicia y la verdad? Es porque los cuatro
ángeles están reteniendo los cuatro vientos, para que no soplen sobre la
tierra. Pero las pasiones humanas están llegando al clímax, y el Espíritu del
Señor se está retirando de la tierra.
Si no fuera porque Dios ha ordenado a los agentes angélicos
controlar a los agentes satánicos que están tratando de desatarse y de
destruir, no habría esperanza. Pero los vientos han de ser contenidos hasta que
los siervos de Dios sean sellados en sus frentes...
Entre las tinieblas morales debe brillar la luz con rayos claros y distintos... Pero cada alma tiene que volver su rostro hacia la luz para poder reflejarla. Necesitamos alabar a Dios mucho más de lo que lo hacemos. Debemos mostrar que tenemos motivos de regocijo.
"…Vosotros sois linaje escogido,
real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis
las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1
Ped. 2:9).
¿Estamos haciendo esto tan plenamente como debiéramos? ¿Estamos revelando
en el hogar ese amor que honrará y glorificará a nuestro Redentor?
Por más negras que sean las nubes que envuelven
al mundo en este tiempo, más allá está la luz.
La ignorancia, la superstición, las tinieblas y la incredulidad fuerte
y dominadora nos
saldrán al encuentro a cada paso que demos.
Pero
nuestra fe debe elevarse por encima de todo hasta ver el arco
de la promesa que circunda el trono. Debemos reflejar la luz
mediante la pluma y la voz, y alabar a Dios ante el mundo
(Manuscrito 1209 1898). ELC 97
AUDIO.
https://youtu.be/7xXlRfU9E2Q
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