Bueno
es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. (Lam. 3:25).
Hay pocos que realmente aprecian
y aprovechan el precioso privilegio de la oración. Deberíamos ir
a Jesús y contarle todas nuestras necesidades. Podemos llevarle
nuestras cargas y problemas, pequeños y grandes. Todo lo
que pueda causarnos dificultades, deberíamos llevarlo al Señor en oración
(Testimonies, tomo 5, págs. 200, 201).
Perdemos
muchas preciosas bendiciones al dejar de llevar nuestras
necesidades, problemas y pesares a nuestro Salvador. Él es
el admirable Consejero. Vela sobre su iglesia con intenso interés, y con
un corazón lleno de tierna simpatía se impone de la hondura de nuestras
necesidades.
Pero nuestros caminos no
son siempre sus caminos. Él ve el resultado de cada acción y
nos pide que confiemos con paciencia en su sabiduría, no en
los supuestamente sabios planes de nuestra propia hechura.
No ceséis de orar. Si la respuesta se tarda, esperadla. Poned todos vuestros planes
a los pies del Redentor. Asciendan
vuestras oraciones importunas a Dios.
Si es para la Gloria de su Nombre, Oiréis las confortantes
palabras: "Sea hecho conforme a tu palabra".
No podemos cansar a Cristo con fervientes súplicas. No dependemos
de Dios tanto como debiéramos. Dejemos sin pronunciar toda palabra
de queja. Hablemos de fe y de ánimo mientras esperamos a
Dios...
Tened temor de la duda, para
que no llegue a ser un hábito que destruya la fe. El proceder del
Padre celestial puede parecernos oscuro, misterioso e inexplicable, sin
embargo debemos confiar en él (Carta 123, 1904).
Toda
oración sincera que se eleva es mezclada con la
eficacia de la sangre de Cristo. Si la respuesta tarda es porque
Dios desea que mostremos una santa osadía en reclamar la palabra que
él empeñó. Fiel es el que prometió. Nunca abandonará al alma que
se entrega plenamente a él (Manuscrito 19, 1892). ELC 75
AUDIO.
https://youtu.be/kxivVR3iAXo
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