Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
así clama por ti, Oh Dios, el alma mía. (Sal. 42:1).
El ciudadano del reino celestial estará mirando constantemente cosas
no vistas. El poder terrenal sobre la mente y el carácter está quebrantado.
Tiene la presencia del Huésped celestial, de acuerdo con su promesa: "…Y yo le amaré,
y me manifestaré a él" (Juan 14:21). Camina
con Dios como Enoc, en comunión permanente...
Asediado diariamente por la tentación, en lucha constante con los dirigentes del pueblo, Cristo
sabía que debía fortalecer su humanidad mediante la oración. Para ser
una bendición para los hombres, debía comunicarse con Dios, pidiendo
energía, perseverancia y firmeza. Así mostró a sus discípulos en qué consistía
su fuerza.
SIN la comunión diaria con Dios, Ningún ser
humano puede recibir poder para servir. Es privilegio de cada
uno el encomendarse, con todas las pruebas y tentaciones, los
pesares y chascos, al amante Padre celestial. Nadie que haga
esto, que haga de Dios su confidente, caerá presa del enemigo.
"Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras
debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.
Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar
misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Heb. 4:15,16).
Cuidad celosamente vuestras horas de
oración y autoexamen. Apartad alguna porción de cada día para el estudio
de las Escrituras y la comunión con Dios. Así obtendréis fuerza espiritual
y creceréis en gracia y favor para con Dios.
El solo puede dirigir correctamente nuestros pensamientos. El solo puede darnos
aspiraciones
nobles y modelar nuestros caracteres a la semejanza divina.
Si nos acercamos a él en oración ferviente, llenará nuestros corazones de santos y elevados
propósitos y de fervientes y profundos anhelos de pureza y limpieza de pensamiento.
El
imparte las más ricas bendiciones a los que le sirven con
pureza de corazón. Enseña a todos los que abren el
corazón a sus instrucciones y obedecen su voz (Review and
Herald, 10 de noviembre, 1910). ELC 86
AUDIO. https://youtu.be/2yj1dFPMu0k
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