…Pero
miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, que tiembla a mi palabra.
(Isa. 66:2).
Los que buscan la aprobación y la gloria del mundo cometen un lamentable error. El que se niegue a sí mismo, dando la preferencia a otros, será quien se siente más cerca de Cristo en su trono.
El que lee el corazón ve el
verdadero mérito que poseen sus humildes y abnegados
discípulos, y los pone en posiciones destacadas porque son
dignos, aunque éstos no se den cuenta de ello ni busquen honores...
Dios No Asigna Ningún
Valor a la
apariencia exterior o a la jactancia. Muchos que en esta vida
son considerados superiores a otros verán un día, que Dios evalúa a los
hombres de acuerdo con la compasión, y abnegación que tienen... Los
que siguen el ejemplo del que anduvo haciendo bienes, los que
ayudan y bendicen a su prójimo, tratando siempre de aliviarlo, están
a la vista de Dios en una posición infinitamente más elevada que
los egoístas que se exaltan a sí mismos.
Dios No Acepta A Los Hombres debido a sus capacidades, sino porque éstos buscan su
rostro, deseosos de su ayuda. Dios no ve, cómo ve el
hombre. No juzga según las apariencias. Investiga el corazón y
juzga rectamente. "Pero miraré", declara, "a aquel que es
pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra" (Isa. 66:2).
El
acepta y comulga con sus seguidores humildes
y modestos; porque en ellos ve, el material más precioso que
resistirá la prueba de la tormenta y de la tempestad, del calor
y de la presión.
Nuestro
objeto al trabajar por el Maestro; debería
ser que su nombre sea glorificado en la conversión de los pecadores.
Los que trabajan para ganar aplausos no son
aprobados por Dios...
Los
obreros humildes, que no confían en sus grandes
dones pero que trabajan con sencillez, confiando siempre
en Dios, compartirán el gozo del Salvador (Review and Herald, 4 de
julio, 1907). ELC 69
AUDIO.
https://youtu.be/KbJTEuPyX0U
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