¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos
mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre! (Deut. 5:29).
Dios mantiene una
relación paternal con su pueblo, y como padre exige nuestro servicio fiel. Mirad
la vida de Cristo. A la cabeza de la humanidad, sirviendo a su Padre, es un
ejemplo de lo que cada hijo debe y puede ser.
La obediencia de Cristo
es la que Dios requiere hoy de los seres humanos. Él sirvió a su Padre en amor,
voluntaria y libremente. "El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado,
y tu ley está en medio de mi corazón", declaró. Cristo no consideró ningún
sacrificio demasiado grande, ningún trabajo demasiado pesado para cumplir la
obra que había venido a hacer.
A los doce años dijo: "¿No
sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?" (Luc.
2:49). Había oído el llamado y había emprendido la tarea. "Mi
comida", dijo, "es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe
su obra" (Juan 4:34).
Así debemos servir a
Dios. Solamente sirve el que alcanza el más elevado nivel de obediencia. Todos
los que quieren ser hijos e hijas de Dios se demostrarán colaboradores con
Cristo y con Dios y los ángeles celestiales. Esta es la prueba para toda alma...
El gran propósito de Dios en la ejecución de sus providencias es probar a los hombres, darles
una oportunidad de desarrollar el carácter. Así prueba si son o no obedientes a sus órdenes.
Las buenas obras no compran el amor de Dios,
sino que revela que
poseemos ese amor...
Hay solamente dos clases de personas en el mundo hoy, y solamente dos serán
reconocidas en el juicio: las que violan la ley de Dios
y las que la obedecen.
Cristo
nos da la norma de nuestra lealtad o deslealtad. "Si
me amáis ", dice, "guardad mis mandamientos... El
que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama, y el que
me ama, será amado por mi padre, y yo le amaré y manifestaré a él" Juan
14:15,21 (Review and Herald, 23 de junio, 1910). ELC 129
AUDIO.
https://youtu.be/0Rcf2w0k1Pg