En
quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo
en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada
de Dios en el Espíritu. (Efe. 2:21, 22).
La iglesia viviente de
Dios es en particular una morada de Dios mediante el Espíritu, para que el
hombre pueda llegar a ser un bien terminado templo para la residencia del Santo
Espíritu de Dios, para que el Señor Jesucristo pueda morar en su ser íntimo,
ennobleciendo y santificando su naturaleza humana por sus atributos divinos,
haciendo al hombre, un templo del Dios viviente (Manuscrito 193,
1898).
La iglesia de Cristo debe estar en el mundo, pero no ser del mundo. Al llamar a su pueblo unido como iglesia, Dios dispone que formen una familia cristiana y diariamente sean dignos de pertenecer a la
familia del cielo. Así es como Dios reúne en un solo cuerpo a los creyentes en su
Palabra,
para que su influencia constituya una bendición mutua y para el mundo.
Cada miembro
convertido revela una transformación del carácter, y es fortalecido y sostenido
por el valor y la fe del conjunto. El santo más débil, si cree en Cristo, es un
miembro del cuerpo de Cristo. Y si vive en humilde dependencia de Dios, llegará
a ser fuerte, porque tiene derecho a todos los privilegios de un hijo de Dios (Id., 157, 1899).
La iglesia es el objeto del amor y el cuidado más tiernos de Dios. Si los miembros se lo permiten,
revelará su carácter por medio de ellos. Él les dice: "Vosotros sois la luz del mundo…" (Mat. 5:14).
Los que caminan y conversan con Dios practican la mansedumbre de Cristo...
El Santo Espíritu, lleno de gracia y poder, obra en la mente y el corazón (Id., 63, 1901).
Cristo ha hecho provisión para que su iglesia sea un cuerpo transformado,
iluminado
con la luz del cielo, que posea la gloria de Emanuel.
Es
su propósito que cada cristiano esté rodeado con una atmósfera espiritual de
luz y paz. No hay límite para la utilidad de quien, poniendo a un lado el yo,
dé lugar para que trabaje el Espíritu Santo en el corazón y viva una vida
enteramente consagrada a Dios (Review and Herald, 30 de abril,
1908). ELC 284
AUDIO.
https://youtu.be/5RQXERPOA40