
Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue,
no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12).
Los que siguen a Jesús
serán colaboradores juntamente con Dios. No caminarán en tinieblas, sino que
hallarán la verdadera senda donde Jesús, la Luz del mundo, encabeza la marcha;
y a medida que orienten sus pasos hacia Sion, avanzando por fe, obtendrán una
brillante experiencia en las cosas de Dios.
La misión de Cristo,
tan oscuramente comprendida, tan débilmente interpretada, que lo llamó desde el
trono de Dios al misterio del altar de la cruz del Calvario, se descubrirá más
y más a la mente y se verá que en el sacrificio de Cristo se halla el manantial
y el principio de toda otra misión de amor...
Jesús enseñó a sus
discípulos que eran deudores tanto de los judíos como de los griegos, de los
sabios y de los incultos, y les hizo entender que la distinción de raza, casta
y líneas divisorias hechas por el hombre no eran aprobadas por el cielo y no habían
de tener influencia en la obra de diseminar el Evangelio.
Los discípulos de
Cristo no habían de hacer distinciones entre sus prójimos y sus enemigos, sino
que debían considerar a todo hombre como un prójimo necesitado de ayuda, y al
mundo como su campo de labor, buscando salvar a los perdidos.
Jesús ha dado a cada
hombre su obra, tomándolo del estrecho círculo que le había trazado su egoísmo,
anulando líneas divisorias y todas las otras distinciones artificiales de la
sociedad; no pone límite para el celo misionero, sino que ordena a sus seguidores
extender sus labores hasta lo último de la tierra...
El
Señor Jesús es nuestra eficiencia en todo; su Espíritu ha de ser nuestra
inspiración; y al ponernos en sus manos para ser conductos de luz, nuestros
medios para hacer el bien nunca se agotarán porque las fuentes del poder de
Cristo están a nuestras órdenes.
Podemos
aprovechar su plenitud y recibir la gracia que no tiene límite. El Capitán de
nuestra salvación quiere enseñarnos a cada paso que hay un poder que todo lo
puede que está a disposición de la fe vivaz (Review
and Herald, 30 de octubre, 1894). ELC 320
AUDIO. https://youtu.be/sG6C9gEmL-o
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