Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado el al mundo. (Juan 17:18).
La separación del mundo, en obediencia a la orden divina, ¿nos inhabilitará para la obra
que el
Señor nos ha dejado? ¿Nos estorbará de hacer el bien en nuestro derredor? No.
Cuanto más firme sea
nuestro asidero en el cielo, tanto mayor será nuestro poder para ser útiles.
Debemos estudiar el Modelo, para que el espíritu que habitó en Cristo pueda
morar en nosotros.
Al Salvador no se lo halló entre los eminentes y honorables del mundo.
No empleó su tiempo entre los que buscaban su propia
comodidad y deleite.
Trabajó para ayudar
a los que necesitaban ayuda, para salvar a los perdidos y a los que perecían,
para levantar a los caídos, para romper el yugo de opresión de los que estaban
en cautiverio, para sanar a los afligidos y hablar palabras de simpatía y consolación
a los angustiados y tristes.
Se nos pide que sigamos este ejemplo. Cuanto más participemos del
espíritu de Cristo, tanto más
buscaremos hacer por nuestros semejantes.
Bendeciremos al
necesitado y confortaremos al afligido.
Llenos de amor por las almas que perecen, nos deleitaremos en seguir las
pisadas de la Majestad de los cielos... El tiempo de gracia está por
finalizar... El enemigo está jugando el juego de la vida por cada alma.
Trabaja para quitar
de nosotros todo lo que sea de naturaleza espiritual, y en lugar de las gracias
preciosas de Cristo desea amontonar en nuestros corazones los rasgos malignos
de la naturaleza carnal: el odio, las críticas, los celos, el amor al mundo, el
apego al yo, el amor a los placeres y la soberbia de la vida.
Necesitamos
fortalecernos contra el enemigo que se aproxima, que obra con toda clase de
engaño de iniquidad para los que se pierden; porque, a no ser que velemos en
oración, estos males... desarraigarán todo lo que es bueno (Review and Herald,
2 de enero, 1900).
¡Cuán grande es la responsabilidad depositada sobre los discípulos de Cristo! ¡Cuán imperativo el deber de reflejar la luz del cielo sobre un mundo envuelto en tinieblas! Cuanto más cerrada sea la oscuridad circundante, tanto más potente debiera ser la luz de la fe y el ejemplos cristianos (Id. 23/10/1888). ELC 313
AUDIO. https://youtu.be/YR2F4TC0k3I