miércoles, 29 de abril de 2026

29. LOS SENTIMIENTOS NO SON UNA PRUEBA. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra

 esperanza, porque fiel es el que prometió. (Heb. 10:23).

La religión de Cristo no es una religión de mera emoción. No podéis depender de vuestros sentimientos como evidencia de la aceptación de Dios, porque los sentimientos son variables. Debéis afirmar vuestros pies en las promesas de la Palabra de Dios, debéis andar según el ejemplo de Jesús y aprender a vivir por fe (Review and Herald, 5 de mayo, 1891).

Apenas alguien comienza a dedicar atención a sus sentimientos está en terreno peligroso. Si se 

siente alegre y gozoso, está muy confiado y tiene emociones muy placenteras. Vendrá el cambio. 

Hay circunstancias que traen depresión y sentimientos de tristeza; entonces

 la mente comenzará naturalmente a dudar de la compañía de Dios.

No debemos hacer de los sentimientos la piedra de toque de nuestra condición espiritual, sean éstos buenos o desanimadores. La Palabra de Dios debe ser la evidencia de nuestra verdadera posición ante él. Muchos están confundidos en este punto...

Si confesáis vuestros pecados, creed que son perdonados porque la promesa es positiva. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9).

 ¿Por qué, pues, deshonraremos a Dios dudando de su amor perdonador? Habiendo confesado vuestros pecados, creed que la palabra de Dios no fallará, sino que el que ha prometido es fiel. Es tan grande el deber de creer que Dios cumplirá su palabra perdonando vuestros pecados, como el que tenéis de confesarlos.

Debéis ejercer vuestra fe en Dios como alguien que hará exactamente lo que dijo que haría: perdonar todas vuestras transgresiones... Debemos confiar; debemos educar y ejercitar nuestras almas en creer la palabra de Dios implícitamente.

Herís el corazón de Cristo al dudar, porque él nos ha dado tantas evidencias de su amor al entregar su propia vida para salvarnos, a fin de que no perezcamos sino que tengamos vida eterna (Carta 10, 1893). ELC 127

AUDIO. https://youtu.be/pIc8ZjkhD7I


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