jueves, 9 de abril de 2026

09. LAS PELIGROSAS SEMILLAS DE LA DUDA. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se 

arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? (Núm. 23:19).

Los que están perpetuamente hablando de dudas y exigiendo evidencias adicionales para disipar sus nubes de incredulidad, no están edificando sobre la Palabra. Su fe descansa sobre circunstancias, está fundada sobre el sentimiento. Pero el sentimiento, por más placentero que sea, no es fe.

La Palabra de Dios es el fundamento sobre el cual

 debemos edificar nuestras esperanzas del cielo.

Es una desgracia muy grande ser un incrédulo crónico, mirando y pensando siempre en sí mismo, Mientras esté mirando al yo, mientras éste sea el tema de sus pensamientos y conversaciones, no puede esperar conformarse a la imagen de Cristo.

El yo no es su salvador. Ud. no tiene cualidades redentoras en sí mismo. El "yo" es un barquito muy frágil para su fe. Apenas trate de confiar en él, se hundirá. La lancha salvavidas es su única seguridad. Jesús es el Capitán de la lancha salvavidas y él nunca perdió a un pasajero (Carta 11, 1897).

Necesitamos que una atmósfera más celestial circunde nuestras almas. Necesitamos que un carbón encendido del altar toque nuestros labios. Necesitamos oír las palabras de Cristo: "Sé limpio".

Si hemos esparcido tinieblas, si hemos acumulado hojarasca y atesorado dudas, si hemos sembrado semillas de duda y desánimo en las mentes de otros, que Dios nos ayude a ver nuestro pecado. 

No podemos permitirnos pronunciar una sola palabra de duda, 

porque ésta germinará, crecerá y traerá una amarga cosecha.

Deberíamos hacer caso a la exhortación: "…Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir" (1 Ped. 1:15). Una semilla de duda sembrada, y ya estará más allá del poder del hombre matarla. Solamente Dios puede quitarla del alma.

El gran campo de las promesas de Dios nos ha sido presentado, y mediante ellas debemos aferrarnos de la fe, la esperanza y el amor. La iglesia, por medio de estas gracias, debe resplandecer y ofrecer ante el mundo una representación viviente de la justicia de Cristo (Manuscrito 23, sin fecha). ELC 107

AUDIO. https://youtu.be/WKFCBVQa0nc


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