domingo, 8 de febrero de 2026

08. “UN AMIGO EN LA CORTE CELESTIAL” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminado e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros. (1 Ped, 1:3,4).

¿Hay alguna razón por la cual esta esperanza viviente no debiera darnos tanta confianza y tanto gozo en este tiempo, como lo hizo con los discípulos en la iglesia primitiva? Cristo no está encerrado en la tumba nueva de José. 

El resucitó, ascendió al cielo, y debemos ejercer nuestra fe para que el mundo pueda ver que tenemos una esperanza viviente...

Nuestra esperanza no carece de fundamento; nuestra herencia no es corruptible. 

No es un producto de la imaginación (Review and Herald, 6 de agosto, 1889).

Leemos En La Biblia acerca de la resurrección de Cristo de los muertos; pero, ¿actuamos como creyendo en ello? ¿Creemos que Jesús es un Salvador viviente, que no está en la tumba nueva de José, sellada con la gran piedra, sino que se levantó de entre los muertos y ascendió al cielo para llevar cautiva a la cautividad y para dar dones a los hombres?

ÉL ESTÁ ALLÍ PARA INTERCEDER POR NOSOTROS EN EL TRIBUNAL DEL CIELO. Él está allí porque necesitamos un amigo en la corte celestial, Alguien que sea nuestro abogado e intercesor. 

Regocijémonos por esto. Tenemos todos los motivos para alabar a Dios.

Muchos juzgan su situación religiosa por sus emociones; pero éste no es un criterio seguro. Nuestra vida cristiana no depende de nuestros sentimientos sino de que tengamos un seguro asidero de lo alto.

Debemos creer las palabras de Dios tal como él las pronunció; debemos tomarle la palabra a Cristo, creer que él vino para representar al Padre, y que el Padre, tal como está representado en Cristo, es nuestro amigo y que no desea que perezcamos. 

De otra manera no habría enviado a su Hijo para que muriera como nuestro sacrificio. La cruz del Calvario es una garantía eterna para cada uno de nosotros, de que Dios quiere que seamos felices, no solamente en la vida futura sino también en esta vida (Id., 8 de marzo, 1892). ELC46

AUDIO. https://youtu.be/MTogBE4oDPk


sábado, 7 de febrero de 2026

07. “DESTRUYENDO EL PODER DE LA MUERTE” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, 

yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, Oh Seol... (Ose. 13:14).

¡Bien podían los cielos haber quedado asombrados por

 la recepción que su amado Capitán recibió en el mundo!...

El hizo el mundo, y sin embargo el mundo no lo conoció. Sus amigos lo negaron, lo abandonaron y lo traicionaron. Fue presa de tentaciones. La agonía humana convulsionó su alma divina. Fue lacerado por crueles azotes. Sus manos fueron clavadas, sus santas sienes fueron coronadas de espinas...

 Fueron las maquinaciones de Satanás las que hicieron de la vida de Cristo una oscura serie de aflicciones y tristezas; y por último maquinó la muerte de Cristo, con lo que destruyó su propio trono.

En el acto de morir, Cristo estaba destruyendo a aquel que tenía el imperio de la muerte. Llevó a cabo el plan, terminó la obra que había convenido en realizar desde la caída de Adán. Al morir por la culpa de un mundo pecador, él restauró al hombre caído a la posición de la cual había descendido a consecuencia de la desobediencia, a condición de que obedeciera los mandamientos de Dios. 

Y cuando rompió las ataduras de la tumba y se levantó triunfante de los muertos contestó la pregunta: "Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?" (Job 14:14).

Cristo hizo posible que cada hijo de Adán pudiera, mediante una vida de obediencia, vencer el pecado y levantarse también de la tumba para recibir su heredad de inmortalidad comprada por la sangre de Cristo.

Nuestra salvación se alcanzó mediante el sufrimiento infinito del Hijo de Dios. Su pecho divino llevó la angustia, la agonía, el dolor que la pecaminosidad de Adán trajo sobre la raza humana.

El calcañar de Cristo fue herido a la verdad cuando su humanidad sufrió, y el pesar más profundo que haya oprimido alguna vez a los seres que había creado abrumó su alma mientras estaba pagando la vasta deuda que el hombre debía a Dios (Manuscrito 75, 1886).

Al llevar la penalidad del pecado y al bajar a la tumba, Cristo la iluminó para todos los que mueren con fe. Dios, en forma humana, sacó a luz la vida y la inmortalidad por el Evangelio (Joyas de los testimonios, tomo 2, pág. 488). ELC45

AUDIO. https://youtu.be/P-0VmmvXVCs


viernes, 6 de febrero de 2026

06. “UN SACRIFICIO VOLUNTARIO” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en 

vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. (1 Cor. 6:20).

¡Con qué fervor Cristo realizó la obra de nuestra salvación! 

¡Qué devoción reveló su vida!... ¡Cuán incansablemente trabajó!

En el templo y en la sinagoga, en las calles de las ciudades, en los mercados, en el taller, a la orilla del mar, entre las colinas, él predicó el Evangelio y sanó a los enfermos. Se dio entero para acabar con éxito el plan de la gracia redentora.

Cristo no tenía ninguna obligación de hacer este gran sacrificio. Se prestó voluntariamente para sufrir el castigo del transgresor de su ley. Su amor era su única obligación, y sin una queja soportó cada tormento y aceptó cada ultraje que formaba parte del plan de salvación.

La de Cristo fue una vida de servicio abnegado, y su vida es nuestro libro de texto, Tenemos que continuar la obra que él comenzó. Al contemplar su vida de trabajo y sacrificio, ¿vacilarán los que profesan su nombre en negarse a sí mismos, tomar su cruz y seguirlo?

Él se humilló a sí mismo hasta lo más profundo para que pudiéramos ser levantados a las alturas de la pureza, la santidad y la integridad. Se hizo pobre a fin de poder llenar con la plenitud de sus riquezas nuestras míseras almas. Sufrió la ignominia de la cruz para que pudiera darnos paz, descanso y gozo y hacernos partícipes de las glorias de su trono...

¿No deberíamos devolverle a Dios todo lo que él ha redimido, los afectos que ha 

purificado Y el cuerpo que ha comprado para ser guardados en santificación y santidad?...

El verdadero cristianismo difunde el amor en el ser entero. Alcanza cada parte vital: el intelecto, el corazón, las manos ayudadoras, los pies, y capacita a los hombres para mantenerse firmemente donde Dios requiere que estén...

Podemos revelar la semejanza de nuestro divino Señor. 

Podemos conocer la ciencia de la vida espiritual. 

Podemos glorificar a Dios en nuestros cuerpos y en nuestro espíritu, 

los cuales son de él (Review and Herald, 4 de abril, 1912). ELC44

AUDIO. https://youtu.be/2NE7GfR8Ooc