Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Tim. 3:16, 17).
En la Palabra de Dios
están todos los requisitos para el perfeccionamiento del hombre de Dios. Es
como una tesorería llena de mercadería valiosa y preciosa, pero no apreciamos
sus riquezas ni nos damos cuenta de la necesidad de investigar las Escrituras por
nosotros mismos.
Muchos descuidan el estudio de la
Palabra de Dios para atender intereses seculares o para gozar de placeres
efímeros... Oh, bien podríamos dejar a un lado todo lo que sea de
carácter terreno, antes que la investigación de la Palabra de Dios, que
puede hacernos sabios para vida eterna.
"Inspirada
por Dios", puede "hacer sabio para la salvación" (vers. 15),
haciendo al "hombre de Dios... perfecto, enteramente preparado para toda
buena obra": el Libro de los libros tiene el máximo derecho a nuestra
reverente atención...
En la búsqueda de las
verdades reveladas por el cielo, el Espíritu de Dios es puesto en íntima
relación con el sincero investigador de las Escrituras. La comprensión de la
voluntad revelada de Dios ensancha la mente, la expande, la eleva y la dota de
nuevo vigor, poniendo sus facultades en contacto con la maravillosa verdad...
La
Biblia da al verdadero investigador
de la verdad una avanzada disciplina mental y él sale de la contemplación de
las cosas divinas con sus facultades enriquecidas; el yo es humillado mientras
Dios y su verdad revelada son exaltados. Es debido a que los hombres no
se relacionan con las preciosas historias de la Biblia porque hay tanto
ensalzamiento del hombre y se honra tan poco a Dios
(Signs of the Times, 30 de enero, 1893).
La
Biblia es la gran norma del bien y el mal que
define claramente el pecado y la santidad. Sus principios
vivientes, al correr por nuestras vidas como hilos de oro,
constituyen nuestra única salvaguardia en la prueba y en la
tentación (Review and Herald, 11 de junio, 1908). ELC 134
AUDIO.