domingo, 19 de abril de 2026

19. RECIBAMOS LA PALABRA DE DIOS CON CONFIANZA. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. 

Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte. (Isa. 43:25, 26).

Satanás vendrá a ti diciéndote: Tú eres un pecador. Pero, no dejes que él llene tu mente con el pensamiento de que, porque eres pecador, Dios te ha rechazado. Dile: Sí, yo soy un pecador, por eso necesito un Salvador. Necesito perdón, y Cristo dice que si voy a él no pereceré.

En su carta leo: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). Creeré en la palabra que me ha dejado. Obedeceré sus mandamientos. 

Cuando Satanás te diga que estás perdido, contéstale: Sí, pero Jesús vino a buscar y a salvar 

lo que se había perdido. Cuanto más grande mi pecado, tanto más necesito un Salvador.

En el momento en que te aferras de las promesas de Dios por la fe y dices: "Yo soy la oveja perdida que Jesús vino a salvar", una nueva vida tomará posesión de ti y recibirás fuerza para resistir al tentador. 

Pero la fe que se aferra a las promesas no viene mediante el sentimiento. "La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios" (Rom, 10:17). No debes esperar que se realice algún gran cambio, no debes esperar sentir alguna emoción maravillosa. El Espíritu de Dios debe hacer una impresión en tu mente...

Toma confiadamente la Palabra de Dios diciendo: El me ama. Dio su vida por mí, y me salvará... No te mires a ti mismo sino a Jesús. Abrázalo como a tu Salvador. Deja de quejarte de tu desvalida condición. 

Al mirar a Jesús, el autor y consumador de tu fe, serás inspirado con esperanza y verás la salvación de Dios. Cuando te sientas tentado a murmurar, obliga a tus labios a pronunciar las alabanzas de Dios. 

"Regocijaos en el Señor siempre". ¿Acaso no es digno de alabanza? Enseña, pues, 

a tus labios a hablar de su gloria y a engrandecer su nombre (Carta 98b, 1896). 

ELC 117

AUDIO. https://youtu.be/t1fqcAYla6Y


sábado, 18 de abril de 2026

18. EXPRESIONES DEL AMOR DE DIOS. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. (Mat. 6:28, 29).

La ropa elegante del mayor rey que alguna vez se sentara sobre un trono no podía compararse, en su esplendor artificial, a la inmaculada belleza de los lirios modelados por la mano divina. Esto es un ejemplo de la importancia que el Creador de todo lo hermoso le da a lo artificial en comparación con lo natural.

Dios nos ha dado estas cosas bellas como expresión de su amor, para que tengamos vislumbres correctas de su carácter. No debemos adorar las cosas de la naturaleza, pero en ellas debemos leer el amor de Dios. 

La naturaleza es un libro abierto y de su estudio podemos obtener un conocimiento del Creador y ser atraídos a él por las cosas útiles y hermosas que ha provisto con tanta prodigalidad para hacernos felices.

"Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?" (Mat. 6:30, 31).

Experimentamos mucha ansiedad inútil en cuanto al futuro, respecto a lo que comeremos y beberemos y Con qué nos vestiremos. La fatiga y la preocupación en cuanto a la ostentación innecesaria produce mucho cansancio e infelicidad y acorta nuestra vida.

Nuestro Salvador quisiera que no sólo discerniéramos el amor de Dios desplegado en las hermosas flores que nos rodean, sino que quisiera que de ellas aprendiéramos lecciones de sencillez y de perfecta fe y confianza en nuestro Padre celestial...

Si Dios se preocupa de hacer tan hermosas estas cosas inanimadas..., cuánto más cuidadoso será 

de suplir las necesidades de sus hijos obedientes, cuyas vidas pueden durar tanto como la eternidad. 

Con cuánta prontitud les dará el adorno de su gracia, la fuerza de la sabiduría, el ornato de un espíritu humilde y sereno. El amor de Dios para el hombre es incomprensible, ancho como el mundo, alto como el cielo y perdurable como la eternidad (The Sanitarium Patients at Goguac Lake; the Address of Mrs.  White, 1878, págs. 16, 17). ELC 116

AUDIO. https://youtu.be/1nIbCXOeRZM


viernes, 17 de abril de 2026

17. DIOS CUIDA DE VOSOTROS. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Mirad las aves del cielo que no siembran ni siegan ni recogen en graneros; y vuestro 

Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (Mat. 6:26).

Al contemplar los elevados árboles que agitan su fresco y verde follaje, la tierra cubierta con su verde alfombra, las flores y los arbustos que brotan de la tierra, deberíamos recordar que todas estas hermosuras de la naturaleza fueron usadas por Cristo al enseñar sus grandes lecciones de verdad.

Al mirar los campos ondeantes de trigo, al escuchar los alegres trinadores en sus moradas entre las hojas, y al ver los barcos sobre el agua del lago, deberíamos recordar las palabras de Cristo pronunciadas a orillas del lago, en los bosquecillos y en las montañas, y los objetos similares de la naturaleza que nos rodea deberían repetirnos las lecciones que allí enseñó él. Deberíamos considerar sagradas tales escenas, y éstas debieran traer gozo y alegría a nuestros corazones (Palabras dirigidas por Elena White a los pacientes de un sanatorio a orillas del lago Goguac, publicadas en el folleto The Sanitarium Patients at Goguac Lake; the Address of Mrs. White, 1878, pág. 10).

El usó los elevados árboles, la tierra cultivada, las rocas desnudas, las flores hermosas que se abren paso a través de las hendiduras, las colinas eternas, las flores lujuriantes del valle, los pájaros que trinan sus canciones entre las ramas cubiertas de hojas, el inmaculado nenúfar que reposa en su pureza sobre el seno del agua.

Todos estos objetos que componían la escena viviente alrededor de ellos eran medios por los cuales sus lecciones se imprimían en las mentes de los oyentes. Así eran llevadas a los corazones de todos..., y los conducían suavemente de la contemplación de las obras del Creador de la naturaleza al Dios de la naturaleza...

En una de sus lecciones más impresionantes, Cristo dice: "Mirad las aves del cielo, que 

no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta"...

Si Dios cuida de las avecillas y las preserva, ¿no tendrá mucho más amor y 

cuidado hacia las criaturas formadas a su imagen? (Id., págs. 9, 10, 14-16).

 ELC 115

AUDIO. https://youtu.be/m7kWrYds5uM