martes, 15 de septiembre de 2026

15. BAJO LA DISCIPLINA DE DIOS. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del Todopoderoso. Porque él es quien hace la llaga, y él la vendará; él hiere, y sus manos curan. (Job 5:17, 18).

Nuestro Padre celestial no aflige o lastima voluntariamente a los hijos de los hombres. 

Tiene su propósito en el torbellino y en la tormenta, en el incendio y en la inundación.

El Señor permite que vengan calamidades sobre su pueblo para salvarlo de mayores peligros. Desea que cada uno examine su corazón estrecha y cuidadosamente, y entonces se acerque a Dios para que Dios pueda acercarse a él.

Nuestra vida está en las manos de Dios. Él ve peligros 

que nos amenazan que nosotros no podemos ver. 

Es el dador de todas nuestras bendiciones; el proveedor de todas 

nuestras misericordias; el ordenador de todas nuestras experiencias...

Puede permitir que vengan sobre su pueblo lo que llena su corazón con tristeza, porque ve que éste necesita enderezar la senda para sus pies, no sea que el cojo se salga del camino. Conoce nuestra condición y recuerda que somos polvo. Aun los mismos cabellos de nuestra cabeza están contados.

 Él obra a través de las causas naturales para enseñar a su pueblo a recordar que no lo ha olvidado, sino que desea que abandone el camino que si le fuera permitido seguir de un modo desenfrenado y sin reproche, los conduciría a gran peligro. Las pruebas nos llegan a todos para inducirnos a investigar nuestros corazones, para ver si están purificados de todo lo que contamina.

El Señor está constantemente trabajando para nuestro bien presente y eterno. Ocurren cosas que nos parecen inexplicables, pero si confiamos en el Señor y esperamos pacientemente en él, humillando nuestros corazones delante de él, no permitirá que el enemigo triunfe...

Cada alma que es salvada debe participar con Cristo en sus sufrimientos para que pueda participar con él en su gloria. Cuán pocos comprenden por qué Dios los somete a prueba. Es por la prueba de nuestra fe como obtenemos fortaleza espiritual. El Señor procura educar a su pueblo para apoyarse enteramente en él (Special Testimonies, Serie B, N 6, págs. 5-7). 266

AUDIO. https://youtu.be/lCziMW6sjSo

 

lunes, 14 de septiembre de 2026

14. JESÚS NUESTRO ABOGADO. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiera 

pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (1 Juan 2:1).

Cuando seamos tentados a pecar, recordemos que Jesús está intercediendo por nosotros en el santuario celestial.  Cuando abandonamos nuestros pecados y venimos a él con fe, toma nuestros nombres en sus 

labios, y los presenta a su Padre diciendo: "Los tengo esculpidos

 en las palmas de mis manos; los conozco por nombre".

Y se ordena a los ángeles que los proteja. Luego en el día de terrible prueba dirá: "Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación" (Isa. 26:20).

 ¿Cuáles son los aposentos en los que han de esconderse? Son la protección de Cristo y de los santos ángeles. El pueblo de Dios no está en ese tiempo todo en un sólo lugar. Están en diferentes grupos y en 

todas las partes de la tierra; y serán probados individualmente, no 

en grupos. Cada uno tiene que soportar la prueba por sí mismo.

Nunca hubo un tiempo cuando el pueblo de Dios haya tenido mayor necesidad de reclamar sus promesas como ahora. Atraviese la mano de la fe la oscuridad y aférrese al brazo de poder infinito. Mientras hablamos de la necesidad de separarnos del pecado, recordemos que Cristo vino a nuestro mundo a salvar pecadores, y que "…puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios…" (Heb. 7:25).

Es nuestro privilegio creer que su sangre es capaz 

de limpiarnos de todo borrón y mancha de pecado. 

No debemos limitar el poder del Santo de Israel. Quiere que vayamos 

a él tales como somos, pecadores y contaminados, Su sangre es eficaz…

Si caéis en tentación, no os desaniméis. Esta promesa viene resonando hasta nuestros días: "…Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1). Yo siento que por 

esta sola promesa, un continuo canto de gratitud debiera salir de los 

labios de los mortales (Review and Herald, 19 de noviembre, 1908). 

ELC 265

AUDIO. https://youtu.be/bvfk0hhi0F8

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

13. LUCHANDO CONTRA LA CORRIENTE. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la 

puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. (Luc. 13:23, 24).

Cuando leemos que muchos procurarán entrar no podrán, entonces deseamos comprender lo que debemos hacer para tener éxito. Esta es una triste declaración para nosotros: que habrá quienes fracasarán en entrar por la puerta angosta porque procuraron hacerlo, pero no se esforzaron...

Estamos en un mundo donde el pecado y la iniquidad prevalecen, y necesitamos saber lo que debemos hacer para heredar la vida. A ninguno de nosotros nos conviene perder el gran premio que se presenta al vencedor. Necesitamos saber que los pasos que estamos dando son hacia el cielo en vez de hacia la tierra...

Una solemne y grande responsabilidad descansa sobre nosotros los que profesamos obedecer los mandamientos de Dios: mostrar al mundo que nos rodea que estamos encaminando nuestros pasos hacia el cielo.

Y como avanzamos contra la corriente que está arrastrando a todos hacia abajo, deberíamos saber para qué nos esforzamos. Debemos avanzar hacia la meta del premio de nuestra soberana vocación en Cristo Jesús. No podemos permanecer en indiferente resistencia y todavía alcanzar el premio...

Hemos de crecer hasta alcanzar toda la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús, y así estaremos levantando un templo precioso para el Señor. Dice él: "…Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo" (2 Cor. 6:16)... Lo que necesitamos es el Espíritu de Dios en nuestras almas.

 Necesitamos poner nuestros rostros constantemente hacia el cielo. Y cuando vemos en 

nosotros que el pecado está luchando por el predominio, entonces debemos esforzarnos...

El misericordioso Salvador permanece precisamente a vuestro lado para ayudaros. Desea enviar a cada ángel glorioso mientras lucháis para vencer el pecado, de modo que Satanás no pueda ganar la victoria sobre vosotros... El tierno Redentor conoce exactamente cómo ayudarnos en cada uno de nuestros esfuerzos (Manuscrito 5, 1886). ELC 264

AUDIO. https://youtu.be/gUH6jFX65GA