jueves, 25 de junio de 2026

25. CRECIENDO EN CRISTO. VI. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

  
Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios. (Heb. 6:1).

En la puerta de entrada del sendero que conduce a la vida eterna Dios pone la fe y reviste todo el camino con la luz, la paz, y el gozo de la obediencia voluntaria. El viajero de esta manera mantiene siempre delante de él la marca de su elevada vocación en Cristo.

El premio está siempre a la vista. Para él los mandamientos de Dios son justicia, y paz y gozo en el Espíritu Santo. Las cosas que primero parecían ser cruces, por medio de la experiencia se descubre que son coronas.

"Aprended de mí", es la orden del Salvador. Sí, aprended de él cómo vivir

 la vida de Cristo, una vida pura y santa, libre de toda mancha de pecado...

El progreso, no el estancamiento, es la ley del cielo. El progreso es la ley de toda facultad de la mente y del cuerpo. Las cosas de la naturaleza obedecen esta ley. En el campo, primero se ve la hoja, luego la espiga, después el grano lleno en la espiga.

En la vida espiritual, como en la vida física, debe haber crecimiento. Debemos avanzar paso a paso, siempre recibiendo e impartiendo, siempre ganando un conocimiento más completo de Cristo, aproximándonos diariamente cada vez más cerca a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

El cristiano es primero un recién nacido en Cristo. Luego se transforma en niño. Debe realizar continuos avances en proporción a las oportunidades y privilegios que se le conceden. Siempre debe recordar que no se pertenece a sí mismo, que ha sido comprado con precio y que debe hacer el mejor uso posible de los talentos que se le han confiado.

Aun en la infancia de su entendimiento espiritual el cristiano debe esforzarse para hacer el más 

decidido avance hacia la vida más elevada y más santa (Review and Herald, 9 de mayo, 1907).

 ELC 184

AUDIO. https://youtu.be/Iu4yU_Qnkoo


miércoles, 24 de junio de 2026

24. NO PRONUNCIÉIS PALABRAS HIRIENTES O APRESURADAS. VI. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación. (1Ped. 2:1,2).

Deberíamos estudiar estas instrucciones. Es nuestro privilegio crecer "…a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo" (Efe. 4:13). No debiéramos ser irreflexivos o descuidados al hablar, hiriendo el uno al otro con palabras descorteses...

Cada agente humano relacionado con la obra del Señor necesita apreciar la obra en la cual está tomando parte. La obra en las instituciones de Dios debe realizarse sin fricciones, sin palabras apresuradas, sin palabras dictatoriales. Los obreros deben ser puros, limpios y santos en pensamiento, en palabra y en acción. Deben ser testigos de Cristo y testificar que han nacido de nuevo (Carta 179, 1902).

No debe haber palabras hirientes ni reprensiones irritantes, porque los ángeles de Dios están recorriendo cada habitación. Cristo anhela encomiar a cada fiel obrero y lo hará. Cada acto bueno es registrado en el libro. Pueden cometerse pequeños errores, pero las palabras de censura levantan sentimientos de venganza y Dios es deshonrado...

Cada palabra hablada irreflexiva o imprudentemente, debería retirarse en el acto... Debemos recordar que como cristianos que profesamos trabajar en unidad no debemos actuar como los pecadores, cuyas palabras y acciones pecaminosas, a menos que se arrepientan de ellas, los condenarán...

"Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir…" (Apoc. 3:2). Esta es nuestra obra. 

Hay muchos que están por morir espiritualmente, y el Señor nos llama para que los fortalezcamos.

El pueblo de Dios, ha de ser fiel al deber. Sus miembros han de estar unidos por los lazos del compañerismo cristiano, y deben ser fortalecidos en la fe, hablando el uno al otro con frecuencia, de las preciosas verdades que les fueron confiadas. 

Nunca deben altercar ni censurar. Deben unirse en lo que 

atañe a la importancia de obedecer la ley de Dios (Ibíd.).

 ELC 183

AUDIO. https://youtu.be/CDf9s_H9CQ0


martes, 23 de junio de 2026

23. PALABRAS BONDADOSAS Y AMABLES. VI. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado;

 despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. 

(Isa. 50:4).

Cada cristiano debería ser lo que Cristo fue en su vida en esta tierra. Él es nuestro ejemplo, 

no solamente en su pureza inmaculada, sino en su paciencia, cortesía y disposición amigable.

 Era firme como una roca en lo que atañía a la verdad y al deber, pero era invariablemente bondadoso y cortés. Su vida fue una perfecta ilustración de la verdadera cortesía. Tenía siempre una mirada amable y una palabra de consuelo para los necesitados y los oprimidos.

Su presencia llevaba una atmósfera más pura al hogar y su vida era como levadura que obraba entre los elementos de la sociedad. Inocente y sin contaminación caminaba entre los indiferentes, los rudos, los descorteses; entre los injustos publicanos, los impíos samaritanos, los soldados paganos, los rudos 

campesinos y la multitud heterogéneo. Hablaba una palabra de simpatía aquí, 

una palabra allí, al ver a los hombres cansados y obligados a llevar pesadas cargas. 

Compartía sus cargas y les repetía las lecciones que había aprendido de la Naturaleza, del amor, de la misericordia y de la bondad de Dios. Trataba de inspirar esperanza en los más rudos y poco promisorios poniendo ante ellos la seguridad de que podían llegar a ser sin tacha y sin culpa, alcanzando un carácter que los haría aparecer como hijos de Dios...

Jesús se sentó como huésped honrado en la mesa de los publicanos mostrando por su simpatía y benevolencia que reconocía la dignidad de la humanidad, y los hombres anhelaban llegar a ser dignos de su confianza. Sus palabras caían sobre sus almas sedientas con poder bendito y vivificante. Se despertaban nuevos impulsos y se abría la posibilidad de una vida nueva ante esos parias de la sociedad...

La religión de Jesús ablanda todo lo que haya de duro y áspero en el 

temperamento, y suaviza las asperezas y las agudezas de los modales.

Esta es la religión que hace las palabras amables y el comportamiento atractivo... Un cristiano bondadoso y cortés, es el argumento más poderoso en favor del Evangelio (Signs of the Times, 16 de julio, 1902). ELC 182

AUDIO. https://youtu.be/Xn3DQtoEKlg