viernes, 15 de mayo de 2026

15. LA SENDA REAL. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. (Sal. 73:25).

El alma que mantiene encendido el amor de Cristo está llena de libertad, de luz y gozo en Cristo. 

En un alma tal no hay pensamientos divididos. El hombre entero desea ardientemente a Dios.

No acude a los hombres en busca de consejo, para conocer su deber, sino al Señor Jesús, la fuente de toda sabiduría. Investiga la Palabra de Dios para encontrar en ella cuanta norma haya sido establecida.

¿Podremos encontrar una guía más segura que el Señor Jesús? La verdadera religión está comprendida en la Palabra de Dios y consiste en estar bajo la dirección del Santo en pensamiento, palabra y hecho.

 El que es el camino, la verdad y la vida toma a la persona humilde, ferviente y devota que lo busca y le dice: Sígueme. La guía por el camino angosto a la santidad y al cielo. Cristo ha abierto este camino para nosotros con un gran costo para sí mismo.

No se nos ha dejado que tropecemos en las tinieblas mientras vamos por el camino. Jesús está a nuestra diestra proclamando: Yo soy el camino. Y todos los que decidan seguir plenamente al Señor serán guiados por la senda real, y más que esto, por el sendero divino trazado para que los redimidos del Señor vayan por él (Manuscrito 130, 1897).

Cuanto más aprendemos de Cristo por su Palabra, tanto más sentimos nuestra necesidad de él en nuestra experiencia. No deberíamos detenernos hasta que podamos descansar al llevar el yugo de Cristo y sus cargas.

Cuanto más fieles seamos en su servicio, tanto más lo amaremos, tanto más lo ensalzaremos. Todo deber, grande o pequeño, que realicemos, será hecho con fidelidad, y al seguir conociendo a nuestro Señor, tanto mayor y será nuestro deseo de glorificarlo (Id. 131 1897)...

¿Podemos decir al contemplar a nuestro Redentor: "¿A quién tengo 

yo en los cielos sino a ti? ¿Y fuera de ti nada deseo en la tierra"? 

(Ibíd.). ELC 143

AUDIO. https://youtu.be/Atd_G-0YEwQ


jueves, 14 de mayo de 2026

14. LA CULTURA MAS ELEVADA. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia. (Prov. 3:13).

El temor del Señor es el principio de la sabiduría, y el hombre que accede a ser modelado 

y plasmado a la semejanza divina, es el ejemplar más noble de la obra de Dios...

El conocimiento experimental de la verdadera piedad, en la consagración y el servicio diarios a Dios, asegura la cultura más elevada de la mente, el alma y el cuerpo... La recepción del poder divino honrará nuestros sinceros esfuerzos en busca de sabiduría para el uso concienzudo de nuestras facultades más elevadas para honra de Dios y bendición de nuestros semejantes. Como estas facultades son derivadas de Dios y no autocreadas, deberían ser apreciadas como talentos de Dios para ser empleados en su servicio.

Las facultades mentales que el cielo nos da deben ser tratadas como los poderes más elevados para gobernar el reino del cuerpo. Los apetitos y las pasiones naturales deben ser puestos bajo el control de la conciencia y los afectos espirituales...

La religión de Jesucristo nunca degrada a quien la recibe, nunca lo hace rudo o torpe, descortés o presumido, apasionado o duro de corazón. Al contrario, refina el gusto, santifica el juicio, purifica y ennoblece los pensamientos llevándolos en cautividad a Jesucristo.

El ideal de Dios para sus hijos excede el más elevado pensamiento humano. 

El Dios viviente ha dado en su santa ley un trasunto de su carácter.

El mayor Maestro que el mundo haya conocido alguna vez es Jesucristo. ¿Y cuál es la norma que ha dado para que la alcancen todos los que creen en él? "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mat. 5:48).

Así como Dios es perfecto en su elevada esfera de acción, el hombre puede ser

 perfecto en su esfera humana. El ideal del carácter cristiano es la semejanza con Cristo.

Ante nosotros se abre una senda de progreso continuo. Tenemos un objeto que alcanzar, una norma

que lograr, la cual incluye todo lo que es bueno, puro, noble y elevado (Manuscrito 16, 1896). ELC 142

AUDIO. https://youtu.be/x-Y_2CeeWSw


miércoles, 13 de mayo de 2026

13. TRABAJO DE CORAZÓN. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)


He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. (Sal. 51:6).

La verdad debe llegar a ser la verdad para el que la recibe para todo intento y propósito. Debería estar impresa en el corazón. "Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación" (Rom. 10:10). "…Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas…" (Mar. 12:30).

Este es el servicio que Dios acepta. Nada que sea menos que esto es considerado por él como la religión pura y sin mácula. El corazón es la ciudadela del ser, y hasta que no esté completamente del lado del Señor el enemigo ganará continuas victorias sobre nosotros mediante sus tentaciones sutiles...

Se ha hecho abundante y plena provisión para que tengamos misericordia, gracia y paz. ¿Por qué, pues, actúan los seres humanos como si pensaran que la verdad es un yugo de servidumbre? Es porque el corazón nunca ha gustado y visto que el Señor es bueno (Review and Herald, 29 de marzo, 1906).

El mundo está lleno de enseñanzas falsas y si no investigamos resueltamente las Escrituras por nosotros mismos, aceptaremos los errores del mundo en lugar de la verdad, adoptaremos sus costumbres y engañaremos nuestros propios corazones. Sus doctrinas y costumbres están en desacuerdo con la verdad de Dios...

Es un asunto de la mayor importancia e interés para nosotros el que entendamos qué es la verdad, y nuestras peticiones deberían elevarse con intenso fervor para ser guiados a toda verdad (Id., 6 de junio, 1911)...

Cuando la verdad, tal como está en Jesús, modele nuestros caracteres; se verá que es de veras la verdad. Al ser contemplada por el creyente, aumentará en resplandor, brillando en su belleza original.

 Aumentará de valor. Despertará y vivificará la mente y subyugará el carácter egoísta y no con una vulgaridad que no es cristiana. Elevará nuestras aspiraciones y nos capacitará para alcanzar la norma perfecta de santidad (Id., 14 de febrero, 1899). ELC 141

AUDIO. https://youtu.be/Pq3gnoQSX2o