Suavísimo es el eco de su voz; y, en suma, todo él es
envidiable... (Cantares 5:14. Versión Torres Amat 1825).
Estudiad la vida que Cristo vivió en esta tierra. No descuidó el deber más pequeño y
más sencillo. Todo lo que hizo estuvo marcado por la perfección. Mirad
a él en busca de ayuda y podréis realizar vuestros deberes diarios con
la gracia y la dignidad del que está buscando la corona de vida inmortal.
Mucho nos espaciamos en la grandeza de la vida de Cristo. Hablamos de las grandes cosas que realizó, de los milagros que
obró, de cómo calmó las olas tempestuosas, devolvió la vista a los ciegos y el
oído a los sordos, y resucitó a los muertos. Pero su atención hacia las
cosas pequeñas es una prueba todavía mayor de su grandeza. Oídlo hablar con Marta
cuando ella le pide que ruegue a su hermana que le ayude a servir.
Le dice que no deje que los cuidados de la casa perturben la paz de su alma: "Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada" (Luc. 10:41, 42).
Escuchad las palabras que
habló a las madres fatigadas que le llevaron sus hijos para que los bendijera.
Los discípulos, deseosos de que su Maestro no fuera molestado, las
querían echar, pero Jesús dijo: "Dejad a los niños venir a
mí..." (Mar. 10:14).
Y tomándolos en sus brazos, los bendecía. Si pudiéramos penetrar en el futuro de esos niños, veríamos a
las madres recordándoles las escenas de ese día y repitiendo las amables
palabras del Salvador. También veríamos cuán a menudo, en años posteriores, el
recuerdo de esas palabras evitó que los niños erraran del camino de los
redimidos del Señor... Este mismo Jesús es vuestro Salvador (Review and Herald,
7 de abril, 1904).
La
belleza divina del carácter de Cristo,
de quien los hombres más nobles y más amables son tan sólo un pálido
reflejo; de quien escribió Salomón, por el Espíritu de inspiración, que
es el "señalado entre diez mil... y todo él codiciable"; el
que fue abnegado Redentor en toda su peregrinación de amor en el
mundo, era una representación viva del carácter de la ley de Dios
(El Discurso Maestro de Jesucristo, pág. 46). ELC 64
AUDIO.
https://youtu.be/82nIBK7XDG0