Pero
no será así entre vosotros, sino que El que quiera hacerse grande entre
vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero,
será siervo de todos. (Mar. 10:43, 44).
La verdadera dicha
sólo se encuentra en una vida de servicio. El que vive una vida inútil y
egoísta es miserable. Está descontento consigo mismo y con los demás. El Señor
corrige a sus obreros para que estén preparados a fin de que ocupen los lugares
que les han sido asignados. De esa manera desea que se apresten a realizar un
servicio más aceptable.
Hay muchos que no están satisfechos de servir a Dios alegremente en el lugar que les ha señalado, o que realizan sin quejarse la obra que ha colocado en sus manos. Es correcto que estemos descontentos de la forma en la que realizamos el deber, pero no debemos estar descontentos con el deber mismo porque desearíamos realizar alguna otra cosa.
En su providencia, Dios coloca delante de los seres humanos un
servicio que será como una medicina para sus mentes enfermas. De esa manera
[Dios] trata de guiarlos para poner a un lado la preferencia egoísta, la que,
si se fomenta, podría descalificarlos para el trabajo que tiene para ellos (Review and Herald, 2 de mayo, 1907).
Hay quienes desean tener un poder soberano, y que necesitan la santificación de la obediencia. Dios provoca un cambio en sus vidas. Tal vez coloca delante de ellos deberes que no habrían escogido.
Si están dispuestos a
ser guiados por él, les dará gracia y fortaleza para realizar esos deberes con
espíritu de sometimiento y utilidad. De esa manera están siendo capacitados
para ocupar lugares donde sus habilidades bien organizadas realicen un gran
servicio.
A
veces Dios los prepara dándoles decepciones y aparente fracaso. Tiene el
propósito de que aprendan a dominar la dificultad. Los inspira con una
determinación de hacer que cada fracaso aparente resulte un éxito
(Ibíd.). ELC 230
AUDIO. https://youtu.be/fy0lUVFFvGs