sábado, 11 de abril de 2026

11. LA FE QUE APROVECHA. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo 

he conocido que ha salido poder de mí. (Luc. 8:46).

Hay dos clases de conexión entre los pámpanos

 y la vid. Una es engañosa, superficial.

La muchedumbre que apretaba a Jesús no tenía una unión viviente con él mediante la fe genuina. Pero una pobre mujer que había estado sufriendo por muchos años y había gastado todos sus recursos en médicos que no la habían curado sino empeorado, pensó que si podía ponerse a su alcance, si sólo podía tocar el borde de su manto, se sanaría.

Cristo comprendió todo lo que había en su corazón y se puso allí donde ella tendría la oportunidad que deseaba. El usaría de ese hecho para mostrar la diferencia entre el toque de fe genuina y el contacto casual de los que se apretujaban a su alrededor por mera curiosidad.

Cuando la mujer alargó la mano y tocó el borde de su manto pensó que ese toque furtivo no sería advertido por nadie; pero Cristo lo advirtió y correspondió a su fe con su poder sanador. Ella se dio cuenta en un instante que había sido sanada, y el Señor Jesús no dejaría de llamar la atención hacia una fe tal.

Rápidamente se volvió y preguntó: "…¿Quién es el que me ha tocado?" Todos los discípulos lo estaban apretando de cerca, …y Pedro dijo: "…La multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mi"

Cuando la mujer vio que había sido descubierta fue temblando a echarse a sus pies, y le contó su historia. Por doce años había sufrido su mal, pero no bien su dedo tocó el borde del manto de Jesús se había sanado.

Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz" (Luc. 8:45-48). 

¡El solo toque de fe recibió su recompensa! (Carta 130, 1898).

La fe que sirve, para ponernos en contacto vital con Cristo, expresa de nuestra parte, una suprema preferencia, perfecta confianza, entera consagración (Mensajes selectos, tomo 1, págs. 392, 393). 

ELC 109

AUDIO. https://youtu.be/kBETp_wcIVE

 

viernes, 10 de abril de 2026

10. ESPERAMOS DEMASIADO POCO. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Entonces les tocó los ojos, diciendo: 

Conforme a vuestra fe os sea hecho. (Mat. 9:29).

La fe es el medio de conexión entre la debilidad humana y el 

poder divino... Debemos tratar de que se fortalezca nuestra fe.

La iniquidad que abunda no debería ni por un momento hacer disminuir nuestra fe y amor por Dios, o debilitar nuestra confianza en sus seguras promesas, para que ninguna fuerte tormenta de tentación no nos desarraigue del verdadero cimiento.

 Tenemos una gran obra que hacer y necesitamos mayor fe... Mediante la comunión con Dios nuestra fe será fortalecida y las pruebas de nuestra fe serán una señal de nuestro destacado triunfo (Carta 24, 1888).

Debe realizarse en nosotros una verdadera obra. Debemos someter constantemente nuestra voluntad a la de Dios, nuestro camino al suyo... Al contemplar como por espejo la gloria de Dios, somos realmente cambiados a la misma imagen, de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor.

Esperamos demasiado poco y recibimos de acuerdo a nuestra fe. No debemos aferrarnos a nuestros propios caminos, nuestros planes y nuestras ideas... Debemos vencer los pecados que nos acosan y los malos hábitos.

El mal genio y los malos sentimientos deben ser desarraigados, y deben nacer 

en nosotros temperamento y emociones santos, mediante el Espíritu de Dios...

Fe, fe viviente debemos tener, una fe que obre por el amor y purifique el alma. 

Debemos aprender a llevarle todo al Señor con sencillez y fe fervorosa.

La carga más pesada que debemos llevar en esta vida es el yo. A menos que aprendamos en la escuela de Cristo a ser mansos y humildes, habremos perdido preciosas oportunidades y privilegios de relacionarnos con Jesús.

El yo es la cosa más difícil con la cual tengamos que relacionarnos. 

Al depositar nuestras cargas, no nos olvidemos de depositar el yo a los pies de Cristo.

Entregaos a Jesús para ser modelados y formados por él, para que seáis vasos de honra. Vuestras tentaciones, ideas y sentimientos deben ser puestos a los pies de la cruz. Entonces el alma estará lista para escuchar palabras de instrucción divina (Id. 57,1887). ELC 108

AUDIO. https://youtu.be/lpuaGY2wQg0


jueves, 9 de abril de 2026

09. LAS PELIGROSAS SEMILLAS DE LA DUDA. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se 

arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? (Núm. 23:19).

Los que están perpetuamente hablando de dudas y exigiendo evidencias adicionales para disipar sus nubes de incredulidad, no están edificando sobre la Palabra. Su fe descansa sobre circunstancias, está fundada sobre el sentimiento. Pero el sentimiento, por más placentero que sea, no es fe.

La Palabra de Dios es el fundamento sobre el cual

 debemos edificar nuestras esperanzas del cielo.

Es una desgracia muy grande ser un incrédulo crónico, mirando y pensando siempre en sí mismo, Mientras esté mirando al yo, mientras éste sea el tema de sus pensamientos y conversaciones, no puede esperar conformarse a la imagen de Cristo.

El yo no es su salvador. Ud. no tiene cualidades redentoras en sí mismo. El "yo" es un barquito muy frágil para su fe. Apenas trate de confiar en él, se hundirá. La lancha salvavidas es su única seguridad. Jesús es el Capitán de la lancha salvavidas y él nunca perdió a un pasajero (Carta 11, 1897).

Necesitamos que una atmósfera más celestial circunde nuestras almas. Necesitamos que un carbón encendido del altar toque nuestros labios. Necesitamos oír las palabras de Cristo: "Sé limpio".

Si hemos esparcido tinieblas, si hemos acumulado hojarasca y atesorado dudas, si hemos sembrado semillas de duda y desánimo en las mentes de otros, que Dios nos ayude a ver nuestro pecado. 

No podemos permitirnos pronunciar una sola palabra de duda, 

porque ésta germinará, crecerá y traerá una amarga cosecha.

Deberíamos hacer caso a la exhortación: "…Sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir" (1 Ped. 1:15). Una semilla de duda sembrada, y ya estará más allá del poder del hombre matarla. Solamente Dios puede quitarla del alma.

El gran campo de las promesas de Dios nos ha sido presentado, y mediante ellas debemos aferrarnos de la fe, la esperanza y el amor. La iglesia, por medio de estas gracias, debe resplandecer y ofrecer ante el mundo una representación viviente de la justicia de Cristo (Manuscrito 23, sin fecha). ELC 107

AUDIO. https://youtu.be/WKFCBVQa0nc