miércoles, 18 de febrero de 2026

18. “PERMANECER EN CRISTO” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. (Juan 15:4).

No es el contacto casual con Cristo lo que se necesita, sino el permanecer en él. Él os llamó a morar con él. No os propone una felicidad pasajera que se experimente ocasionalmente mediante la búsqueda ferviente del Señor, y que se desvanece al abocaros a vuestras ocupaciones seculares.

Vuestra permanencia en Cristo aliviana toda tarea necesaria, porque él lleva el peso de todas las cargas. 

El hizo provisión para que permanezcáis en él. Esto significa que debéis estar conscientes de que permanecéis en Cristo, de que estáis continuamente con Cristo, donde vuestra mente se anima y fortalece porque la habéis puesto sobre Cristo...,

No os quedéis fuera de Cristo, como hacen muchos que hoy se dicen cristianos. El permanecer "en mí, y yo en vosotros" es una cosa posible de hacerse, y no se haría la invitación si vosotros no pudierais hacerlo.

Jesús nuestro Salvador os está atrayendo continuamente mediante su Espíritu Santo, trabajando con vuestra mente para que moréis con Cristo... Las bendiciones que concede están todas relacionadas con vuestras propias acciones individuales. ¿Será rechazado Cristo?

El dice: "Y al que a mí viene, no le echo fuera" (Juan 6:37). De otro grupo de personas dice: "Y no queréis venir a mí para que tengáis vida" (Juan 5:40).

¿Hemos comprendido plenamente la bondadosa invitación: "Venid a mí"? Él dice: "Permaneced en mí", no "Permaneced conmigo". "Entended mi llamamiento. Venid a mí "para quedar conmigo".

 Concederá gratuitamente todas las bendiciones implícitas en él a todos los que acudan a él en busca de vida.

Él tiene para vosotros algo mejor que la bendición de corta duración que experimentáis mientras buscáis al Señor en oración ferviente. Recibís el privilegio de su presencia permanente en lugar del privilegio de corta duración que se desvanece cuando volvéis a las tareas de la vida...   El Señor Jesús permanecerá con vosotros y vosotros con él en todo lugar. (Manuscrito 194, 1898). ELC 56

AUDIO. https://youtu.be/3Gdv3C8LVKU


martes, 17 de febrero de 2026

17. “UN SOLO MODELO” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (2 Cor. 3:18).

Aun al observar un momento el sol en su gloria meridiana, cuando apartamos nuestros ojos, su imagen aparecerá en todo cuanto veamos. Así ocurre cuando contemplamos a Jesús; todo lo que miramos refleja su imagen, la imagen del Sol de Justicia.

 No podemos ver ninguna otra cosa, ni hablar de ninguna otra cosa. Su imagen está impresa en los ojos del alma, y afecta toda porción de nuestra vida diaria, suavizando y subyugando toda nuestra naturaleza. Al contemplar, somos conformados a la semejanza divina, a la semejanza de Cristo. Ante todos aquellos con quienes nos asociamos reflejamos los brillantes y alegres rayos de su justicia (Testimonios para los ministros, pág. 395).

Jesús era el modelo perfecto de lo que deberíamos ser nosotros. 

Era el observador más estricto de la ley de su Padre, sin embargo se movía en perfecta libertad.

Tenía todo el fervor de la persona entusiasta, pero era sereno, templado y dueño de sí mismo.

Estaba por encima de los negocios comunes del mundo, pero no se excluyó de la sociedad. Comía con publicanos y pecadores, jugaba con los niñitos, los tomaba en sus brazos y los bendecía, Honró la fiesta de bodas con su presencia.

Derramó lágrimas ante la tumba de Lázaro. Era un amante de las cosas hermosas de la naturaleza y usaba los lirios para ilustrar el valor de la sencillez natural a la vista de Dios, más allá de la ostentación artificial. Usaba el oficio del agricultor para ilustrar las más sublimes verdades del reino de Dios.

Su celo nunca degeneró en pasión, ni su firmeza en obstinación egoísta. Su benevolencia nunca se tiñó de debilidad, ni su simpatía de sentimentalismo. Combinó la inocencia y la sencillez del niño con la fuerza viril, y la devoción a Dios absorbente con el tierno amor por los seres humanos.

Tenía una dignidad que infundía respeto pero estaba combinada con la gracia de la humildad que desarma. Manifestó firmeza inquebrantable pero atemperada por la dulzura (Carta 66, 1878). ELC 55

AUDIO. https://youtu.be/zN3OkePG9Rc


lunes, 16 de febrero de 2026

16. “BAJO EL YUGO DE CRISTO” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. (Mat. 11:28, 29). 

Nuestro Salvador compró la raza humana mediante la humillación más extrema... Nos indica el único camino que lleva a la puerta estrecha, que da al sendero angosto más allá del cual hay amplios y hermosos prados. Él ha señalado cada paso en el sendero, y para que nadie se equivoque, nos dice qué tenemos que hacer. "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mat, 11:29, 30).

Esta es la única manera en la cual pueden ser salvados los pecadores. Sabiendo que nadie puede obedecer esta orden con su propia fuerza, Cristo nos dice que no nos preocupemos ni desmayemos, sino que recordemos lo que él puede hacer si acudimos a él, confiando en su poder.

 Dice: Si tomáis el yugo juntamente conmigo, vuestro Redentor, yo seré vuestra fuerza, vuestra suficiencia.

Las bendiciones implicadas en esta invitación de Cristo sólo podrán ser experimentadas gozadas por aquellos que toman el yugo de Cristo. Al aceptar esta invitación retiramos del mundo nuestra simpatía y nuestro afecto, y los ponemos donde podamos gozar de la bendición del íntimo compañerismo y comunión con Dios. Al acudir a Cristo uniremos nuestros intereses con los suyos...

El Señor ha dispuesto que cada alma que obedezca su palabra disfrute de su gozo, su paz y su continuo poder protector. Tales hombres y mujeres siempre son atraídos cerca de él, no sólo cuando se arrodillan para orar sino también cuando realizan los deberes de la vida. Ha preparado para ellos un lugar donde pueden morar con él, donde la vida se purifica de toda ordinariez y fealdad. Mediante su ininterrumpida comunión con él son hechos colaboradores con él en la obra de su vida...

Él nos invita: Venid a mí. Llevad mi yugo sobre vosotros. No os pido que hagáis nada que yo no haya hecho antes. Todo lo que os pido es que sigáis mi ejemplo. Caminad por el sendero que yo he trazado. Poned vuestros pies en mis pisadas (Review and Herald, 23 de octubre, 1900). 

ELC 54

AUDIO. https://youtu.be/Z3BmEuoQgFI