Compañero soy yo de todos los que te temen y guardan tus mandamientos. (Sal. 119:63).
Los jóvenes desean compañerismo, y en la misma proporción a la
intensidad con que prodiguen sus sentimientos y afectos a quienes se relacionan
con ellos será el poder de esos amigos para convertirse en una bendición o una
maldición para ellos.
Por eso, tengan cuidado los padres. Cuiden la influencia de las
amistades. "El que anda con los sabios, sabio será; más el que se junta
con necios será quebrantado" (Prov. 13:20). Los jóvenes tendrán amigos y
sentirán su influencia...
La cera no retiene la imagen del sello más de lo que lo hace la
mente con las impresiones producidas por la relación y asociación con otros. La
influencia es a menudo silenciosa y pasa inadvertida, y sin embargo es fuerte y
duradera.
Si Ud. elige como compañeros a hombres y mujeres buenos y sabios, va en la debida dirección para
llegar a tener pensamientos e ideas sólidos y a obrar correctamente en relación
con los principios.
Y esas amistades tienen el más elevado valor
en la formación del carácter. Se tenderá una red de influencias para el bien a
su alrededor, que el maligno no podrá romper con sus engaños seductores...
Pero los jóvenes se contaminarán si escogen la influencia de personas que tengan normas y prácticas inferiores y si se relacionan con ellas... Influencias silenciosas e inconscientes entretejen sus
sentimientos en sus vidas, llegan a formar parte de su misma existencia, al punto
que ellos caminan en el borde mismo del
precipicio sin darse cuenta del peligro.
Aprenden a amar las
palabras de los aduladores, las palabras
melosas de los engañadores, y están intranquilos, incómodos e infelices a menos
que se sientan elevados al pináculo de las lisonjas de alguien...
La
única conducta segura para los jóvenes consiste en relacionarse con los puros y
los santos, porque así las tendencias naturales hacia el mal serán mantenidas
en jaque (Carta 26d, 1887). ELC 173
AUDIO.
https://youtu.be/B7_plIEKFnY