lunes, 18 de mayo de 2026

18. PODER SANTIFICADOR. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. (Juan 17:17)

La verdad que profesamos no será de ningún valor a menos que seamos santificados por ella... Mientras el error está imperando en forma tan notable en nuestro país, necesitamos conocer qué es verdad porque no podemos ser santificados por el error. Cuanto mejor entendamos la verdad tal como está en la Palabra de Dios, tanto mejor sabremos cómo santificar nuestras vidas por la Palabra de Dios.

Estamos en este mundo como quienes están puestos a prueba y Dios nos está probando dándonos la oportunidad de obedecer su verdad. Es algo muy solemne vivir en esta época, y no deberíamos estar satisfechos a menos que tuviéramos una conexión viviente con el Dios del cielo; deberíamos sentirnos responsables ante él por cada día de nuestra vida...

Podremos oír voces a nuestro alrededor que tratarán de alejarnos de la verdad, pero si tenemos en cuenta solamente la gloria de Dios y estamos luchando para hacer su voluntad, oiremos su voz y sabremos que es la voz del Buen Pastor. Es muy importante que entendamos la voz que nos habla...

Hay tentaciones que vendrán a cada uno de nosotros. Todos tenemos temperamentos diferentes que vencer; ¿y cómo sabremos que estamos haciendo su obra día tras día? Debemos mirarnos en el espejo -la santa ley de Dios- y allí descubrir los defectos de nuestros caracteres.

 Es algo muy difícil entenderse a sí mismo. Debemos examinar cuidadosamente si no hay algo que debe ser dejado a un lado, y después de que nos hayamos esforzado por deponer el yo, nuestro precioso Salvador nos dará la ayuda que necesitamos para que seamos vencedores...

Este mundo no es el cielo, es el lugar de preparación; es el taller de Dios donde debemos ser cortados y cincelados y preparados para las mansiones celestiales... Que Dios nos ayude a vencer por la sangre del Cordero y la palabra de su testimonio (Manuscrito 5, 1886). ELC 146

AUDIO. https://youtu.be/sKw3d4Q9r6I


domingo, 17 de mayo de 2026

17. EL TESTIMONIO DEL ESPÍRITU. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. (Rom. 8:16).

Puedes tener el testimonio del Espíritu de que tus caminos agradan a Dios. Esto se obtiene creyendo en la palabra de Dios, apropiándote de esa palabra para tu propia alma. Esto es, comer el pan de vida, y esto traerá la vida eterna. Compara escritura con escritura. Estudia la representación de la vida del verdadero cristiano tal como está delineada en la Palabra de Dios.

La ley de Dios es la gran norma de justicia. El apóstol declara que es santa, justa y

 buena. David dice: "La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma…" (Sal. 19:7). 

Cristo dice: "Si me amáis, guardad mis mandamientos". "Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho". "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él" (Juan 14:15; 15:7; 14:21). Con toda seguridad este es el testimonio del Espíritu...

"Si guardarais mis mandamientos" -de todo corazón- "permaneceréis en mi amor; así como yo

 he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor" (Juan 15:10).

Los que son obedientes a la voluntad de Dios no pasarán durezas y dificultades en esta vida. Oye nuevamente las palabras de Cristo: "Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido" (Juan 15:11).

Este es el testimonio que todos tienen el privilegio de tener: el gozo de Cristo en el alma mediante 

el acto de apropiarse de la palabra de Dios... y llevar los requerimientos de Cristo a la vida práctica.

Hay plena seguridad de esperanza al creer en cada palabra de 

Cristo, creer en él estando unidos con él por una fe viviente.

Cuando ésta es su experiencia, el ser humano no está más bajo la ley 

porque la ley ya no condena su proceder (Carta 11, 1897). ELC 145

AUDIO. https://youtu.be/HXB9HeAGCHE

 

sábado, 16 de mayo de 2026

16. EN COMUNICACIÓN CON EL INFINITO. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová. (Jer. 9:23,24).

Hay una educación que es esencialmente mundanal. Su fin

 es dar éxito en el mundo, satisfacer la ambición egoísta.

Para conseguir esta educación muchos estudiantes dedican tiempo y dinero y llenan su mente de conocimientos innecesarios. El mundo los tiene por sabios; pero no tienen a Dios en sus pensamientos...

Hay otra clase de educación que es muy diferente. Su principio fundamental, según lo declaró el Mayor de los maestros que el mundo haya conocido, es: "…Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia…" (Mat. 6:33). 

Su fin no es egoísta; su propósito es honrar a Dios, y servirle en el mundo... Dios es la fuente de toda sabiduría. Él es infinitamente sabio, justo y bueno. Aparte de Cristo, los hombres más sabios que

 jamás hayan vivido no pueden comprenderlo. Pueden profesar ser sabios; pueden gloriarse de sus adquisiciones; pero el simple conocimiento intelectual, aparte de las grandes verdades que se concentran en Cristo, es como nada...

Si los hombres pudiesen ver por un momento más allá del alcance de la visión finita, si pudiesen discernir una vislumbre de lo eterno, toda boca dejaría de jactarse. Los hombres que viven en este mundo que es un pequeño átomo del universo son finitos; Dios tiene mundos innumerables que obedecen a sus leyes, y son conducidos para gloria suya.

Cuando en sus investigaciones científicas los hombres han ido hasta donde se lo permiten 

sus facultades limitadas, queda todavía más allá un infinito que no pueden comprender.

Antes que los hombres puedan ser verdaderamente sabios, deben comprender que dependen de Dios, y deben estar henchidos de su sabiduría, Dios es la fuente tanto del poder intelectual como del espiritual.

Los mayores hombres, que han llegado a lo que el mundo considera como admirables alturas de la ciencia, no pueden compararse con el amado Juan o el apóstol Pablo. La más alta norma de virilidad se alcanza cuando se combina el poder intelectual con el espiritual (Consejos para los maestros, págs. 53-55). 

ELC 144

AUDIO. https://youtu.be/AeBRBIO-aFQ