domingo, 19 de julio de 2026

19. EL CÍRCULO CRECIENTE DEL AMOR. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. (1 Cor. 7:3).

Maridos y mujeres deberían considerar su privilegio y su deber el reservar para su intimidad el intercambio de muestras de amor entre ellos. Porque mientras la manifestación de amor del uno para el otro es correcta en su lugar, puede hacer daño tanto a los casados como a los que no lo son.

Hay personas de una mente y un carácter completamente diferente; con diferente educación y preparación, que se aman el uno al otro tan devota y sanamente como los que han aprendido 

durante su afectividad; y existe el peligro que, por contraste, esas personas 

que son más reservadas sean juzgadas mal y colocadas en desventaja.

Mientras que la mujer debería buscar el apoyo de su esposo con respeto y deferencia, puede, en forma sana y correcta, manifestar su gran afecto y confianza en el hombre que ha elegido como compañero de la vida...

Es el elevado privilegio y el solemne deber de los cristianos procurarse la felicidad mutua en su vida de casados; pero hay un peligro positivo en hacer que el yo quiera absorberlo todo, derramando toda la

 riqueza del afecto el uno sobre el otro, y en estar demasiado 

satisfechos con una vida tal. Todo esto tiene sabor a egoísmo.

En vez de limitar su amor y simpatía a ellos mismos, deberían buscar toda oportunidad de contribuir al bien de otros, distribuyendo la abundancia de afecto en un amor casto y santificado, por las almas que a la vista de Dios son tan preciosas como ellos mismos, porque han sido compradas por el infinito sacrificio de su Hijo unigénito. 

Palabras bondadosas, miradas de simpatía, expresiones de aprecio serían para muchos que luchan y están solos como un vaso de agua fría dado a un alma sedienta... Cada palabra o acto de abnegada 

bondad hacia las almas con las que nos relacionamos es una expresión 

del amor que Jesús manifestó por toda la familia humana (Carta 76, 1894). 

ELC 208

AUDIO. https://youtu.be/ItCRY9U59uQ

 

sábado, 18 de julio de 2026

18. MANTENIENDO VIVO EL AMOR. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. 

Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. (Col. 3:18,19).

Cuántos sinsabores y qué marea de ayes e infelicidad se evitarían si los hombres, y también las mujeres, siguieran cultivando la consideración, la atención y las bondadosas palabras de aprecio y las pequeñas cortesías que mantuvo encendido el amor y que ellos consideraban necesarias para conquistar a los compañeros de su elección.

Si el marido y la mujer siguieran cultivando esas atenciones que alimentan el amor, serían felices en la compañía mutua y tendrían una influencia santificadora sobre sus familiares. Tendrían en ellos mismos un pequeño mundo de felicidad y no desearían salir de ese mundo a buscar nuevas atracciones y nuevos objetos de amor...

Muchas mujeres anhelan palabras de amor y ternura y las atenciones y las cortesías comunes que les deben sus maridos, quienes las han elegido como compañeras de la vida... Son estas pequeñas atenciones y cortesías lo que hacen la suma de la felicidad de la vida...

Si conserváramos la ternura del corazón en nuestras familias, si hubiera una noble y generosa deferencia hacia los gustos y las opiniones mutuas, si la esposa buscara oportunidades de expresar su amor en actos de cortesía hacia su esposo, si éste manifestara la misma consideración y bondadosos miramientos hacia la esposa, los hijos participarían del mismo espíritu. La influencia penetraría el hogar, y ¡qué marea de miseria se evitaría en las familias!...

Cada pareja que une sus intereses de la vida debería tratar de hacer la vida del otro tan feliz como sea posible. Lo que apreciamos tratamos de conservarlo y de hacerlo más valioso, si podemos.

En el contrato matrimonial los hombres y las mujeres han realizado un convenio, una inversión para toda la vida, y por lo tanto deberían hacer todo lo posible por controlar sus expresiones de impaciencia y de mal humor, con más cuidado aún del que ponían antes de su casamiento, porque ahora su destino está unido durante toda la vida (Carta 27, 1872). ELC 207

AUDIO. https://youtu.be/nPx_zM7Z_zA

 

viernes, 17 de julio de 2026

17. LLEVAD A DIOS LOS PROBLEMAS MATRIMONIALES. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Pero al principio de la creación, varón y hembra los hizo Dios. Por esto 

dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer. (Mar. 10:6,7).

Demasiado a menudo se asume la relación matrimonial sin la 

debida consideración. Nadie debiera casarse en la incertidumbre.

Pero si no han sido considerados en este asunto y después del matrimonio se encuentran disímiles en carácter y propensos a cosechar infelicidad en lugar de gozo, no se enrostren mutuamente el hecho de que su matrimonio fue imprudente...

Siempre se aumenta el daño cuando ya el esposo, ya la esposa, hallando a alguien que parece tener un espíritu afín, se aventura a confiarle al tal los secretos de su vida de casados. El mismo hecho de dar a conocer el secreto confirma la existencia de un estado de cosas que no sería necesario en absoluto si el marido y la mujer amaran a Dios sobre todas las cosas...

En muchos casos en que se piensa que existen esas dificultades, la causa es imaginaria... Si marido y mujer hablaran libremente del asunto con el espíritu de Cristo, la dificultad se resolvería... Si amaran a Dios sobre todas las cosas, sus corazones estarían tan llenos, tan satisfechos con su amor que no serían consumidos del anhelo de afecto manifestado en actos hacia ellos mismos.

Muchos han equivocado el verdadero deber de la esposa hacia el esposo y viceversa. El yo se vuelve absorbente y Satanás... tiene su red lista para atrapar al alma humana, para enredarla de tal forma con fantasías humanas, que parezca imposible a la sabiduría humana desenredar los lazos de sus engaños finamente entretejidos.

Pero lo que no puede la sabiduría humana puede hacerlo la sabiduría de Dios mediante la entrega de la voluntad, de la mente, del alma, de la fuerza, del ser entero a Dios. Su providencia puede unir los corazones con vínculos de origen celestial

Pero el resultado de esto no será un mero intercambio externo

 de afecto mediante palabras suaves y halagadoras... 

El corazón se une firmemente al corazón por

 medio de la cadena de oro del amor genuino

(Carta 76, 1894). ELC 206

AUDIO. https://youtu.be/piNQRSAMLrQ