En ti confiarán los que conocen tu nombre, por cuanto tú, oh
Jehová, no
desamparaste a los que te buscaron. (Sal. 9:10).
Un alma a la cual Dios haya desamparado nunca se sentiría como se ha
sentido Ud. y nunca amaría la verdad y la salvación, como Ud. la ha amado.
Oh, si el Espíritu de Dios dejara de luchar con un alma, ésta quedaría en
un estado de indiferencia, y siempre pensaría que
todo va bastante bien...
Ud. no debe complacer
en lo más mínimo al enemigo dudando y abandonando su confianza. Dijo el
ángel: "Dios no abandona a su pueblo, aunque se aparte de él. No se
vuelve airado hacia ellos por cualquier pequeñez. Si han pecado, tienen un
abogado para con el Padre a Jesucristo el Justo".
Este Abogado intercede por los
pecadores y el Padre acepta su oración. El no desoye el pedido de su
Hijo amado. El que tanto lo amó, que dio su propia vida por Ud., no se
apartará de Ud. ni lo abandonará a menos que Ud., decidida y
deliberadamente lo abandone a él para servir al mundo y a Satanás.
Jesús desea que Ud. vaya a él tal como es, sin esperanza y desamparado, y se aferre
de su
sobreabundante misericordia, y crea que él lo recibirá tal como Ud. es.
Ud. está espaciándose
en el lado oscuro. Debe cambiar de manera de pensar, y en vez de
pensar todo el tiempo en la ira de Dios, piense en su abundante
misericordia, en su disposición para salvar a los pobres
pecadores, y crea que él lo salva. Ud. debe, en el nombre de
Dios, romper este hechizo.
Ud.
debe clamar: "Yo quiero creer, ¡yo creo!" Jesús tiene su nombre
sobre su pectoral e intercede por Ud. ante su Padre, y si sus ojos se
abrieran vería ángeles celestiales ministrándole a Ud., volando a su
alrededor y rechazando a los malos ángeles para que no puedan
destruirlo... Tenga ánimo. Mire hacia arriba, crea y verá la
salvación de Dios (Carta 17, 1862). ELC 120
AUDIO. https://youtu.be/7edXUpRtqqA