Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. (Sal. 34:13).
El habla es uno de los grandes dones de Dios. Es el medio por el
cual se comunican los pensamientos del corazón. Con la lengua ofrecemos oración
y alabanza a Dios. Con la lengua convencemos y persuadimos.
Con la lengua consolamos y bendecimos, aliviando al alma
golpeada y herida. Con la lengua podemos dar a conocer las maravillas de la
gracia de Dios. Con la lengua también podemos expresar cosas perversas,
hablando palabras que hieren como una víbora.
La lengua es un pequeño miembro, pero las palabras que forma
tienen gran poder... Ha hecho enfrentar nación contra nación y ha causado
guerra y derramamiento de sangre. Las palabras han encendido fuegos que ha
costado mucho extinguir. También han llevado gozo y alegría a muchos
corazones...
Satanás pone en la mente
pensamientos que los cristianos nunca debieran expresar. La réplica mordaz y
despectiva, las palabras amargas y apasionadas, las acusaciones crueles y
maliciosas son suyas.
¡Cuántas palabras se pronuncian que solamente hacen daño a los que las dicen y a los que las escuchan! Las palabras duras golpean el corazón despertando sus peores pasiones. Los que hacen el mal con sus lenguas, que siembran discordia con sus palabras egoístas y envidiosas, entristecen al Espíritu Santo porque obran contrariamente a Dios...
Cuidad el talento del
habla porque es un gran poder para el bien tanto como para el mal. No podéis
ser demasiado cuidadosos con lo que decís, porque las palabras que emitís
muestran qué poder está controlando el corazón.
Si es Cristo quien domina allí, vuestras palabras revelarán la belleza, la pureza y la fragancia de un carácter modelado y formado por su voluntad. Pero si estáis bajo la dirección del enemigo de todo lo bueno, vuestras palabras se harán eco de sus sentimientos.
Únicamente por medio de Cristo podemos obtener la victoria sobre el deseo de pronunciar palabras apresuradas y malevolentes. Cuando rehusamos, mediante su fuerza, poner en práctica las
insinuaciones de Satanás, la planta del rencor se marchita en el corazón y muere. El Espíritu Santo
puede convertir la lengua en un perfume vivificador (Review and Herald, 12 de mayo, 1910). ELC 175
AUDIO.
https://youtu.be/N4QUFNehndY