martes, 16 de junio de 2026

16. EL DON DEL HABLA. VI. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. (Sal. 34:13).

El habla es uno de los grandes dones de Dios. Es el medio por el cual se comunican los pensamientos del corazón. Con la lengua ofrecemos oración y alabanza a Dios. Con la lengua convencemos y persuadimos.

Con la lengua consolamos y bendecimos, aliviando al alma golpeada y herida. Con la lengua podemos dar a conocer las maravillas de la gracia de Dios. Con la lengua también podemos expresar cosas perversas, hablando palabras que hieren como una víbora.

La lengua es un pequeño miembro, pero las palabras que forma tienen gran poder... Ha hecho enfrentar nación contra nación y ha causado guerra y derramamiento de sangre. Las palabras han encendido fuegos que ha costado mucho extinguir. También han llevado gozo y alegría a muchos corazones...

Satanás pone en la mente pensamientos que los cristianos nunca debieran expresar. La réplica mordaz y despectiva, las palabras amargas y apasionadas, las acusaciones crueles y maliciosas son suyas.

 ¡Cuántas palabras se pronuncian que solamente hacen daño a los que las dicen y a los que las escuchan! Las palabras duras golpean el corazón despertando sus peores pasiones. Los que hacen el mal con sus lenguas, que siembran discordia con sus palabras egoístas y envidiosas, entristecen al Espíritu Santo porque obran contrariamente a Dios...

Cuidad el talento del habla porque es un gran poder para el bien tanto como para el mal. No podéis ser demasiado cuidadosos con lo que decís, porque las palabras que emitís muestran qué poder está controlando el corazón.

Si es Cristo quien domina allí, vuestras palabras revelarán la belleza, la pureza y la fragancia de un carácter modelado y formado por su voluntad. Pero si estáis bajo la dirección del enemigo de todo lo bueno, vuestras palabras se harán eco de sus sentimientos.

Únicamente por medio de Cristo podemos obtener la victoria sobre el deseo de pronunciar palabras apresuradas y malevolentes. Cuando rehusamos, mediante su fuerza, poner en práctica las 

insinuaciones de Satanás, la planta del rencor se marchita en el corazón y muere. El Espíritu Santo 

puede convertir la lengua en un perfume vivificador (Review and Herald, 12 de mayo, 1910). ELC 175

AUDIO. https://youtu.be/N4QUFNehndY


lunes, 15 de junio de 2026

15. EL ORO DEL CARÁCTER CRISTIANO. VI. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro. (Prov. 22:1).

Los hombres pueden aspirar al renombre. Pueden desear poseer un nombre grande. Para algunos la suma de su ambición consiste en la posesión de casas, terrenos y abundancia de dinero, las cosas que los harán grandes a la vista del mundo.

Desean colocarse en un lugar desde el cual puedan mirar hacia abajo con un aire de superioridad a los que son pobres. Todo esto es construir sobre la arena, y su casa caerá de improviso. La superioridad en la escala social no constituye la verdadera grandeza. Lo que no aumenta el valor del alma no tiene verdadero valor en sí mismo.

 Lo único que vale la pena alcanzar es la grandeza del alma a la vista del cielo. Quizá nunca conozcáis la verdadera y elevada naturaleza de vuestro trabajo. Sólo podéis medir el valor de vuestro propio ser por el de la vida que fue dada para salvar a todos los que quieran recibirla.

Todo hombre tendrá una estimación de su propio valor cuando llegue a ser colaborador de Cristo, cuando haga la obra que Cristo hizo, llenando el mundo de la justicia de Cristo, cumpliendo un cometido del Altísimo...

El cometido dado a los discípulos se da a todos los que están relacionados con Cristo. Deben hacer cualquier sacrificio por el gozo de ver salvadas almas que están pereciendo sin Cristo.

 Todo lo que se haga en el nombre de Jesús para bendecir, elevar y restaurar en el ser 

humano la imagen de Dios, es tan aceptable ante Dios como lo fue la obra de Moisés...

El honor más elevado que pueda conferirse a seres humanos, ya sean jóvenes

o ancianos, ricos o pobres, es permitirles levantar a los oprimidos y consolar a los débiles.

El mundo está lleno de dolientes. Id y predicad

 el Evangelio a los pobres; sanad a los enfermos.

Esta es la obra que debe hacerse en relación con el mensaje evangélico... Los colaboradores de Dios deben llenar el espacio que ocupan en el mundo con el amor de Jesús (Manuscrito 61, 1898). ELC 174

AUDIO. https://youtu.be/VHdbqcmX8ys


domingo, 14 de junio de 2026

14. UNA CADENA DE INFLUENCIAS PARA EL BIEN. VI. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Compañero soy yo de todos los que te temen y guardan tus mandamientos. (Sal. 119:63).

Los jóvenes desean compañerismo, y en la misma proporción a la intensidad con que prodiguen sus sentimientos y afectos a quienes se relacionan con ellos será el poder de esos amigos para convertirse en una bendición o una maldición para ellos.

Por eso, tengan cuidado los padres. Cuiden la influencia de las amistades. "El que anda con los sabios, sabio será; más el que se junta con necios será quebrantado" (Prov. 13:20). Los jóvenes tendrán amigos y sentirán su influencia...

La cera no retiene la imagen del sello más de lo que lo hace la mente con las impresiones producidas por la relación y asociación con otros. La influencia es a menudo silenciosa y pasa inadvertida, y sin embargo es fuerte y duradera.

Si Ud. elige como compañeros a hombres y mujeres buenos y sabios, va en la debida dirección para

 llegar a tener pensamientos e ideas sólidos y a obrar correctamente en relación con los principios.

 Y esas amistades tienen el más elevado valor en la formación del carácter. Se tenderá una red de influencias para el bien a su alrededor, que el maligno no podrá romper con sus engaños seductores...

Pero los jóvenes se contaminarán si escogen la influencia de personas que tengan normas y prácticas inferiores y si se relacionan con ellas... Influencias silenciosas e inconscientes entretejen sus

 sentimientos en sus vidas, llegan a formar parte de su misma existencia, al punto 

que ellos caminan en el borde mismo del precipicio sin darse cuenta del peligro.

Aprenden a amar las palabras de los aduladores, las palabras melosas de los engañadores, y están intranquilos, incómodos e infelices a menos que se sientan elevados al pináculo de las lisonjas de alguien...

La única conducta segura para los jóvenes consiste en relacionarse con los puros y los santos, porque así las tendencias naturales hacia el mal serán mantenidas en jaque (Carta 26d, 1887). ELC 173

AUDIO. https://youtu.be/B7_plIEKFnY