A fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha
ni
arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. (Efe. 5:27).
Cristo está por venir en las nubes del cielo, y debemos estar
preparados para encontrarlo sin tener mancha, ni arruga ni cosa semejante... El
poder transformador de Dios debe estar en nuestros corazones. Debemos estudiar
la vida de Cristo e imitar el Modelo divino.
Debemos espaciarnos en la perfección de su carácter y ser
transformados a su imagen. Nadie entrará en el reino de Dios a menos que su
voluntad sea puesta en cautividad a la voluntad de Cristo (Review and Herald, 5 de diciembre, 1912).
Los cristianos
profesos se mantienen demasiado cerca de las cosas vulgares de la tierra. Sus
ojos están acostumbrados a ver sólo las cosas comunes y sus mentes se complacen
en las cosas que contemplan sus ojos.
Su experiencia religiosa es a menudo superficial e
insatisfactoria, y sus palabras son livianas y sin valor.
¿Cómo podrán los tales reflejar la imagen de Cristo?
¿Cómo podrán enviar a todos los lugares tenebrosos
del mundo los brillantes
rayos del Sol de Justicia?...
El cielo está libre de todo pecado, de toda contaminación e impureza; y si deseamos vivir en su atmósfera, si deseamos contemplar la gloria de Cristo, debemos ser puros de corazón, perfectos de
carácter por medio de su gracia y su justicia. No debemos embarcarnos con placeres o diversiones, sino prepararnos para las gloriosas mansiones que Cristo ha ido a preparar para nosotros...
Cristo pronto vendrá en gloria; y cuando su majestad se revele, el mundo deseará haber tenido su favor. En ese momento, todos desearemos un lugar en las mansiones celestiales. Pero los que no confiesen a
Cristo ahora en palabra, en vida, en carácter, no podrán esperar
que él los reconozca delante de su Padre y de sus ángeles santos...
¡Oh, cuán dichosos los que estén preparados para la cena de boda del Cordero,
los
que estén revestidos con la justicia de Cristo y reflejen su bella imagen!
Estarán
ataviados con la ropa blanca purísima que constituye la justicia de los santos,
y Cristo mismo los conducirá junto a las aguas vivas; Dios limpiará toda
lágrima de sus ojos, y tendrán la vida que se mide con la vida de Dios (Ibíd.).
ELC 286
AUDIO. https://youtu.be/iQvGwJk3Dvg