Así
que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y
miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles
y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. (Efe. 2:19,
20).
El Señor Jesús está realizando experimentos en los corazones
humanos por medio de la manifestación de su misericordia y abundante gracia.
Está realizando transformaciones tan sorprendentes que Satanás... se detiene
para mirarlas como una fortaleza inexpugnable ante sus sofismas y engaños. Son
para él un misterio incomprensible.
Los ángeles de Dios... contemplan con asombro
y gozo cómo hombres caídos, una vez hijos de la ira, están desarrollando por la
enseñanza de Cristo, caracteres a la semejanza divina, para ser hijos e hijas
de Dios, para desempeñar una parte importante en las ocupaciones del cielo (Testimonios para los
ministros 14).
El Señor ha provisto a
su iglesia de capacidades y bendiciones para que presente ante el mundo una
imagen de su propia suficiencia, y para que su iglesia sea completa en él, una
constante representación de otro mundo, el mundo eterno, regido por leyes superiores
a las terrenas. Su iglesia ha de ser un templo erigido a la semejanza divina...
Cristo ha dado a la
iglesia amplias facilidades, para que él pudiera recibir una gran recompensa de
gloria de su posesión redimida y comprada. La iglesia, al ser dotada de la
justicia de Cristo, se convierte en el repositorio del Señor, en el cual la riqueza
de su misericordia, su amor, su gracia, ha de aparecer en su plena y final
manifestación.
La
declaración de su oración intercesora, de que el amor del Padre es tan grande
hacia nosotros como hacia él mismo, el Hijo unigénito, y que nosotros estaremos
con él donde él está, hechos uno con Cristo y el Padre para siempre, es una
maravilla para la hueste angelical y constituye su gran gozo.
El
don de su Espíritu Santo, rico, completo y abundante, ha de ser para su iglesia
como un muro de fuego que la circunde, contra el cual no prevalezcan las
potencias del infierno. En su inmaculada pureza y perfección impecable, Cristo
mira a sus hijos como la recompensa de sus sufrimientos
(Id., págs. 18, 19). ELC 283
AUDIO. https://youtu.be/KGCLXWmKLzo