lunes, 21 de septiembre de 2026

21. EN LA LISTA DE HONOR DEL CIELO. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 
Más él conoce mi camino, me probará, y saldré como oro. (Job 23:10).

El cristiano que ama a su Padre celestial puede no discernir por providencias externas o señales visibles algún favor celestial dado de arriba a aquellos con poca o ninguna consagración. 

A menudo está sumamente afligido, angustiado, perplejo

rodeado por todos lados. Las apariencias parecen estar contra él...

José era virtuoso y su carácter estaba marcado por la verdadera bondad y firmeza de propósito, sin embargo fue difamado, perseguido y tratado como un criminal; pero Dios tenía señaladas victorias para José aun cuando aparentaba sufrir a causa de su buen proceder.

Daniel fue arrojado en el foso de los leones a causa de su firme adherencia al principio y su lealtad a Dios, pero triunfó finalmente y Dios fue glorificado mediante su siervo a quien él permitió que fuese humillado.

Job fue despojado de sus tesoros terrenales, privado de sus hijos y convertido en un espectáculo de repugnancia para sus amigos, pero en la hora de Dios, él mostró que no había abandonado a su siervo...

El justo y fiel Esteban fue apedreado hasta la muerte por los enemigos de Cristo.

 Seguramente no parecía que Dios estuviera fortaleciendo su causa en la tierra permitiendo triunfar así a los impíos, pero en esta misma circunstancia Pablo fue convertido a la fe y mediante su palabra miles fueron llevados a la luz del Evangelio.

 El amado, afectuoso Juan estuvo en el exilio en la 

solitaria isla de Patmos, pero allí Jesús se encontró con él...

Le fue permitido mirar el trono de Dios y contemplar a los redimidos de ropas blancas que habían venido de gran tribulación y que habían lavado y blanqueado sus ropas en la sangre del Cordero (Carta 10, 1879).

Si somos llamados a entrar en el horno de fuego por amor de Jesús, él estará a nuestro lado, así como estuvo con los tres fieles en Babilonia. Los que aman a su Redentor se regocijarán por toda oportunidad de compartir con él la humillación y el oprobio. El amor que sienten hacia su Señor dulcifica el sufrimiento por su causa (El discurso maestro de Jesucristo, pág. 29). ELC 272

AUDIO. https://youtu.be/pzeSn0dZh_Y

 

domingo, 20 de septiembre de 2026

20. CUANDO LA FE ES PROBADA. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. (1Ped. 1:7).

Cuando somos conducidos a circunstancias adversas... nuestra fe es probada; entonces debemos manifestar la mansedumbre y la dulzura de Cristo. Ni por una palabra debemos dar expresión a los sentimientos del corazón natural.

"…Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el

 cuerpo" (Sant. 3:2): es el hombre íntegro. Lo que necesitamos es estar bajo el control de Jesús. 

No necesitamos hacer nuestra voluntad.

He escuchado a algunos argumentar como una excusa por su proceder equivocado: "Ud. sabe que así es mi temperamento, ésa es mi disposición, que heredé de mis padres". Sí, y ellos la han cultivado, y se han educado en ella, y así disculpan todo su mal proceder.

En vez de ceder a la tentación deberían apoyarse en el brazo del Poder Infinito, diciendo: "Iré a Dios tal como soy y le pediré con Cristo que me dé la victoria. Seré más que vencedor por medio de aquel que me amó".

Miremos al Calvario a fin de comprender cuán 

grande es el amor que Cristo tiene por nosotros. 

Entonces conoceremos algo de la profundidad, la anchura, y la altura de ese amor; y veremos algo de la condescendencia de Dios y del Señor Jesucristo, cómo paso a paso el Salvador descendió al valle de humillación.

El no condescendió a pecar, a la contaminación, sino mantuvo en este átomo de mundo 

la batalla con Satanás y su hueste, y aquí ganó para nosotros una herencia inmortal…

Cuando ascendió a lo alto y llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres, dejó la batalla en nuestras manos, pero no tenemos que luchar con nuestro propio poder, fracasaríamos si lo intentásemos.

Cristo está presente con el Padre para traer en nuestra

 ayuda las inteligencias invisibles, los ángeles de Dios. 

Lo que necesitamos es la sencillez de la fe, la mansedumbre y la 

humildad de Cristo (Review and Herald, 8 de marzo, 1892). ELC 271

AUDIO. https://youtu.be/jj7aLnnJZoU


sábado, 19 de septiembre de 2026

19. FORTALEZA PARA HOY. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré. Pueblo mío; y él dirá Jehová es mi Dios. (Zac. 13:9).

Por la prueba el Señor examina la fortaleza de 

sus hijos. ¿Está fuerte el corazón para soportar? 

¿Está la conciencia libre de ofensa? ¿Tolera el Espíritu el testimonio de nuestro espíritu de que nosotros somos los hijos de Dios? Esto averigua el Señor probándonos. En el horno de la aflicción nos purifica de toda escoria.

Nos envía pruebas, no para causar dolor innecesario, sino para llevarnos a contemplarle, para fortalecer nuestra paciencia, para enseñarnos que si no nos rebelamos, si ponemos nuestra confianza en él, veremos su salvación...

El amor de Cristo por sus hijos es tan fuerte como tierno. Es un amor más fuerte que la muerte, pues él murió por nosotros. Es un amor más verdadero que el de una madre por sus hijos. El amor de la madre puede cambiar, pero el amor de Cristo es inmutable.

"Por lo cual estoy seguro", dice Pablo, "de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rom. 8:38, 39).

En cada prueba tenemos consolación eficaz. ¿No se conmueve nuestro Salvador al comprender nuestras debilidades? ¿No ha sido tentado en todo como nosotros? ¿Y no nos ha invitado a llevarle cada prueba y perplejidad? Entonces no nos aflijamos por las cargas de mañana.

Valerosa y alegremente llevemos las cargas de hoy. Hoy tenemos que tener confianza y fe. No estamos invitados a vivir más que un día a la vez. Quien da fortaleza para hoy, dará fortaleza para mañana...

Nada hiere tanto el alma como los agudos dardos de la incredulidad. Cuando la prueba viene, como indudablemente vendrá, no os angustiéis o lamentéis. El silencio en el alma hace más clara la voz de Dios.

"Luego se alegran, porque se apaciguaron…" (Sal. 107:30). Recordad que debajo de 

vosotros están los brazos eternos (Signs of the Times, 5 de noviembre, 1902). ELC 270