Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en
persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces
soy fuerte. (2 Cor. 12:10).
El cristianismo no promete exención del dolor. "…Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hech. 14:22). Se necesita fe fuerte, fe confiada, que crea que Dios no conducirá a sus hijos a ninguna tentación mayor que la que pueden soportar. Lo que una fe tal tiene poder para hacer lo dice Pablo en su carta a los hebreos.
Hablando de aquellos
que frente a la persecución y la muerte, habían mantenido una confianza
inconmovible en Dios, dice: "Que por fe conquistaron reinos, hicieron
justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos
impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron
fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.
Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; más otros fueron
atormentados, no aceptando
el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.
Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto
prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a
filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de
cabras, pobres, angustiados, maltratados" (Heb. 11:33-37).
En este mundo, esos héroes de la fe fueron considerados indignos
de la vida; pero en el cielo están registrados como hijos de Dios, dignos del
más alto honor. "…Andarán conmigo en vestiduras blancas", declara
Cristo, "porque son dignos" (Apoc. 3:4). En las cortes celestiales
les espera un "eterno peso de gloria".
"Por tanto,
nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos,
despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia
la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y
consumador de la fe…" (Heb. 12:1, 2).
"Porque
esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente
y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que
no se ven: pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son
eternas" 2 Cor. 4:17,18. (Review and Herald, 7 de marzo,
1912). ELC 269
AUDIO. https://youtu.be/sZZQk6NpQE8