No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver
si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. (Fil. 3:12).
Para pelear con éxito en la batalla contra el pecado debéis manteneros cerca de Jesús. No habléis de incredulidad; no tenéis excusa para hacerlo. Cristo ha hecho un sacrificio completo por vosotros para que podáis estar delante de Dios completos en él. Dios no se complace con nuestra falta de fe.
La incredulidad siempre separa al alma de Cristo. No es
digno de alabanza el hablar de nuestra debilidad y desánimo.
Que cada uno diga:
"Me aflige el que yo ceda a la tentación, el que mis
oraciones sean tan débiles, mi fe tan vacilante. No tengo excusa por ser
un enano en mi vida religiosa. Pero estoy tratando de lograr un carácter
completo en Cristo.
He pecado, pero
todavía amo a Jesús. He caído muchas veces, sin embargo él ha extendido
su mano para salvarme. Le he dicho todo en cuanto a mis errores. He
confesado con vergüenza y dolor que lo he deshonrado.
He mirado a la cruz y he dicho: Todo esto él sufrió por mí. El Espíritu Santo me ha
mostrado mi ingratitud, mi pecado, al exponer a Cristo a abierta vergüenza. El
que no conoció pecado ha perdonado mi pecado. Me llama a una vida más
elevada y más noble, y yo me extiendo a lo que está delante"...
La humildad que lleva frutos al llenar el alma con un sentido del amor de Dios, hablará de aquel
que la
abrigo en ese gran día cuando los hombres serán recompensados de acuerdo
con sus obras.
Feliz será aquel de
quien pueda decirse: El Espíritu de Dios nunca llamó en vano al alma de este
hombre. Siguió hacia adelante y hacia arriba de fuerza en fuerza. El yo no estaba
entretejido en su vida. El recibía cada mensaje de corrección, amonestación y
consejo como una bendición de Dios. Así preparó el camino para recibir
bendiciones aún mayores, porque Dios no le habló en vano.
Cada
paso dado hacia arriba en la escalera del progreso lo
preparó para subir más alto aún. Desde el tope de la escalera, la
gloria de Dios brilló sobre él. Y él no pensó en descansar, sino
trató constantemente de alcanzar la sabiduría y la justicia de Cristo
(Manuscrito 161,1897). ELC 123
AUDIO. https://youtu.be/jYX8s8sktK4