miércoles, 11 de marzo de 2026

11. “PEDIR EN EL NOMBRE DE CRISTO” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, 

para que el Padre sea glorificado en el Hijo. (Juan 14:13).

Estoy tan agradecida porque podemos confiar en Dios. Y el Señor es honrado 

cuando confiamos en él, y le llevamos todas nuestras perplejidades...

 El Señor Jehová no consideró completos los principios de salvación mientras estuvieran vestidos únicamente con su propio amor. Por su propio designio ha puesto en su altar un Abogado vestido de nuestra naturaleza.

Como nuestro Intercesor, su tarea consiste en presentarnos a Dios como sus hijos e hijas. Cristo intercede en favor de los que lo han recibido. Les da poder, por virtud de sus propios méritos, para llegar a ser miembros de la familia real, hijos del celeste rey.

Y el Padre demuestra su infinito amor por Cristo, que pagó nuestro rescate con su sangre, recibiendo y dando la bienvenida a los amigos de Cristo como a sus amigos. Él está satisfecho con la expiación hecha. Está glorificado con la encarnación, la vida, la muerte y la mediación de su Hijo.

En el nombre de Cristo ascienden al Padre nuestras peticiones. El intercede en nuestro favor, y el Padre deja abiertos todos los tesoros de su gracia para que podamos apropiarnos de ellos, gocemos de ellos y los comuniquemos a otros.

Pedid en mi nombre, dice Cristo. No digo que yo oraré al Padre por vosotros, porque el Padre mismo os ama, porque me habéis amado. Haced uso de mi nombre. Esto dará eficacia a vuestras oraciones, y el Padre os dará las riquezas de su gracia. Por lo tanto pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido.

¡Qué bondadosa condescendencia! 

¡Qué privilegio se nos concede! 

Cristo es el eslabón que une 

a Dios con el hombre...

Al acercarnos a Dios mediante la virtud de los méritos de Cristo nos ataviamos con sus vestiduras sacerdotales. Nos pone muy cerca de sí, abrazándonos con su brazo humano, mientras que con el brazo divino se aferra del trono del Infinito (Carta 22, 1898). ELC78

AUDIO. https://youtu.be/hvpA-IXxurc


martes, 10 de marzo de 2026

10. “JESÚS, EL PODEROSO SUPLICANTE” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. (Juan 17:20).

Pensad en Cristo, el Ser adorado por los ángeles, en la actitud de quien suplica. Él fue un poderoso suplicante, que buscaba de las manos del Padre, nuevas reservas de gracia y que salía vigorizado

y refrigerado para impartir lecciones de confianza y esperanza. Miradlo arrodillado en oración mientras en las horas nocturnas derrama su alma ante el Padre. Mirad los ángeles que velan sobre el fervoroso suplicante. Su oración se eleva al cielo en favor nuestro. Él es nuestro Hermano mayor, rodeado de las debilidades humanas y tentado en todo como nosotros, pero sin pecado.

A menudo los discípulos con los corazones quebrantados y humillados vieron a Cristo arrodillado en oración. Cuando su Señor y Salvador se levantaba de sus rodillas, ¿Qué leían en su semblante y en su porte? Que estaba listo para el deber y preparado para la prueba.

La oración era una necesidad de su humanidad, y sus peticiones estaban a menudo acompañadas por fuertes clamores y agonía del alma, al ver las necesidades de sus discípulos quienes, no dando cuenta del peligro, frecuentemente eran llevados, bajo las tentaciones de Satanás, lejos del deber, a la práctica del mal.

La vida de Cristo fue pura y sin mancha. Rehusó ceder a las tentaciones del enemigo. 

Si hubiera cedido en un solo punto, la familia humana se habría perdido.

¿Quién puede contar la agonía que sufre al ver a Satanás jugar el juego de la vida en procura de las almas de aquellos que dicen ser sus discípulos, y los ve ceder paso tras paso, permitiendo que sean derribadas las defensas del alma?

No podemos concebir la agonía que él tiene que soportar ante esa vista. Una sola alma perdida, un alma entregada al poder de Satanás, significa más para él que el mundo entero...

Qué Argumento Poderoso Es Su Oración: "Para que todos sean uno; como tú, Oh Padre, en mí, y yo en ti, 

que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste" Juan 17:21. (Manuscrito 9, 1906). ELC 77

AUDIO. https://youtu.be/Ew8RgfZ-mWQ


lunes, 9 de marzo de 2026

09. “LA ORACIÓN MUEVE EL CIELO” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. (Mat. 7:7).

¿Por qué no recibimos más de Aquel que es la Fuente de luz y poder? 

Esperamos demasiado poco.

¿Ha perdido Dios su amor por el hombre? 

¿No sigue fluyendo su amor hacia la tierra?...

No avaluamos como debiéramos el poder y la eficacia de la oración. "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles" (Rom. 8:26).

Dios desea que vayamos a él en oración para que él pueda alumbrar 

nuestras mentes. Sólo él puede darnos una clara concepción de la verdad. 

El solo puede ablandar y subyugar el corazón. Puede agudizar el entendimiento para discernir la verdad del error. Puede afirmar la mente vacilante y darle un conocimiento y una fe que soportarán la prueba. Orad, pues; orad sin cesar. El Señor que oyó la oración de Daniel, oirá la vuestra si os acercáis a él como Daniel lo hizo.

Vivamos en estrecha comunión con Dios. El gozo del cristiano consiste en un sentido del amor y el cuidado de Dios por sus hijos, y en la seguridad de que no los dejará solos en sus debilidades (Review and Herald, 24 de marzo, 1904).

Necesitamos saber cómo orar. No son las oraciones insustanciales y sin vigor las que se aferran de los atributos divinos. La oración es oída por Dios cuando proviene de un corazón quebrantado por un sentimiento de indignidad. La oración fue instituida para nuestro consuelo y salvación, para que 

mediante la fe y la esperanza podamos echar mano de las ricas promesas de Dios. 

La oración es la expresión de los deseos de un alma hambrienta y sedienta de justicia (Carta 121, 1901).

La oración mueve el cielo. Ese poder que únicamente viene en respuesta a la oración, hará sabios a los hombres en la sabiduría del cielo y los capacitará para trabajar en la unidad del Espíritu, unidos con los vínculos de paz (Review and Herald, 28 de enero, 1904). ELC 76

AUDIO. https://youtu.be/Uj94EgWH_RM