lunes, 3 de agosto de 2026

03. LA DEUDA QUE TENEMOS. VIII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y llamando a cada uno de los deudores de su amo, dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? (Luc. 16:5).

"¿…ignoráis... que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio…" (1Cor. 6:19,20). ¡Qué precio ha sido pagado por nosotros! Contemplad la cruz y la Víctima levantada sobre ella. Mirad aquellas manos taladradas por los crueles clavos. Mirad sus pies asegurados por largos clavos al madero. Cristo cargó nuestros pecados en su propio cuerpo. Ese sufrimiento, esa agonía es el precio de vuestra redención...

El maravilloso amor de Dios, manifestado en Cristo, es la ciencia y el canto de todo el universo celestial. ¿No debiera provocar nuestra gratitud y alabanza? ...Cuando la bendita luz del Sol de Justicia brille dentro

 de nuestros corazones y descansemos en paz y con gozo en el Señor, entonces alabemos al Señor... Alabémosle no de palabras solamente sino por la consagración a él de todo lo que somos y de todo lo que tenemos.

"¿Cuánto debes a mi amo?" No lo podéis calcular. ¿Hay alguna parte de vuestro 

ser que no haya redimido? ¿o algo de vuestras posesiones que ya no sea suyo?

Cuando lo reclama, ¿lo retenéis egoístamente como vuestro? ¿Lo ocultáis y lo usáis con otro 

propósito que el de la salvación de las almas? Por ese proceder millares de almas se pierden...

Elevando la vista al cielo con súplica, presentaos a vosotros mismos a Dios como

 sus siervos, y todo lo que tenéis, como suyo, diciendo: Señor, de lo tuyo te damos. 

Considerando la cruz del Calvario, y al Hijo del Dios infinito crucificado por vosotros, comprendiendo tan incomparable amor, tan maravilloso despliegue de gracia, sea vuestra fervorosa pregunta: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Él os ha dicho: "…Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura" (Mar. 16:15).

Cuando veáis almas en el reino de Dios salvadas gracias a vuestras dádivas y vuestro servicio, os regocijaréis de haber tenido el privilegio de realizar esta obra (Manuscrito 139, 1898). ELC 223

AUDIO. https://youtu.be/FDd5xBeLs1E

 

domingo, 2 de agosto de 2026

02. TODO LO QUE POSEEMOS PROCEDE DE DIOS. VIII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente

 cosas semejantes?  Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos. (1 Crón. 29:14).

Los que viven en esta tierra debieran unirse con las huestes celestiales en atribuir toda honra y gloria al Creador. Ningún hombre tiene el menor motivo para ufanarse o exaltarse a sí mismo, aunque haga [al máximo] lo mejor que pueda...

Constantemente Dios está obrando para subsanar las deficiencias humanas. Aun el arrepentimiento es originado por medio de la aplicación de la gracia. El corazón natural siente que no necesita arrepentimiento.

Las lágrimas que brotan de los ojos del hombre a causa de la tristeza por su pecaminosidad y debidas a la simpatía hacia otros pecadores, comienzan espontáneas. Ellas son como rocío de los ojos que pertenecen a Dios...

Las buenas resoluciones que hacemos constituyen únicamente la expresión de los deseos que son de Dios. La vida reformada no es sino el mejor empleo de una vida que ha sido rescatada por el sacrificio de su Hijo Jesús. No deberíamos atribuirnos crédito alguno por ninguna cosa que podamos hacer...

También la fe es un don de Dios. La fe es el asentimiento de la comprensión del hombre ante las palabras de Dios, que ata el corazón al servicio de Dios. ¿Y de quién es la comprensión humana sino de Dios? ¿De quién el corazón sino de Dios? Tener fe es rendir a Dios la inteligencia, la energía, que hemos recibido de él. Por lo tanto, los que ejercitan la fe no merecen para sí mismos ningún crédito...

Las aptitudes celestiales concedidas no debieran emplearse con fines egoístas. Cada energía, 

cada don es un talento que debiera contribuir a la gloria de Dios al ser usado en su servicio...

No se permita a nadie buscar la exaltación propia al hablar de lo que ha hecho, que enaltezca

 sus habilidades, que haga gala de sus conocimientos y que cultive la presunción 

(Review and Herald, 19 de diciembre, 1904).

El que haya recibido de Dios dones no comunes, devuelva al... Señor lo que ha recibido, dando generosamente a otros los beneficios de sus bendiciones. A esos Dios honrará y glorificará

(Id., 1º de diciembre, 1904). ELC 222

AUDIO. https://youtu.be/0gCJngjqIzU


sábado, 1 de agosto de 2026

01. SOMOS PROPIEDAD DE DIOS. VIII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros 

mismos; pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. (Sal. 100:3).

Dios ha creado al hombre y le ha dado todas sus facultades de cuerpo, alma y espíritu. El Señor Jesús lo ha comprado con un precio tan pleno, tan amplio, como para que no pudiera haber competencia. ¿Qué puede ofrecer el hombre a Dios que no sea ya propiedad del Señor? Dios dio las facultades y cada 

operación de ellas pertenece a Dios. Eso significa que vuestra experiencia, de principio a fin, ha de estar íntimamente unida con Cristo. El aprender las lecciones de mansedumbre y humildad de corazón os hace participantes de los sufrimientos de Cristo y os hace apreciar las virtudes de la vida de Cristo.

Haya una oración constante: Guárdame con tu poder, no resbalen mis pies; no se llene mi corazón de planes ambiciosos para exaltarme... Enséñame a practicar el arte de vaciarme de mí mismo a fin de recibir la gracia de Cristo y de poseer ese amor que Cristo oró que yo tuviese, "…como yo os he amado…" (Juan 13:34).

Debe recibir gracia para impartir a otros esa gracia. Oh, concede a mi alma una gran proximidad a Dios a fin de recibir su disposición, para amar a mis hermanos. Ayúdame, ¡Oh Señor!, para comprender que por mí mismo no puedo hacer nada de una orientación verdadera y pura. El yo, el yo, estará continuamente activo buscando reconocimiento aun en las actividades santísimas...

Nuestra obra individual ha de copiar el carácter de Cristo, quien dio su vida para que nos fuera posible hacer esto. ¿Daremos la evidencia al mundo de que somos hijos de Dios, comprados por precio y que 

estamos dando frutos en el habla, en el tono de la voz y en la bondad del amor 

redentor, demostrando lo que significa guardar los mandamientos de Dios?...

La gracia dada le costó al cielo un precio que es imposible que midamos. Esa gracia es nuestro tesoro más preciado, y Cristo quiere que se comunique mediante nosotros. Es sagrada, en el nombre de Jesús, para la salvación del alma. Es la revelación del honor de Dios, un despliegue de su gloria (Manuscrito 182, 1903). ELC 221

AUDIO. https://youtu.be/9IeHZ_T1Poc