jueves, 13 de agosto de 2026

13. SOJUZGANDO EL EGOÍSMO. VIII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi 

propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos. (1 Cor. 10:33).

Hay en los corazones de muchos un elemento de egoísmo que se adhiere a ellos como la lepra. Han consultado por tanto tiempo sus propios deseos, su propia complacencia y comodidad, que no sienten que hay otros que los necesitan.

Sus pensamientos, planes y esfuerzos son para sí mismos. Viven para el yo y no cultivan la benevolencia desinteresada, la cual, si se ejercita, se acrecentaría y fortalecería, hasta que sería su deleite vivir para el bien de otros. Su egoísmo debe ser discernido y sojuzgado, ya que es un pecado atroz a la vista de Dios. Necesitan ejercitar un mayor y especial interés por la humanidad.

Si lo hacen, colocarán sus almas en una más estrecha conexión con Cristo y serán imbuidos con su espíritu, de tal modo que se aferrarán a él con una tenacidad tan firme que nada podrá separarlos de su amor (Review and Herald, 13 de julio, 1886).

No hay cristianismo en la actitud que encierra los afectos dentro del corazón egoísta. Debemos llevar luz y bendición a las vidas de los otros. El Señor nos ha elegido como canales a través de los cuales pueda comunicar sus bendiciones (Manuscrito 99, 1902).

Viene el tiempo cuando temblará la tierra y será removida como una choza. Pero los pensamientos, los propósitos y los actos de los obreros de Dios, aunque ahora sean invisibles, aparecerán en el gran día final de la retribución y de la recompensa. Cosas ahora olvidadas entonces aparecerán como testigos, ya sea para aprobación o para condenación.

El amor, la cortesía y la abnegación jamás se perderán.  Cuando alguno es elegido por Dios es cambiado de la mortalidad a la inmortalidad. Sus palabras y actos de bondad se manifestarán y serán preservados por las edades sin fin.

 No se pierde ningún acto de servicio abnegado, por pequeño o simple que sea. Por medio de los méritos imputados de la justicia de Cristo, la fragancia de tales palabras y acciones es preservada para siempre (Review and Herald, 10 de marzo, 1904). ELC 233

AUDIO. https://youtu.be/zBOc533ZszY


miércoles, 12 de agosto de 2026

12. EL DESARROLLO DEL DOMINIO PROPIO. VIII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea 

de su espíritu, que el que toma una ciudad. (Prov. 16:32).

Por medio de la fidelidad en las cosas pequeñas llegamos a ser centinelas en quienes se puede confiar. Guárdese cuidadosamente contra las pequeñas irritaciones. No permita que acosen su alma, y ganará muchas victorias.  Y cuando le sobrevengan tribulaciones más grandes estará preparado para resistir al enemigo valerosa y noblemente...

Cada alma hereda ciertos rasgos anticristianos de carácter. Es obra grande y noble de toda la vida el mantener bajo control esas tendencias hacia el mal. Son las cosas pequeñas que cruzan nuestra senda las que probablemente nos hacen perder el poder del dominio propio (Carta 123, 1904).

Mientras permanezcamos en el mundo, tendremos que arrostrar influencias adversas. Habrá provocaciones que probarán nuestro temple, y si las arrostramos con buen espíritu desarrollaremos las virtudes cristianas.

 Si Cristo vive en nosotros, seremos sufridos, bondadosos y prudentes, alegres en medio de los enojos e irritaciones. Día tras día y año tras año iremos venciéndonos, hasta llegar al noble heroísmo. Esta es la tarea que se nos ha señalado; pero no se puede llevar a cabo sin la ayuda de Jesús, sin ánimo resuelto, sin propósito firme, sin continua vigilancia y oración. Cada cual tiene su propia lucha.

Ni siquiera Dios puede ennoblecer nuestro carácter ni hacer útiles nuestras vidas a menos que lleguemos a ser sus colaboradores. Los que huyen del combate pierden la fuerza y el gozo de la victoria. 

No necesitamos llevar cuenta de las pruebas, dificultades, pesares y tristezas, porque están 

consignadas en los libros, y no los olvidará el cielo (El ministerio de curación, págs. 387, 388).

Dios os comprenderá cuando abráis vuestro corazón a él. Conoce qué disciplina

 necesita cada uno. Si se lo pides, seguramente te dará poder para resistir el pecado. 

Tu fe se incrementará y darás evidencia a otros del 

poder sostenedor de Dios (Carta 123, 1904). ELC 232

AUDIO. https://youtu.be/VYsklCc1uG4

 

martes, 11 de agosto de 2026

11. MANIFESTAD EL AMOR DE CRISTO. VIII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto

 a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. (Rom. 12:10).

No debemos permitir que nuestro yo nos absorba y nos haga olvidar los derechos que Dios y la humanidad tienen sobre nosotros. Dios desea que seamos más bondadosos, más benignos y amables; menos criticadores y suspicaces.

¡Oh, si pudiéramos tener el espíritu de Cristo y saber cómo tratar a nuestros hermanos y vecinos!...

Debemos olvidarnos a nosotros mismos en el amante servicio hacia otros... No debemos recordar algunos actos de bondad que hayamos hecho; quizá se borren de nuestra memoria.

Pero la eternidad traerá en todo su esplendor cada acto realizado por la salvación de las almas, cada palabra hablada para animar a los hijos de Dios. Y estas cosas realizadas por amor de Cristo serán una parte de nuestro gozo a través de toda la eternidad.

Cuando tratamos a nuestros hermanos, a menos que lo hagamos con bondad y cortesía, seguimos un proceder anticristiano. Debemos manifestar cortesía en el hogar, en la iglesia y en nuestro trato con todos

 los hombres. Pero especialmente debemos manifestar compasión y respeto por aquellos que están dando sus vidas a la causa de Dios... Cuando Jesús reine en el corazón, habrá tierno amor, y seremos amables e íntegros el uno para el otro...

No debemos dar ocasión para criticar. Un momento de impaciencia, una simple respuesta áspera, la carencia de amabilidad y cortesía cristianas en algunas cosas pequeñas, pueden dar por resultado la pérdida de amigos y la pérdida de la influencia.

Dios desea que os presentéis lo mejor posible bajo todas las circunstancias: en presencia de 

aquellos que son subalternos como también en la presencia de vuestros iguales y superiores.

Debemos ser seguidores de Cristo en todo tiempo, procurando honrarlo, tratando de representarlo rectamente en todo momento... Debemos tratar de vivir sólo para su gloria y no para que los hombres nos alaben (Review and Herald, 24 de febrero, 1891). ELC 231

AUDIO. https://youtu.be/Xr_3rDEqc2Y