La cortesía es una de las gracias del Espíritu. Es un atributo
del cielo. Los ángeles nunca montan en cólera, nunca son envidiosos o egoístas.
Ninguna palabra dura o áspera sale de sus labios. Si hemos de ser compañeros de
los ángeles, también debemos ser refinados y corteses.
La verdad de Dios tiene el propósito de elevar al que la recibe,
refinar su gusto y santificar su juicio. Ningún hombre puede ser cristiano sin
tener el espíritu de Cristo, y si tiene el espíritu de Cristo lo manifestará
con una disposición refinada y cortés.
Su carácter será santo, sus modales gentiles, sus palabras sin engaño. Cultivará el amor que
no se
irrita, que es tolerante y paciente, que espera todas las cosas y soporta todas
las cosas...
Los que profesan ser
seguidores de Cristo y a la vez son rudos, poco amables y descorteses en
palabra y conducta, no han aprendido de Jesús... La conducta de algunos que se
dicen cristianos es tan falta de bondad y cortesía que lo mejor que hacen da la
apariencia de mal.
No puede ponerse en
duda su sinceridad, ni cuestionarse su rectitud; pero la sinceridad y la
rectitud no expiarán la falta de bondad y cortesía. El cristiano debe mostrar
simpatía además de ser veraz, y debe ser compasivo y cortés a la par que
correcto y honrado...
La verdadera cortesía,
mezclada con la verdad y la justicia, hace la vida no sólo útil, sino hermosa y
fragante. Las palabras bondadosas, la apariencia amable, un rostro alegre dan
un encanto al cristiano que hace su influencia casi irresistible. En el olvido
del yo, en la luz, la paz y la felicidad que está constantemente impartiendo a
otros halla el verdadero gozo.
Olvidémonos
del yo tratando siempre de alegrar a otros, de aliviar sus cargas mediante
actos de tierna bondad y hechos de amor abnegado. Dejad sin pronunciar esa
palabra descomedida; que la desconsideración egoísta de la felicidad de los
demás dé lugar a la amante simpatía.
Estos
actos de consideración y cortesía que comienzan en el hogar y se extienden
mucho más allá de sus límites, llegan a constituir la esencia de la felicidad
de la vida (Signs of the Times, 16 de julio, 1902). ELC 181
AUDIO. https://youtu.be/wzgY4jvA6wc