Sustenta
mis pasos en tus caminos, para que mis pies no resbalen. (Sal. 17:5).
Ahora más que en cualquier otro tiempo los caminos de la vida
están obstruidos con peligros que no alcanzo a describir. Por un sólo desvío de
la senda del principio santificado, Satanás obtiene una ventaja y nos conduce
más y más lejos de la justicia y de la verdad...
Para ningún alma
viviente, sea joven o adulto, hay seguridad frente a las tentaciones de
Satanás, y aquellos que eligen unirse con los impíos absorberán de su espíritu
y mostrarán frutos parecidos.
La única seguridad
para cualquiera de nosotros consiste en andar humildemente con Dios, en ir por
donde el Maestro señala el camino. Siempre hay seguridad y protección en
obedecer un "Así dice Jehová"...
Necesitamos orar sin cesar. Anhele el corazón por Dios. Anhele
apartarse en diaria, frecuente oración, creyendo, confiando, aferrándose a la
promesa, diciendo como Jacob: "…No te dejaré, si no me bendices"
(Gén. 32:26). "Sustenta mis pasos en tus caminos", oh Dios,
"para que mis pies no resbalen" (Sal. 17:5) hacia los hoyos que los
hombres han cavado para mis pies.
La supresión de una defensa de la conciencia, el descuido en
hacer la cosa misma que el Señor ha señalado, un paso dado en el camino de los
principios equivocados, frecuentemente conduce a un cambio entero de la vida y
la acción...
La tarea del hombre consiste en trabajar en cooperación con Dios. Solo, sus pies se deslizarán por el camino que aparentemente es el más seguro. No podemos andar con seguridad ni un solo paso en la mera sabiduría humana. Si queremos andar sin temor, debemos saber que la mano de Jesucristo sostiene firmemente la nuestra. Y podemos saber esto únicamente escudriñando la Palabra del Dios viviente...
Dios
desea que los hombres sientan su dependencia de él, y que se confíen a esa mano
que puede salvar hasta lo sumo, a ese corazón que palpita en respuesta al
llamado de la sufriente humanidad (Carta 71,
1898). ELC 259
AUDIO. https://youtu.be/yB4ECh1GQs8