sábado, 10 de octubre de 2026

10. VIVIR DE ACUERDO CON LA REGLA DE ORO. X. EN LOS LUGARES CELESTIALES. (EGW)

No juzguéis, Y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. (Luc. 6:37).

El deber de todo cristiano está claramente trazado en las palabras: "No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando…". "Y Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos" (Luc. 6:37, 38, 31). Estos son los principios que haremos bien en fomentar...

Que no rehúsen perdonar a un pecador arrepentido los que en si mismos hayan pecado contra Dios. En la misma forma en que traten a sus semejantes que en espíritu o de hecho los hayan perjudicado y se hayan arrepentido después, Dios los tratará a ellos por sus defectos de carácter.

El que no demuestre misericordia con sus semejantes no puede esperar ser amparado por la misericordia de Dios... Si rehúsa cultivar esta gracia divina en sí mismo, sufrirá los resultados de su negligencia...

Debemos recordar que todos cometen equivocaciones. Aun hombres y mujeres que han tenido años de experiencia, a veces yerran. Pero Dios no los abandona a causa de sus errores: a cada descarriado hijo o hija de Adán, les da el privilegio de otra oportunidad.

El verdadero seguidor de Jesús manifiesta un espíritu como el de Cristo hacia su

 descarriado hermano. En lugar de hablar condenando, recuerda las palabras: 

"…El que haga volver al pecador del error de su camino, salvará 

de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados" (Sant. 5:20).

En la iglesia militante siempre habrá hombres que necesitan la restauración de los resultados del pecado. El que en algunos aspectos sea superior a otro, en otros será inferior el mismo. Todo ser humano está sujeto a tentación y tiene necesidad de un interés y de una simpatía fraternales.

 La manifestación de misericordia en nuestras relaciones mutuas constituye uno de los medios más eficaces para lograr la perfección del carácter; pero sólo los que caminan con Cristo pueden ser verdaderamente misericordiosos (Signs of the Times, 21 de mayo, 1902). ELC 291

AUDIO. https://youtu.be/IZrKsz23l4c

 

viernes, 9 de octubre de 2026

09. AYUDÁNDONOS LOS UNOS A LOS OTROS. X. EN LOS LUGARES CELESTIALES. (EGW)

Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo

 en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo. (Efe. 4:15).

Ojalá nos comprometiéramos en nuestros corazones a no pronunciar una sola palabra contra un hermano o una hermana. Recordad que ellos también son tentados, y quizá con más fuerza que vosotros, y si refrenáis vuestra lengua como con un freno, entonces demostraréis que amáis a Dios... Los que están verdaderamente más descarriados, tienen mayor necesidad de vuestra ayuda.

No murmuréis contra ellos ni señaléis sus defectos, sino acercaos a ellos en el amor de Jesús y en el amor de la verdad, y procurad ayudarlos. Entonces seréis hacedores de la Palabra, y obraréis en el espíritu de Cristo.

Cuando estéis preocupados con dudas y las tinieblas circunden vuestra propia alma, la mejor conducta que podéis seguir para salir de esa oscuridad es ayudar a algún otro que está desanimado.

Cuando tratáis de elevar a otros, en realidad os estáis elevando a vosotros mismos a una estrecha conexión con Dios. Cuando demostráis bondad a otros os ayudáis a vosotros mismos, pues la misma buena voluntad volverá a reflejarse en vosotros. 

El hombre que tiene más de Cristo en el alma, manifestará la más tierna simpatía por las almas que necesitan ayuda...Siempre habrá descarriados entre vosotros, y ahí es donde podéis demostrar el carácter de un cristiano.

No los apartéis de vosotros, sino que si poseéis la luz, haced que brille sobre ellos, y en esta forma podéis ayudarlos a encaminarse hacia el cielo. Toda alma que posea el espíritu de Cristo, realizará las obras de Cristo. Y si alguno ve a otro extraviado lejos de Cristo, sentirá como Cristo sintió en relación con la oveja perdida.

Había noventa y nueve en el redil, pero él salió en busca de la que se había extraviado. Este es el espíritu que debemos manifestar. Como hijos de Dios deberíamos andar en la luz, y al persistir en ella debemos alumbrar la senda de otros.

 Cultivemos la gratitud hacia Dios porque entonces no nos detendremos en las dificultades insignificantes. Y aunque nuestros hermanos yerren, ¿erraremos nosotros por eso?...

"La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales" Col. 3:16 (Manuscrito 33, 1885). ELC 290

AUDIO. https://youtu.be/dLZWFu5BR44

 

jueves, 8 de octubre de 2026

08. UNA SOLA HERMANDAD. X. EN LOS LUGARES CELESTIALES. (EGW)

¿Quién no te temerá, Oh Señor, y glorificara tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual 

todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado. (Apoc. 15:4).

Cristo quiere que comprendamos que nuestro interés es uno solo, Un Salvador divino murió

 por todos, para que todos encuentren en él su recurso divino. En Cristo Jesús somos uno.

 Al pronunciar un mismo nombre: "Padre nuestro" somos elevados a la misma jerarquía. Venimos a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Sus principios de verdad ligan unos corazones con otros, pertenezcan éstos a ricos o a pobres, a poderosos o a humildes.

Cuando el Espíritu Santo conmueve las mentes, se desechan todas las quejas mezquinas y las acusaciones que los hombres arrojan contra sus semejantes. Entonces los brillantes rayos del Sol de Justicia resplandecerán en los ámbitos de la mente y el corazón. En nuestro culto a Dios no debe haber distinción entre el rico y el pobre ni entre el blanco y el negro, Hay que anular todo prejuicio.

Cuando nos allegamos a Dios debemos hacerlo como una hermandad indivisa. Somos peregrinos y extranjeros aquí, porque estamos destinados a una patria mejor, a saber, la celestial. 

Allí todo orgullo, toda acusación, toda vana ilusión habran terminado para siempre. Entonces se descubrirá toda cosa encubierta, y podremos "verlo tal como él es". Allí captaremos el tema inspirador, y nuestros cantos de alabanza y de gratitud se elevarán hacia Dios (Review and Herald, 24 de noviembre, 1899).

Nuestra casa de oración podrá ser muy humilde pero no por eso dejará Dios de aceptarla. Si adoramos en espíritu y en verdad en la hermosura de la santidad, ella será para nosotros la puerta misma del cielo. 

Cuando se repiten las asombrosas lecciones de las obras de Dios y cuando la gratitud del corazón se expresa en oración y canto, los ángeles del cielo se unen a la melodía en alabanza y agradecimiento a Dios. 

Estas prácticas rechazan el poder de Satanás. Expulsan

 el descontento y las quejas, y Satanás pierde terreno.

Dios nos enseña que debemos congregarnos en su

 casa para cultivar los atributos del amor perfecto. 

Esto ha de capacitar a los moradores de la tierra para entrar en las 

mansiones que Cristo ha ido a preparar para los que le aman (Ibíd.). 

ELC 289

AUDIO. https://youtu.be/NbU_rry0upM