martes, 21 de abril de 2026

21. NO ES SUFICIENTE UNA FE NOMINAL. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. (Isa. 41:13).

Durante las últimas semanas he tenido un profundo sentimiento [de la realidad] de las promesas de Dios y de la esperanza del cristiano. Nunca la Biblia me pareció tan llena de ricas gemas de promesas como en estas pocas semanas. Parece que el rocío del cielo está listo para caer sobre nosotros y refrigerarnos, si solamente reclamamos como nuestras las promesas. Nunca podremos vencer nuestras tendencias naturales sin la ayuda del cielo, y el precioso Jesús se coloca a nuestro lado para ayudarnos en esta obra.

Él dice: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat. 28:20). Queremos creer exactamente lo que Cristo dijo. Queremos que nuestra fe abrace las promesas... Es una gran cosa creer en Jesús.

Oímos decir a muchos: "Cree, cree; todo lo que tienes que hacer es creer en Jesús". Pero es nuestro privilegio inquirir: ¿Qué abarca esta creencia? ¿qué implica? Hay muchos de nosotros que tienen una fe nominal pero que no llevan esa fe en sus caracteres...

Debemos tener esa fe que obra por el amor y purifica el alma, para que esta creencia en Cristo nos lleve a abandonar todo lo que es ofensivo a su vista. A menos que tengamos esta fe que obra, otra fe no nos servirá para nada. Podéis creer que Cristo es el Salvador del mundo, pero, ¿es vuestro Salvador? ¿Creéis hoy que él os dará fuerza y poder para vencer cada defecto de vuestro carácter?...

Hay muchos hoy que estarían mucho más adelantados de lo que están si hubiesen tenido esta fe... Tenemos que aprender individualmente esta lección de confianza especial en nuestro Salvador.

Debemos confiar en nuestro Padre celestial, así como un niño confía en sus padres 

terrenales, y hemos de creer que obra para nuestro bien en todas las cosas...

 Yo puedo confiar en mi Salvador; me salva hoy, y mientras estoy luchando para vencer 

las tentaciones del enemigo, me dará gracia para triunfar (EGW/Manuscrito 5, 1886). 

ELC 119

AUDIO. https://youtu.be/5zEzYP0uitM

 

lunes, 20 de abril de 2026

20. BATALLAS PARA PELEAR. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste 

llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. (1 Tim. 6:12).

Hay continuas batallas que pelear y no estamos a salvo ni un momento a menos que nos coloquemos bajo el cuidado de Aquel que dio su propia vida preciosa para hacer posible que cada uno que crea en él como el Hijo de Dios, cuando se vea frente a la presión de la variada ciencia de Satanás, pueda escapar de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.

Es plenamente capaz en respuesta a nuestra fe, de unir nuestra naturaleza humana con la suya divina. Al confiar en la naturaleza divina y al participar de ella y al fortalecer nuestros esfuerzos, estamos proclamando que la misión de Cristo sobre la tierra es paz en la tierra y buena voluntad para con los hombres.

 Debemos hablar de los peligros de la guerra contra enemigos invisibles y llevar puesta nuestra armadura, porque no estamos guerreando contra carne ni sangre, sino contra principados y potestades y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes... Por lo tanto necesitamos mantenernos bajo la constante custodia de los santos ángeles.

El seguir a Cristo no significa estar libre de conflictos. No es un juego de niños. No es ociosidad espiritual. Todo el gozo del servicio de Cristo significa la sagrada obligación de enfrentar a menudo duros conflictos.

Seguir a Cristo significa duras batallas, labor activa, guerra contra el mundo, la carne y el maligno. Las victorias ganadas por Cristo en guerra dura y cruenta serán nuestro gozo... Estamos alistados para luchar "no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece" (Juan 6:27).

Debemos procurar nuestra salvación con temor y temblor... Se requiere una vigilancia continua para ser fieles hasta la muerte, para pelear la buena batalla de la fe hasta que termine la guerra y como vencedores recibamos la corona de la vida (Manuscrito 156,1907). ELC 118

AUDIO. https://youtu.be/Vlz2gAiMzDw


domingo, 19 de abril de 2026

19. RECIBAMOS LA PALABRA DE DIOS CON CONFIANZA. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. 

Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte. (Isa. 43:25, 26).

Satanás vendrá a ti diciéndote: Tú eres un pecador. Pero, no dejes que él llene tu mente con el pensamiento de que, porque eres pecador, Dios te ha rechazado. Dile: Sí, yo soy un pecador, por eso necesito un Salvador. Necesito perdón, y Cristo dice que si voy a él no pereceré.

En su carta leo: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9). Creeré en la palabra que me ha dejado. Obedeceré sus mandamientos. 

Cuando Satanás te diga que estás perdido, contéstale: Sí, pero Jesús vino a buscar y a salvar 

lo que se había perdido. Cuanto más grande mi pecado, tanto más necesito un Salvador.

En el momento en que te aferras de las promesas de Dios por la fe y dices: "Yo soy la oveja perdida que Jesús vino a salvar", una nueva vida tomará posesión de ti y recibirás fuerza para resistir al tentador. 

Pero la fe que se aferra a las promesas no viene mediante el sentimiento. "La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios" (Rom, 10:17). No debes esperar que se realice algún gran cambio, no debes esperar sentir alguna emoción maravillosa. El Espíritu de Dios debe hacer una impresión en tu mente...

Toma confiadamente la Palabra de Dios diciendo: El me ama. Dio su vida por mí, y me salvará... No te mires a ti mismo sino a Jesús. Abrázalo como a tu Salvador. Deja de quejarte de tu desvalida condición. 

Al mirar a Jesús, el autor y consumador de tu fe, serás inspirado con esperanza y verás la salvación de Dios. Cuando te sientas tentado a murmurar, obliga a tus labios a pronunciar las alabanzas de Dios. 

"Regocijaos en el Señor siempre". ¿Acaso no es digno de alabanza? Enseña, pues, 

a tus labios a hablar de su gloria y a engrandecer su nombre (Carta 98b, 1896). 

ELC 117

AUDIO. https://youtu.be/t1fqcAYla6Y