lunes, 20 de julio de 2026

20. UN MENSAJE A LOS PADRES. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás 

de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Deut. 6:6,7).

Los padres deberían estar unidos en su fe para estar unidos en sus esfuerzos de educar a sus hijos en la creencia de la verdad. Sobre la madre descansa en manera especial la tarea de modelar las mentes de los jóvenes hijos...

Las ocupaciones a menudo mantienen al padre fuera de la casa y no le permiten tener una parte igual en la educación de los hijos: pero siempre que pueda debería unirse con la madre en esta obra. Trabajen juntos los padres, inculcando en los corazones de sus hijos los principios de justicia (Review and Herald, 12 de octubre, 1911).

Ha habido poca obra definida para preparar a nuestros hijos para las pruebas 

que deben enfrentar en su contacto con el mundo y sus influencias.

No han sido ayudados como debieran haberlo sido a formar caracteres lo bastante fuertes como para resistir la tentación y permanecer firmes por los principios de la justicia en la terrible lucha que está ante todos los que queden fieles a los mandamientos de Dios y al testimonio de Jesucristo.

Los padres necesitan entender las tentaciones que deben enfrentar 

los jóvenes diariamente, para poder enseñarles cómo vencerlas...

Dios quiere que volvamos nuestros ojos de las vanidades, los placeres y las ambiciones del mundo y que los pongamos en la recompensa gloriosa e inmortal de aquellos que corren con paciencia la carrera que les es propuesta en el Evangelio. Quiere que eduquemos nuestros hijos para que eviten las influencias que los apartarían de Cristo.

Nuestro Señor viene pronto y debemos prepararnos para este solemne acontecimiento... 

Que vuestra vida diaria en el hogar revele los principios vivientes de la Palabra de Dios.

Hay instrumentos celestiales que colaborarán con vosotros mientras procuráis alcanzar la norma de perfección, y mientras intentáis enseñar a vuestros hijos cómo han de conformar sus vidas a los principios de la justicia (Ibíd.). ELC 209

AUDIO. https://youtu.be/nkK0_hf5cKQ

 

domingo, 19 de julio de 2026

19. EL CÍRCULO CRECIENTE DEL AMOR. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. (1 Cor. 7:3).

Maridos y mujeres deberían considerar su privilegio y su deber el reservar para su intimidad el intercambio de muestras de amor entre ellos. Porque mientras la manifestación de amor del uno para el otro es correcta en su lugar, puede hacer daño tanto a los casados como a los que no lo son.

Hay personas de una mente y un carácter completamente diferente; con diferente educación y preparación, que se aman el uno al otro tan devota y sanamente como los que han aprendido 

durante su afectividad; y existe el peligro que, por contraste, esas personas 

que son más reservadas sean juzgadas mal y colocadas en desventaja.

Mientras que la mujer debería buscar el apoyo de su esposo con respeto y deferencia, puede, en forma sana y correcta, manifestar su gran afecto y confianza en el hombre que ha elegido como compañero de la vida...

Es el elevado privilegio y el solemne deber de los cristianos procurarse la felicidad mutua en su vida de casados; pero hay un peligro positivo en hacer que el yo quiera absorberlo todo, derramando toda la

 riqueza del afecto el uno sobre el otro, y en estar demasiado 

satisfechos con una vida tal. Todo esto tiene sabor a egoísmo.

En vez de limitar su amor y simpatía a ellos mismos, deberían buscar toda oportunidad de contribuir al bien de otros, distribuyendo la abundancia de afecto en un amor casto y santificado, por las almas que a la vista de Dios son tan preciosas como ellos mismos, porque han sido compradas por el infinito sacrificio de su Hijo unigénito. 

Palabras bondadosas, miradas de simpatía, expresiones de aprecio serían para muchos que luchan y están solos como un vaso de agua fría dado a un alma sedienta... Cada palabra o acto de abnegada 

bondad hacia las almas con las que nos relacionamos es una expresión 

del amor que Jesús manifestó por toda la familia humana (Carta 76, 1894). 

ELC 208

AUDIO. https://youtu.be/ItCRY9U59uQ

 

sábado, 18 de julio de 2026

18. MANTENIENDO VIVO EL AMOR. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. 

Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. (Col. 3:18,19).

Cuántos sinsabores y qué marea de ayes e infelicidad se evitarían si los hombres, y también las mujeres, siguieran cultivando la consideración, la atención y las bondadosas palabras de aprecio y las pequeñas cortesías que mantuvo encendido el amor y que ellos consideraban necesarias para conquistar a los compañeros de su elección.

Si el marido y la mujer siguieran cultivando esas atenciones que alimentan el amor, serían felices en la compañía mutua y tendrían una influencia santificadora sobre sus familiares. Tendrían en ellos mismos un pequeño mundo de felicidad y no desearían salir de ese mundo a buscar nuevas atracciones y nuevos objetos de amor...

Muchas mujeres anhelan palabras de amor y ternura y las atenciones y las cortesías comunes que les deben sus maridos, quienes las han elegido como compañeras de la vida... Son estas pequeñas atenciones y cortesías lo que hacen la suma de la felicidad de la vida...

Si conserváramos la ternura del corazón en nuestras familias, si hubiera una noble y generosa deferencia hacia los gustos y las opiniones mutuas, si la esposa buscara oportunidades de expresar su amor en actos de cortesía hacia su esposo, si éste manifestara la misma consideración y bondadosos miramientos hacia la esposa, los hijos participarían del mismo espíritu. La influencia penetraría el hogar, y ¡qué marea de miseria se evitaría en las familias!...

Cada pareja que une sus intereses de la vida debería tratar de hacer la vida del otro tan feliz como sea posible. Lo que apreciamos tratamos de conservarlo y de hacerlo más valioso, si podemos.

En el contrato matrimonial los hombres y las mujeres han realizado un convenio, una inversión para toda la vida, y por lo tanto deberían hacer todo lo posible por controlar sus expresiones de impaciencia y de mal humor, con más cuidado aún del que ponían antes de su casamiento, porque ahora su destino está unido durante toda la vida (Carta 27, 1872). ELC 207

AUDIO. https://youtu.be/nPx_zM7Z_zA