miércoles, 23 de septiembre de 2026

23. DULZURA A TRAVÉS DE LA AFLICCIÓN. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. (2 Cor. 1:4).

Los que han soportado los mayores sufrimientos son frecuentemente quienes proporcionan mayor consuelo a otros... Los tales han sido purificados y dulcificados por sus aflicciones; no perdieron su confianza en Dios cuando los asaltó la prueba, sino que se unieron más estrechamente a su amor protector.

 Los tales son pruebas vivientes del tierno cuidado de Dios, quien 

hace la oscuridad, así como la luz y nos castiga para nuestro bien... 

(Discurso de la Sra. White a los pacientes del Sanatorio en Goguac Lake, folleto de 1878, pág. 26).

Es egoísta dedicar nuestro precioso tiempo a lamentar nuestras frustradas esperanzas... Deberíamos ser animosos, aunque fuera únicamente por el beneficio de aquellos que dependen más o menos de nosotros para su felicidad...

Dejemos que la nube que nos ensombrece cruce, mientras esperamos pacientemente hasta que el limpio cielo azul aparezca otra vez, y la bendita luz del sol sea revelada...Olvidemos todos el yo tanto como sea posible, cultivemos la jovialidad, busquemos alegrar las vidas de otros y entonces tendremos menos deseos de lamentar nuestra propia suerte...

El afligido puede reanimarse, el desalentado puede tomar esperanza, pues en Jesús tienen un amigo que simpatiza. Podemos volcar en sus compasivos oídos todas nuestras pruebas y dolores.

Cuando nos reunimos no sea para hablar de tinieblas e incredulidad, para repasar los capítulos sombríos de la experiencia de nuestra vida. Hablemos del amor de Dios que se nos ha manifestado, que se advierte en la naturaleza, en el firmamento y en todas las sabias disposiciones de la Providencia.

Busquemos los rayos de la luz del sol que ha iluminado nuestro sendero y detengámonos sobre su recuerdo con corazones agradecidos. Espaciémonos en el incomparable amor de Cristo, pues en él 

tenemos un constante tema de regocijo. En él no hay tinieblas. Él es la luz de la vida,

 señalado entre diez mil, y todo él codiciable (Ibíd., págs. 25-27). ELC 274

AUDIO. https://youtu.be/ElHUI2du0RE


martes, 22 de septiembre de 2026

22. EN LA HORA DEL DOLOR (Pésame A Una Familia) IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; porque 

no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres. (Lam. 3:32, 33).

Este mundo, es el escenario de nuestras pruebas, nuestros dolores, nuestros pesares. Estamos aquí para soportar la prueba de Dios. El fuego del horno debe avivarse hasta que nuestra escoria sea consumida y salgamos como oro purificado en el horno de la aflicción... Saldrá luz de estas tinieblas que a veces a Ud. le parecen incomprensibles.

 "…Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito" (Job 1:21). Sea éste el lenguaje de su corazón. La nube de misericordia se cierne sobre su cabeza aun en la hora más oscura.

Los beneficios de Dios para nosotros son tan numerosos como las gotas de lluvia que caen de las nubes a la tierra reseca para regarla y refrescarla. La misericordia de Dios está sobre Ud. María, esa querida y preciosa niña, descansa. Ella fue la compañera de sus dolores y sus frustradas esperanzas. No tendrá más aflicción o necesidad o angustia.

Mediante el ojo de la fe Ud. puede anticipar, en medio de sus dolores y angustias y perplejidades, que su María con su madre y otros miembros de su familia responderán al llamamiento del Dador de la vida y saldrán de su cárcel triunfando sobre la muerte y la tumba.

 Su fe puede ver a los seres amados y a los perdidos reunidos entre los redimidos de la tierra. Ud., antes de mucho, si es fiel, estará caminando con ellos por las calles de la Nueva Jerusalén, cantando el cántico de Moisés y del Cordero, llevando la enjoyada corona...

Si pudieran sus ojos ser abiertos, vería a su Padre celestial inclinado sobre Ud. en amor, y si pudiera escuchar su voz, seria en tonos de compasión hacia Ud. que está postrado por el sufrimiento y la aflicción (Carta 71, 1878). ELC 273

AUDIO. https://youtu.be/670RzLDy0JQ

 

lunes, 21 de septiembre de 2026

21. EN LA LISTA DE HONOR DEL CIELO. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 
Más él conoce mi camino, me probará, y saldré como oro. (Job 23:10).

El cristiano que ama a su Padre celestial puede no discernir por providencias externas o señales visibles algún favor celestial dado de arriba a aquellos con poca o ninguna consagración. 

A menudo está sumamente afligido, angustiado, perplejo

rodeado por todos lados. Las apariencias parecen estar contra él...

José era virtuoso y su carácter estaba marcado por la verdadera bondad y firmeza de propósito, sin embargo fue difamado, perseguido y tratado como un criminal; pero Dios tenía señaladas victorias para José aun cuando aparentaba sufrir a causa de su buen proceder.

Daniel fue arrojado en el foso de los leones a causa de su firme adherencia al principio y su lealtad a Dios, pero triunfó finalmente y Dios fue glorificado mediante su siervo a quien él permitió que fuese humillado.

Job fue despojado de sus tesoros terrenales, privado de sus hijos y convertido en un espectáculo de repugnancia para sus amigos, pero en la hora de Dios, él mostró que no había abandonado a su siervo...

El justo y fiel Esteban fue apedreado hasta la muerte por los enemigos de Cristo.

 Seguramente no parecía que Dios estuviera fortaleciendo su causa en la tierra permitiendo triunfar así a los impíos, pero en esta misma circunstancia Pablo fue convertido a la fe y mediante su palabra miles fueron llevados a la luz del Evangelio.

 El amado, afectuoso Juan estuvo en el exilio en la 

solitaria isla de Patmos, pero allí Jesús se encontró con él...

Le fue permitido mirar el trono de Dios y contemplar a los redimidos de ropas blancas que habían venido de gran tribulación y que habían lavado y blanqueado sus ropas en la sangre del Cordero (Carta 10, 1879).

Si somos llamados a entrar en el horno de fuego por amor de Jesús, él estará a nuestro lado, así como estuvo con los tres fieles en Babilonia. Los que aman a su Redentor se regocijarán por toda oportunidad de compartir con él la humillación y el oprobio. El amor que sienten hacia su Señor dulcifica el sufrimiento por su causa (El discurso maestro de Jesucristo, pág. 29). ELC 272

AUDIO. https://youtu.be/pzeSn0dZh_Y