sábado, 26 de septiembre de 2026

26. PROSIGO A LA META. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Hermanos, Yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Fil. 3:13, 14).

En la carrera celestial, todos podemos correr, y recibir el premio. En esto no hay incertidumbre ni riesgo. Debemos revestirnos de las gracias celestiales y con los ojos dirigidos hacia arriba, a la corona de la inmortalidad, tener siempre presente el Modelo... 

Debemos tener constantemente presente la vida de humildad y abnegación de nuestro divino Señor. Y a medida que procuramos imitarlo, manteniendo los ojos fijos en el premio, podemos correr esa carrera con certidumbre, sabiendo que si hacemos lo mejor que podemos, lo alcanzaremos con seguridad...

Ya que tenemos este gran incentivo, ¿no podemos correr "…con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…" (Heb. 12:1,2)? Él nos ha indicado el camino, y lo ha señalado con sus pisadas en todo el trayecto (Joyas de los testimonios, tomo I, págs. 184, 185).

No manifestéis incredulidad. No tenéis excusa para hacerlo. Cristo realizó un sacrificio completo por vosotros, para que estéis cumplidos en él delante de Dios. A Dios no le agrada nuestra falta de fe. 

La incredulidad siempre separa el alma del lado de Cristo. No es digno de alabanza hablar de nuestra debilidad y desaliento. Diga cada uno: "Estoy apesadumbrado porque cedo a la tentación, porque mis oraciones son tan débiles y mi fe tan escasa.

No tengo excusa para defenderme por estar siendo empequeñecido en mi vida religiosa. Pero estoy tratando de lograr la entereza de carácter en Cristo. He pecado, y aun así amo a Jesús. He caído muchas veces, y con todo, él ha tendido su mano para salvarme. Le he contado todos mis errores. 

He confesado con vergüenza y dolor que lo he deshonrado. He mirado a la cruz y he dicho: todo esto sufrió por mí. El Espíritu Santo me ha mostrado mi ingratitud, mi pecado, al exponer a Cristo a la 

vergüenza pública. El, que no conoce pecado, me ha perdonado. Me llama a una vida más noble, elevada, y yo prosigo a las cosas que están delante" (Review and Herald, 10 de marzo, 1904). ELC 277

AUDIO. https://youtu.be/k8uzxSQljm4

 

viernes, 25 de septiembre de 2026

25. JESÚS ILUMINA EL CAMINO. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. (1Ped. 5:7).

No llevéis vuestras pruebas a otros seres humanos.  Llevadlas al Señor. Podéis pensar que otros deben simpatizar con vosotros en vuestras pruebas, pero algunas veces seréis chasqueados. Jesús nunca 

defrauda al que viene a él por ayuda. Él os dice hoy: "Venid a mí... y yo os haré descansar"

 (Mat. 11:28). En él os dará descanso. Nadie que venga a él se va sin ser ayudado.

Llevad vuestras cargas al divino Portador de las cargas y dejadlas con él, sabiendo que las llevará por vosotros, Él es el Cristo, el Único que lleva los pecados del mundo. Os tomará bajo su vigilante cuidado, pues os ama...

Haced vuestra parte en ayudaros a vosotros mismos, como todos tienen que hacer para que puedan ser bendecidos. No os detengáis en las penalidades de la vida cristiana. No habléis de vuestras pruebas...

No pronunciéis una palabra desalentadora, pues tales palabras agradan a Satanás. Hablad de la bondad de Dios y contad de su poder. Las palabras de esperanza y confianza y valor son tan fáciles de pronunciar como las de queja...

Cuando el enemigo os diga que el Señor os ha abandonado, decidle que sabéis 

que no lo ha hecho, pues declara: "…No te desampararé, ni te dejaré" (Heb. 13:5).

 Despedid al enemigo. Decidle que no 

deshonraréis al Señor al dudar de su amor...

No hay límite a la ayuda que el Salvador está dispuesto a concedernos. Él nos invita a llevar en nuestras vidas la gracia que nos guardará del pecado. Desde la cruz del Calvario nos llega libertad, esperanza y fortaleza. No deshonréis a vuestro Redentor dudando de su poder. Confiad en él siempre. Apoderaos de las riquezas de su gracia, diciendo: "Creeré, creo que Jesús murió por mí". El camino ante vosotros puede parecer oscuro pero Jesús puede hacerlo luminoso.

Gozaos en Dios, Cristo es luz, y en él no hay tinieblas. Mirad hacia la luz. 

Acostumbraos a expresar alabanzas a Dios. Haced felices a otros. 

En esto consiste vuestra obra... De mañana, al mediodía y en la noche vuestros corazones pueden ser llenados con los brillantes rayos de la luz del cielo (Review and Herald, 7 de abril, 1904). ELC 276

AUDIO. https://youtu.be/65GZMDJvCkc


jueves, 24 de septiembre de 2026

24. LAS NUBES PASARÁN. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

El corazón alegre hermosea el rostro; más por el dolor del corazón el espíritu se abate. (Prov. 15:13).

El dolor viene y se va, ésa es la suerte del hombre; deberíamos no tratar de agrandarlo, sino más bien detenernos en lo que es brillante y placentero. Cuando el invierno extiende su cobertura de hielo sobre 

la tierra, no permitimos que nuestra alegría se hiele con las flores y los arroyos, 

y continuamente nos lamentamos a causa de los días tristes y los vientos fríos. 

Por el contrario, penetramos hacia adelante con la imaginación en el próximo verano, con su calor, vida y belleza... Ahora mismo una nube ha ocultado de nuestra vista los brillantes rayos del sol y quedamos en la sombra.

¿Deberíamos irritarnos y quejarnos por eso y olvidar todo lo que es brillante y hermoso a nuestro alrededor? No; deberíamos olvidar la nube y recordar que el sol no ha sido aniquilado, sino que ha velado su rostro solamente por un momento...

Dios no se complace en que tengamos que pasar nuestras vidas en el desaliento y la melancolía, magnificando cada prueba que nos llega. Al hacerlo, no solamente nos afligimos, sino que ensombrecemos la felicidad de aquellos que nos rodean.

No deberíamos escudriñar las oscuras sombras de la experiencia de nuestra vida ni detenernos en ellas, sino más bien abrir los ojos y estimular los sentidos para ver y apreciar las muchas bendiciones que nos circundan, las cuales deberían hacernos no solamente agradecidos sino muy felices.

Es la voluntad de Dios que seamos alegres... Aquellos que se relacionan con

 nosotros son afectados para bien o para mal por nuestras palabras y acciones. 

Estamos inconscientemente difundiendo la fragancia de nuestro carácter en la atmósfera moral que nos circunda, o estamos envenenando esa atmósfera con pensamientos, palabras y hechos que tienen una influencia deletérea sobre aquellos con quienes nos asociamos. "Nadie vive para sí" 

(Discurso de la Sra. White a los pacientes del Sanatorio en Goguac Lake; folleto de 1878, págs. 23-25). ELC 275

AUDIO. https://youtu.be/FjCxyGBoK_8