miércoles, 15 de julio de 2026

15. LAZOS DEL MATRIMONIO. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. (Gén. 2:18).

He leído a menudo estas palabras: "El matrimonio es una lotería". Algunos actúan 

como si creyeran en esa afirmación, y su vida de casados testifica que así les ocurrió.

Pero el verdadero matrimonio no es una lotería. El matrimonio fue instituido en el Edén. Después de

 la creación de Adán el Señor dijo: "No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él".

Cuando el Señor trajo a Eva delante de Adán los ángeles de Dios fueron testigos de la ceremonia. 

Pero hay pocas parejas que están completamente unidas cuando se realiza la ceremonia matrimonial.

Las fórmulas que se dicen a los dos que pronuncian los votos matrimoniales no hacen de ellos una unidad. La fusión de los dos en matrimonio ha de hacerse en su vida futura. Puede ser una unión realmente feliz si cada uno da al otro verdadero afecto del corazón.

Pero el tiempo quita al casamiento el romance con el cual la imaginación lo había vestido, y entran en 

la mente pensamientos sugeridos por Satanás. "No nos amamos el uno al otro como habíamos creído".

Quitad eso de la mente. No os detengáis sobre eso. Que cada uno, olvidándose de sí mismo, se niegue a sustentar las ideas que Satanás estaría contento que acariciara. Trabajará para haceros suspicaces, celosos de cualquier pequeñez que proporcione la más mínima ocasión para estorbar vuestros afectos mutuos...

Cuando haya pasado el romance piense cada uno, no de manera sentimental, cómo podrá él o ella hacer de la vida de casados lo que a Dios le agradaría que fuese. La vida es un don precioso de Dios y no debe desperdiciarse en quejas egoístas o en una más abierta indiferencia y desamor. Que el esposo y la esposa traten juntos todas las cosas.

 Renuévense el uno al otro las primeras atenciones, reconozcan sus faltas el uno al otro, pero en esta obra debe tenerse mucho cuidado de que el esposo no tome sobre sí la tarea de hacer que su esposa le confiese sus faltas, o de que la esposa trate de obtener la confesión de las de su marido (Carta 76, 1894).

Vuestro hogar debe constituir un símbolo del cielo (Id. 10, 1894). ELC 204

AUDIO. https://youtu.be/MUH53ks2_XE

 

martes, 14 de julio de 2026

14. EL MATRIMONIO, INSTITUCIÓN SAGRADA. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová. (Prov. 18:22).

El matrimonio recibió la sanción y bendición de Cristo y debe considerarse como una institución sagrada. La verdadera religión no contrarresta los planes del Señor. Dios ordenó que la mujer se uniera al hombre en santo matrimonio para formar familias coronadas de honra que fueran símbolos de la familia celestial... El matrimonio, cuando se forma con pureza y santidad, verdad y justicia, es una de las mayores bendiciones dadas a la familia humana...

El amor divino que emana de Cristo nunca destruye el amor humano, sino que lo abarca, refinado y purificado. Por él, el amor humano es elevado y ennoblecido. El amor humano nunca puede llevar su precioso fruto hasta que sea unido con la naturaleza divina y ejercitado a crecer hacia el cielo.

Jesús quiere ver matrimonios felices, hogares felices. El calor de la verdadera amistad 

y el amor que une los corazones del esposo y la esposa es un goce anticipado del cielo.

Dios ordenó que haya perfecto amor y armonía entre los que contraigan matrimonio. Que el esposo y la esposa se comprometan en la presencia del universo celestial a amarse el uno al otro como Dios lo ordenó...

Con una parte del hombre Dios hizo una mujer, a fin de que fuese ayuda idónea para él, que fuese una con él, que lo alegrase, lo alentase y bendijese, mientras que él a su vez debía ser su fuerte auxiliador.

Todos los que contraen relaciones matrimoniales con un propósito santo: el esposo para obtener los afectos puros del corazón de una mujer, y ella para suavizar, mejorar y completar el carácter de su esposo, cumplen el propósito que Dios tiene para ellos...

El que formó a la primera pareja santa y el que creó un paraíso para ella, ha puesto su sello sobre la institución matrimonial, celebrada en el Edén por primera vez, cuando las estrellas de la mañana cantaban y se regocijaban todos los hijos de Dios (Manuscrito 16, 1899). 

ELC 203

AUDIO. https://youtu.be/fjbzqXOHrOk

 

lunes, 13 de julio de 2026

13. NUESTRA SUPREMA OBLIGACIÓN. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis 

padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1Ped. 5:10).

Es tan perfecta la representación del carácter que los hombres deben tener para ser discípulos de Cristo, que el incrédulo ha dicho que no es posible para ningún ser humano alcanzarla. Pero los que profesan ser hijos de Dios no deben tener una norma inferior a ésta.

Los incrédulos no saben que se da ayuda celestial a los que la buscan por fe. Se ha hecho toda provisión en favor de cada alma que trate de participar de la naturaleza divina y de encontrar su plenitud en Jesucristo. Debe discernirse todo defecto y eliminárselo del carácter con determinación y sin contemplaciones.

El pueblo de Dios debe realizar cada acto con devoción. Debe participar de cada comida como si supiera que es una muestra del amor del Dios infinito hacia ellos. La terminación de un deber debe 

ser el comienzo del próximo que se presente. Entonces el carácter cristiano 

se manifestará en una vida de continua obediencia y servicio a Jesucristo.

Cualquiera sea la clase de negocios a que se dediquen los hombres, si son cristianos deben llevar 

el yugo del deber a Cristo. Esta es su lealtad. Deben considerarse atados por obligaciones superiores.

El Maestro, Jesucristo, ha puesto su yugo al cuello de cada discípulo. Al aceptar su yugo, éste se compromete a prestarle servicio durante toda la vida. Todo lo que pueda dañar o estorbar su servicio perfecto a Dios debe quitarse, de cualquier naturaleza o carácter que sea. No debiéramos darle a Dios un servicio dividido.

El Señor ha unido su naturaleza con la humanidad expresamente para que pudiera

 convertirse en un objeto más tangible y definido de nuestra contemplación y amor. 

Nos invita a acercarnos y contemplar la gran luz, el Dios invisible vestido de ropaje humano emitiendo una gloria suavizada y amortiguada para que nuestros ojos puedan soportarla (Carta 117, 1896). ELC 202

AUDIO. https://youtu.be/JbyjLNZZbWU