…Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. (Hech. 10:4).
Es un maravilloso favor para cualquier hombre en
esta vida el ser alabado por Dios como lo fue Cornelio.
¿Y cuál fue la razón de esta aprobación?
"Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante
de Dios".
Ni la oración ni la limosna tienen ninguna virtud en sí mismas para recomendar a Dios al pecador. Sólo la gracia de Cristo, por medio de su sacrificio expiatorio, puede renovar el corazón y hacer nuestro servicio aceptable a Dios.
Esta gracia conmovió el
corazón de Cornelio...
El Espíritu de Cristo había hablado a su alma. Jesús lo había
atraído y se había rendido a esa atracción. Sus oraciones y sus limosnas no le
fueron impuestas; no eran un precio que trataba de pagar para conseguir el
cielo, sino que fueron el fruto del amor y la gratitud hacia Dios.
Una oración tal hecha por un corazón sincero, asciende como
incienso delante del Señor; y las ofrendas para su causa y las limosnas para
los necesitados y dolientes, son un sacrificio que le complace.
Por esa razón las ofrendas de los hermanos de Filipos, que
ayudaban a las necesidades del apóstol Pablo, mientras era prisionero en Roma,
se dice que eran "…olor fragante, sacrificio acepto, agradable a
Dios" (Fil. 4:18).
La oración y las limosnas están estrechamente vinculadas; son la
manifestación de nuestro amor a Dios y a nuestros semejantes. Son la
manifestación de los dos grandes fundamentos de la ley divina: "Y amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y
con todas tus fuerzas... Y... amarás a tu prójimo como a ti mismo…" (Mar.
12:30, 31).
Por
lo tanto, aunque nuestras ofrendas no puedan recomendarnos delante de Dios o
ganar su favor, son una evidencia de que hemos recibido la gracia de Cristo. Son
la prueba de la sinceridad de nuestra profesión de amor
(Review and Herald, 9 de mayo, 1893).
ELC
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AUDIO. https://youtu.be/0_TFCfJ07gg