Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová;
y se multiplicará la paz de tus hijos. (Isa. 54:13).
Hay que enseñar a niños y jóvenes que sus facultades
les fueron dadas para la honra y gloria de Dios.
Con este fin deben aprender la lección de obediencia, porque solamente
mediante
vidas de obediencia voluntaria pueden dar a Dios el servicio que él pide...
Los padres que
realmente aman a Cristo darán testimonio de ello en un amor por sus hijos que
no será complaciente, sino que obrará sabiamente para su mayor bien. Estos
niños han sido comprados por precio. Cristo sacrificó su vida para poderlos
redimir del mal.
Los padres que
aprecien el sacrificio que Cristo y el Padre han hecho en favor de la raza
humana colaborarán con ellos empleando toda energía santificada y toda
habilidad en la obra de salvar a sus hijos.
En vez de tratarlos como
juguetes, los considerarán como posesión adquirida de Cristo, y les enseñarán
que ellos deben llegar a ser hijos de Dios. En vez de permitirles dar rienda
suelta a su mal genio y deseos egoístas, les enseñarán lecciones de autodominio.
Al cooperar padres e hijos en tratar de alcanzar el ideal que
Dios tiene para ellos, recibirán fuerza y bendición en sus vidas; gozo y
satisfacción llenarán los corazones de los padres cuando vean, como fruto de
sus labores, a sus hijos creciendo en el amor de la verdad, tratando de
alcanzar la plenitud del propósito de Dios para ellos (Review and Herald, 5 de octubre, 1911).
El
[Dios] desea ver que, de los hogares de nuestro pueblo, se constituya una gran
compañía de jóvenes que, debido a la piadosa influencia de sus hogares, hayan
entregado su corazón a él, y salgan para rendirle el máximo servicio de sus
vidas.
Dirigidos
y preparados por las piadosas instrucciones del hogar, la influencia de los
momentos de culto de mañana y de tarde, y el ejemplo consecuente de padres que
aman y temen a Dios, han aprendido a someterse a Dios como su maestro y guía
(Ibíd.). ELC 211
AUDIO.
https://youtu.be/yVc7wf9GN9w