sábado, 19 de septiembre de 2026

19. FORTALEZA PARA HOY. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro. El invocará mi nombre, y yo le oiré, y diré. Pueblo mío; y él dirá Jehová es mi Dios. (Zac. 13:9).

Por la prueba el Señor examina la fortaleza de 

sus hijos. ¿Está fuerte el corazón para soportar? 

¿Está la conciencia libre de ofensa? ¿Tolera el Espíritu el testimonio de nuestro espíritu de que nosotros somos los hijos de Dios? Esto averigua el Señor probándonos. En el horno de la aflicción nos purifica de toda escoria.

Nos envía pruebas, no para causar dolor innecesario, sino para llevarnos a contemplarle, para fortalecer nuestra paciencia, para enseñarnos que si no nos rebelamos, si ponemos nuestra confianza en él, veremos su salvación...

El amor de Cristo por sus hijos es tan fuerte como tierno. Es un amor más fuerte que la muerte, pues él murió por nosotros. Es un amor más verdadero que el de una madre por sus hijos. El amor de la madre puede cambiar, pero el amor de Cristo es inmutable.

"Por lo cual estoy seguro", dice Pablo, "de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rom. 8:38, 39).

En cada prueba tenemos consolación eficaz. ¿No se conmueve nuestro Salvador al comprender nuestras debilidades? ¿No ha sido tentado en todo como nosotros? ¿Y no nos ha invitado a llevarle cada prueba y perplejidad? Entonces no nos aflijamos por las cargas de mañana.

Valerosa y alegremente llevemos las cargas de hoy. Hoy tenemos que tener confianza y fe. No estamos invitados a vivir más que un día a la vez. Quien da fortaleza para hoy, dará fortaleza para mañana...

Nada hiere tanto el alma como los agudos dardos de la incredulidad. Cuando la prueba viene, como indudablemente vendrá, no os angustiéis o lamentéis. El silencio en el alma hace más clara la voz de Dios.

"Luego se alegran, porque se apaciguaron…" (Sal. 107:30). Recordad que debajo de 

vosotros están los brazos eternos (Signs of the Times, 5 de noviembre, 1902). ELC 270


viernes, 18 de septiembre de 2026

18. NO DISPENSADOS DEL SUFRIMIENTO. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en

 persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2 Cor. 12:10).

El cristianismo no promete exención del dolor. "…Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hech. 14:22). Se necesita fe fuerte, fe confiada, que crea que Dios no conducirá a sus hijos a ninguna tentación mayor que la que pueden soportar. Lo que una fe tal tiene poder para hacer lo dice Pablo en su carta a los hebreos.

Hablando de aquellos que frente a la persecución y la muerte, habían mantenido una confianza inconmovible en Dios, dice: "Que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; más otros fueron 

atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.

Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados" (Heb. 11:33-37).

En este mundo, esos héroes de la fe fueron considerados indignos de la vida; pero en el cielo están registrados como hijos de Dios, dignos del más alto honor. "…Andarán conmigo en vestiduras blancas", declara Cristo, "porque son dignos" (Apoc. 3:4). En las cortes celestiales les espera un "eterno peso de gloria".

"Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…" (Heb. 12:1, 2).

"Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven: pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" 2 Cor. 4:17,18. (Review and Herald, 7 de marzo, 1912). ELC 269

AUDIO. https://youtu.be/sZZQk6NpQE8

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

17. EL PROCESO REFINADOR. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. (1 Ped. 4:12, 13).

Dios no envía la prueba a sus hijos sin un propósito. Nunca los conduce de otra manera que la que ellos elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores con él.

Los somete a la disciplina para humillarlos, para llevarlos, a través de la prueba y la aflicción, a ver su fragilidad y acercarse a él...Los cristianos son joyas de Cristo. Existen para resplandecer brillantemente por él, prodigando públicamente la luz de su belleza.

Su esplendor depende del pulimiento que reciben. Pueden elegir ser bruñidos o permanecer sin serlo. Pero todo aquel que es declarado digno de un lugar en el templo del Señor tiene que someterse al 

proceso refinador. Sin el pulimiento que el Señor da 

no pueden reflejar más luz que la de un guijarro común.

Cristo le dice al hombre: Tú eres mío. Yo te adquirí; ahora eres solamente una piedra tosca, pero si te colocas en mis manos te puliré y el brillo con que resplandecerás traerá honor a mi nombre. Nadie te arrebatará de mi mano.

Te haré mi peculiar tesoro. En el día de mi coronación, serás una joya en mi corona de júbilo. El Obrero Divino gasta poco tiempo en material inútil. Únicamente pule las joyas preciosas, según la semejanza de un palacio, labrando con ahínco todos los cantos ásperos.

Este proceso es severo y penoso; hiere el orgullo humano. Cristo corta profundo en la experiencia que el hombre en su suficiencia propia ha considerado como completa, y elimina el ensoberbecimiento del carácter. 

Desbasta con empeño la superficie sobrante, y poniendo la piedra en la rueda pulidora, la aprieta estrechamente para que toda aspereza pueda ser consumida. Entonces, llevando la joya hasta la luz, el Maestro ve en ella un reflejo de sí mismo y la declara digna de [ocupar] un lugar en su cofre.

Bendita sea la experiencia, aunque severa, que da nuevo valor a la piedra, haciéndola 

brillar con resplandor viviente (Review and Herald, 7 de marzo, 1912). ELC 268

AUDIO. https://youtu.be/9rqhtSM8mzE