Instruye
al niño en su camino y un cuando fuere viejo no se apartará de él. (Prov. 22:6).
El hogar debe ser una
escuela en la cual los niños sean educados para la escuela superior. El padre y
la madre deben hacer la decisión: "Entenderé el camino de la perfección...
En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa" (Sal. 101:2)...
Los padres son los primeros maestros de sus hijos, y mediante las lecciones que les imparten son educados a la par que sus hijos. Si los padres se consagran a sí mismos, cuerpo, alma y espíritu para hacer
la obra que Dios les dio, el Señor les enseñará preciosas lecciones, dándoles palabras
sabias para hablar y
ayudándoles a demostrar paciencia y tolerancia en la provocación...
Necesitamos hogares que sean circundados por una atmósfera santificada. Las familias no
convertidas son los aliados más fuertes de
Satanás. Sus miembros trabajan en oposición a Dios.
Algunos padres son ásperos, regañones, dominantes,
mientras que otros son descuidados y laxos al dejar que sus hijos sigan el
camino de la desobediencia hasta realizar acciones muy perversas, y son un
espectáculo vergonzoso para los ángeles y los hombres.
Tales padres necesitan experimentar el poder de Dios que convierte. Al ceder a la ira, y
por su
indiferencia egoísta, incapacitan a sus hijos para este mundo y para el
venidero...
Estoy escribiendo esto a los padres que viven entre nosotros,
porque deseo grandemente que aprendan y enseñen a sus hijos las hermosas
lecciones que debemos aprender en la tierra antes de poder entrar en el cielo.
En todo lo que hagáis, preguntaos: "¿Cómo ayudará esto a mis hijos a prepararse
para las mansiones que Cristo
ha ido a preparar para los que lo aman?"
Cuando
se haga en el hogar la obra de enseñanza como debe hacerse, las familias
traerán a la iglesia una noble abnegación, y los ángeles anhelarán detenerse
allí (Review and Herald, 12 de enero, 1911). ELC 210
AUDIO. https://youtu.be/Ov3m8NDmEBM