Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve...Vosotros, pues,
sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios. (Isa. 43:11,12).
De sus seguidores
genuinos el Señor dice: "Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas
publicará" (Isa. 43:21). Ellos son mis testigos, mis representantes
escogidos en un mundo apóstata...
Dios pide nuestra
cooperación. Sus demandas son razonables... Cuando tomamos el nombre de Cristo,
nos comprometemos a representarlo. Para que seamos leales a nuestro voto,
Cristo debe ser formado en nosotros como la esperanza de gloria.
La vida diaria debe llegar a ser más y más semejante a la vida de Cristo. Debemos ser cristianos en hecho y en verdad. Cristo no comulga con el fingimiento. El dará la bienvenida a las cortes celestiales sólo a aquéllos cuyo cristianismo sea genuino. La vida de los profesos cristianos que no viven la vida de Cristo es una burla a la religión (Review and Herald, 14 de enero, 1904).
Dios no nos pide que compremos su favor mediante algún costoso sacrificio. Únicamente pide
el
servicio de un corazón humilde y contrito que ha aceptado su don gratuito con
gozo y gratitud.
Quien recibe a Cristo como su Salvador personal es poseedor de la salvación provista por Cristo.
Y
nunca olvidará que así como recibió gratuitamente, gratuitamente ha de impartir
(Carta 8,
1901).
¿Comprendéis vuestro
valor a la vista de Dios? Él dice: Sois colaboradores juntamente conmigo.
¿Estáis permitiendo que vuestra luz brille en rayos claros para un mundo caído?
¿Estáis buscando ejercitar toda facultad y todo poder que Dios os ha dado?
Tal
vez no seáis ministros, pero podéis ser testigos. Puede ser que no seáis
oradores elocuentes, pero podéis ser elocuentes en vivir a Cristo y en dejar
que vuestra luz brille ante los hombres
(Manuscrito 21, 1895).
Un cristiano verdadero y amante es el argumento más poderoso que se puede ofrecer
en favor de la verdad de la Biblia (Review and
Herald, 14 de enero, 1904). ELC 319
AUDIO. https://youtu.be/zJmyNCdeAWY


