Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena
para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. (Efe. 4:29).
El apóstol, viendo la
tendencia al abuso del don del habla, da instrucciones en cuanto a su uso.
"Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca", dice, "sino
la que sea buena para la necesaria edificación".
La palabra "corrompida" califica aquí toda palabra que
haría una impresión desfavorable a los principios santos y a la religión sin
mácula, toda expresión que eclipsaría la visión de Cristo y borraría de la
mente la verdadera simpatía y amor.
Incluye las sugerencias impuras que, a menos que sean resistidas al instante, llevarán a grave
pecado. Sobre cada persona descansa el deber de
impedir el paso de las palabras corrompidas.
Es el propósito de
Dios que la gloria de Cristo se vea en sus hijos. En toda su enseñanza Cristo
presentó principios puros y no adulterados. No pecó, ni fue hallado engaño en
su boca. Constantemente fluían ennoblecedoras y santas verdades de sus labios. Habló
como ningún hombre habló, con un sentimiento que tocaba el corazón...
La verdad nunca languidecía en sus labios. Con intrepidez expuso
la hipocresía de sacerdotes y
gobernantes, fariseos y saduceos...
En la Palabra de Dios se expone claramente la gran responsabilidad encerrada en el don del habla.
"…Por tus palabras serás
justificado, y por tus palabras serás condenado" (Mat. 12:37), declaró
Cristo.
Y el salmista pregunta: "Jehová, ¿quién
habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en
integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia
con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino"
Sal. 15:1-3. (Review
and Herald, 12 de mayo, 1910).
Cultivad una actitud de oración y educad la lengua para que hable las palabras debidas que bendecirán en lugar de producir desánimo. Hablad de la bondad, la misericordia y el amor de Dios. Desechad toda
palabra incrédula y todo lo que sea barato y vulgar. Que las palabras sean palabras sólidas que no puedan condenarse, y entonces la paz de Dios ciertamente invadirá el alma (Manuscrito 151, 1898). ELC 176
AUDIO.
https://youtu.be/rWlEjL8bx1w