martes, 21 de julio de 2026

21. EL HOGAR, UNA ESCUELA. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Instruye al niño en su camino y un cuando fuere viejo no se apartará de él. (Prov. 22:6).

El hogar debe ser una escuela en la cual los niños sean educados para la escuela superior. El padre y la madre deben hacer la decisión: "Entenderé el camino de la perfección... En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa" (Sal. 101:2)...

Los padres son los primeros maestros de sus hijos, y mediante las lecciones que les imparten son educados a la par que sus hijos. Si los padres se consagran a sí mismos, cuerpo, alma y espíritu para hacer 

la obra que Dios les dio, el Señor les enseñará preciosas lecciones, dándoles palabras 

sabias para hablar y ayudándoles a demostrar paciencia y tolerancia en la provocación...

Necesitamos hogares que sean circundados por una atmósfera santificada. Las familias no 

convertidas son los aliados más fuertes de Satanás. Sus miembros trabajan en oposición a Dios.

 Algunos padres son ásperos, regañones, dominantes, mientras que otros son descuidados y laxos al dejar que sus hijos sigan el camino de la desobediencia hasta realizar acciones muy perversas, y son un espectáculo vergonzoso para los ángeles y los hombres.

 Tales padres necesitan experimentar el poder de Dios que convierte. Al ceder a la ira, y 

por su indiferencia egoísta, incapacitan a sus hijos para este mundo y para el venidero...

Estoy escribiendo esto a los padres que viven entre nosotros, porque deseo grandemente que aprendan y enseñen a sus hijos las hermosas lecciones que debemos aprender en la tierra antes de poder entrar en el cielo.

 En todo lo que hagáis, preguntaos: "¿Cómo ayudará esto a mis hijos a prepararse

 para las mansiones que Cristo ha ido a preparar para los que lo aman?"

Cuando se haga en el hogar la obra de enseñanza como debe hacerse, las familias traerán a la iglesia una noble abnegación, y los ángeles anhelarán detenerse allí (Review and Herald, 12 de enero, 1911). ELC 210

AUDIO. https://youtu.be/Ov3m8NDmEBM

 

lunes, 20 de julio de 2026

20. UN MENSAJE A LOS PADRES. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás 

de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Deut. 6:6,7).

Los padres deberían estar unidos en su fe para estar unidos en sus esfuerzos de educar a sus hijos en la creencia de la verdad. Sobre la madre descansa en manera especial la tarea de modelar las mentes de los jóvenes hijos...

Las ocupaciones a menudo mantienen al padre fuera de la casa y no le permiten tener una parte igual en la educación de los hijos: pero siempre que pueda debería unirse con la madre en esta obra. Trabajen juntos los padres, inculcando en los corazones de sus hijos los principios de justicia (Review and Herald, 12 de octubre, 1911).

Ha habido poca obra definida para preparar a nuestros hijos para las pruebas 

que deben enfrentar en su contacto con el mundo y sus influencias.

No han sido ayudados como debieran haberlo sido a formar caracteres lo bastante fuertes como para resistir la tentación y permanecer firmes por los principios de la justicia en la terrible lucha que está ante todos los que queden fieles a los mandamientos de Dios y al testimonio de Jesucristo.

Los padres necesitan entender las tentaciones que deben enfrentar 

los jóvenes diariamente, para poder enseñarles cómo vencerlas...

Dios quiere que volvamos nuestros ojos de las vanidades, los placeres y las ambiciones del mundo y que los pongamos en la recompensa gloriosa e inmortal de aquellos que corren con paciencia la carrera que les es propuesta en el Evangelio. Quiere que eduquemos nuestros hijos para que eviten las influencias que los apartarían de Cristo.

Nuestro Señor viene pronto y debemos prepararnos para este solemne acontecimiento... 

Que vuestra vida diaria en el hogar revele los principios vivientes de la Palabra de Dios.

Hay instrumentos celestiales que colaborarán con vosotros mientras procuráis alcanzar la norma de perfección, y mientras intentáis enseñar a vuestros hijos cómo han de conformar sus vidas a los principios de la justicia (Ibíd.). ELC 209

AUDIO. https://youtu.be/nkK0_hf5cKQ

 

domingo, 19 de julio de 2026

19. EL CÍRCULO CRECIENTE DEL AMOR. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. (1 Cor. 7:3).

Maridos y mujeres deberían considerar su privilegio y su deber el reservar para su intimidad el intercambio de muestras de amor entre ellos. Porque mientras la manifestación de amor del uno para el otro es correcta en su lugar, puede hacer daño tanto a los casados como a los que no lo son.

Hay personas de una mente y un carácter completamente diferente; con diferente educación y preparación, que se aman el uno al otro tan devota y sanamente como los que han aprendido 

durante su afectividad; y existe el peligro que, por contraste, esas personas 

que son más reservadas sean juzgadas mal y colocadas en desventaja.

Mientras que la mujer debería buscar el apoyo de su esposo con respeto y deferencia, puede, en forma sana y correcta, manifestar su gran afecto y confianza en el hombre que ha elegido como compañero de la vida...

Es el elevado privilegio y el solemne deber de los cristianos procurarse la felicidad mutua en su vida de casados; pero hay un peligro positivo en hacer que el yo quiera absorberlo todo, derramando toda la

 riqueza del afecto el uno sobre el otro, y en estar demasiado 

satisfechos con una vida tal. Todo esto tiene sabor a egoísmo.

En vez de limitar su amor y simpatía a ellos mismos, deberían buscar toda oportunidad de contribuir al bien de otros, distribuyendo la abundancia de afecto en un amor casto y santificado, por las almas que a la vista de Dios son tan preciosas como ellos mismos, porque han sido compradas por el infinito sacrificio de su Hijo unigénito. 

Palabras bondadosas, miradas de simpatía, expresiones de aprecio serían para muchos que luchan y están solos como un vaso de agua fría dado a un alma sedienta... Cada palabra o acto de abnegada 

bondad hacia las almas con las que nos relacionamos es una expresión 

del amor que Jesús manifestó por toda la familia humana (Carta 76, 1894). 

ELC 208

AUDIO. https://youtu.be/ItCRY9U59uQ