jueves, 21 de mayo de 2026

21. LA NORMA MÁS ELEVADA. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. (Rom. 2:13).

En las vidas de muchas personas cuyos nombres están en los registros de la iglesia no ha habido un cambio genuino. La verdad ha sido dejada en el atrio exterior. No ha habido conversión genuina, la gracia no ha realizado ninguna obra positiva en el corazón. Su deseo de hacer la voluntad de Dios está basado en su propia inclinación, no en la profunda convicción del Espíritu Santo. Su conducta no ha sido puesta en armonía con la ley de Dios...

El que quiere edificar un carácter vigoroso y simétrico debe entregarlo todo

 a Cristo y hacerlo todo por él. El Redentor no acepta un servicio dividido.

Diariamente debe aprender el significado de la entrega del yo. Debe estudiar la Palabra de Dios descubriendo su significado y obedeciendo sus preceptos. Así podrá alcanzar la norma más elevada de la excelencia cristiana.

No hay límite para el avance espiritual que puede hacer si participa de la naturaleza divina. 

Día tras día Dios obra en él, perfeccionando el carácter que deberá soportar el día final de prueba.

Cada día de su vida ministra a los demás. La luz que está en él brilla y acalla las lenguas mordaces. 

Día tras día está realizando delante de los hombres y de los ángeles un vasto y sublime experimento, 

mostrando lo que puede hacer el Evangelio por los seres humanos caídos.

No nos escatimemos a nosotros mismos sino llevemos adelante con fervor la obra de reforma que debe ser hecha en nuestras vidas. Crucifiquemos el yo. Los hábitos no santificados querrán imponerse, pero en el nombre y mediante el poder de Jesús podemos vencer...

Dios mismo es "…el que justifica al que es de la fe de Jesús" (Rom. 3:26).

 …Y "a los que justificó, a éstos también glorificó" (Rom. 8:30). 

A los seres humanos que están luchando para conformarse a la imagen divina, se les imparte una medida de los tesoros celestiales, una excelencia de poder que los colocará más alto que los ángeles que nunca cayeron (Review and Herald, 7 de julio, 1904). ELC 149

AUDIO. https://youtu.be/pmYb549jBVs


miércoles, 20 de mayo de 2026

20. EL CAMINO DE DIOS, NO EL MÍO. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Muéstrame, Oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Encamíname en tu verdad, y

 enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día. (Sal. 25:4,5).

La indicación dada a Moisés era: "…Mira, haz todas las cosas conforme

 al modelo que se te ha mostrado en el monte" (Heb. 8:5).

Aunque Moisés estaba lleno de celo por hacer la obra de Dios y podía disponer de los hombres más hábiles y talentosos para poner en obra cualquier indicación que él les diera, no debía hacer ninguna 

cosa, una campanilla, una granada, una franja, una cortina o cualquiera de 

los vasos sino según el modelo que le fue mostrado como el ideal de Dios...

Durante cuarenta días se le impartieron las instrucciones, y cuando descendió al pie del monte, 

estaba en condiciones de reproducir el modelo exacto de lo que se le había mostrado en el monte...

Un punto en el cual muchos han errado ha sido el no ser cuidadosos en seguir las ideas de Dios sino las propias. Cristo mismo declaró: "…No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre…" (Juan 5:19).

Tan plenamente se despojó de sí mismo que no hacía de por sí ningún proyecto o plan. 

Vivía aceptando los planes de Dios para él, y el Padre le revelaba sus planes día tras día.

Si Jesús dependió tan plenamente que declaró: "Todo lo que veo hacer al Padre, eso hago", ¡cuánto más deberían los agentes humanos depender de Dios en cuanto a la instrucción constante para que sus vidas 

pudieran ser simplemente la realización de los planes de Dios! Oh, si los 

mortales sujetos a equivocaciones quisieran buscar sabiduría de Dios...

Debemos vencer nuestras preferencias. El orgullo, la suficiencia propia deben ser crucificados y el vacío debe ser llenado con el Espíritu y el poder de Dios... ¿Siguió Jesucristo, la Majestad de los cielos, su propio camino?  Miradlo en tortura de alma en el Getsemaní, orando a su Padre. ¿Qué es lo que arranca esas gotas de agonía de su santa frente?... Esta debería ser nuestra actitud: No se haga mi voluntad sino la tuya. Esto es verdadera conversión (Manuscrito sin fecha 73). ELC 148

AUDIO. https://youtu.be/3KbkDqcvS74


martes, 19 de mayo de 2026

19. LIBERTAD MEDIANTE CRISTO. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, 

y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. (Gál. 5:1).

Al principio Dios puso al hombre bajo la ley, una condición indispensable para su 

misma existencia. Era un súbdito del gobierno divino y no puede haber gobierno sin ley...

Dios es omnipotente, omnisciente, inmutable. Siempre sigue un camino recto. Su ley 

es verdad inmutable, eterna. Sus preceptos están en consonancia con sus atributos.

Pero Satanás los hace aparecer bajo una falsa luz. Al pervertirlos trata de 

dar a los seres humanos una impresión desfavorable del Dador de la ley.

Mediante su rebelión ha tratado de hacer aparecer a Dios como un ser injusto y tiránico... Ha cegado los ojos de los hombres para que no puedan ver debajo de la superficie y discernir su verdadero propósito.

Como resultado de la desobediencia de Adán, cada ser humano es un transgresor de la ley, vendido al pecado. A menos que se arrepienta y convierta está bajo las ataduras de la ley, sirviendo a Satanás, cayendo en los engaños del enemigo y llevando testimonio contra los preceptos de Jehová.

 Pero por la perfecta obediencia a los requerimientos de la ley, el hombre es

 justificado. Solamente mediante la fe en Cristo es posible una obediencia tal.

Los hombres pueden comprender la espiritualidad de la ley, pueden reconocer su poder como revelador del pecado, pero son incapaces de hacer frente al poder y los engaños de Satanás a menos que acepten la expiación hecha para ellos en el sacrificio vicario de Cristo quien es nuestra expiación.

Los que creen en Cristo y guardan sus mandamientos no están bajo las ataduras de la ley de Dios; porque para los que creen y obedecen, su ley no es una ley de servidumbre sino de libertad... Todo el que por fe obedece los mandamientos de Dios alcanzará la condición sin pecado en que vivía Adán antes de su transgresión.

Todo el que cree en Cristo, que confía en el poder protector del Salvador resucitado..., que resiste la tentación e imita aun en medio del mal el modelo dado por Cristo, por la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo llegará a participar de la naturaleza divina, porque habrá escapado de la corrupción que hay en el mundo debido a la concupiscencia (Signs of the Times, 23 de julio, 1902). 

ELC 147

AUDIO. https://youtu.be/mgCX6AKUKGk