sábado, 7 de marzo de 2026

07. “ORACIÓN FERVIENTE” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante

 de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio. (Sal. 62:8).

La oración es el acto de abrir el corazón a Dios como a un amigo. El ojo de la fe ve a Dios muy 

de cerca, el suplicante puede obtener preciosa evidencia del amor divino y el cuidado hacia él. 

Pero, ¿por qué tantas oraciones no son jamás contestadas?...

El Señor nos da la promesa: "Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón" (Jer. 29:13). Habla también de algunos que "…no clamaron a mí con su corazón…" (Ose. 7:14). 

Tales peticiones son oraciones en la forma, 

de labios afuera, que el Señor no acepta...

Se Necesita La Oración: Oración Diligentísima, Ferventísima, Agonizante; Una Oración como la que ofreció David cuando exclamó: "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía". "…Yo he anhelado tus mandamientos…". "He deseado tu salvación…". "Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo." "Quebrantada está mi alma de desear tus juicios en todo tiempo" (Sal. 42:1; 119:40,174; 84:2; 119:20). 

Éste es el espíritu de la oración de lucha, como lo tenía el salmista real...

Se Dice de Cristo: "Y estando en agonía, oraba más intensamente…" (Luc. 22:44). En qué contraste con esta intercesión de la Majestad del cielo, están las oraciones débiles y tímidas que se ofrecen a Dios. Muchos se conforman con un servicio nominal, y solamente unos pocos tienen un anhelo sincero, ferviente y afectuoso de Dios.

La comunión con Dios le proporciona al alma un conocimiento íntimo de su voluntad... 

La oración genuina compromete las energías del alma y afecta toda la vida. 

El que presenta en esta forma, sus necesidades delante de Dios, siente la vaciedad 

de todo lo demás que está bajo el cielo (Testimonies, tomo 4, págs. 533-535).

Vuestras oraciones pueden elevarse con una importunidad que

 no admite rechazo. ¡Ésto es fe! (Manuscrito 8, 1892). ELC 74

AUDIO.  https://youtu.be/N4KEa89fLJA


viernes, 6 de marzo de 2026

06. “DULCE COMUNIÓN CON NUESTRO SALVADOR” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. (1 Juan 1:3).

Es nuestro privilegio gustar la dulzura de la comunión con un Salvador crucificado 

y resucitado. Pero para que esto sea posible debe entregarse el yo a Dios.

La complacencia propia significa que no se está siguiendo a Cristo abnegadamente y llevando la cruz. Cuando el yo lucha por los primeros puestos, las percepciones espirituales se debilitan. Los ojos se apartan de Cristo para posarse sobre la pobre imagen del yo. No podemos permitirnos llegar a estar separados de Cristo. Debemos seguir mirando a Cristo, el autor y consumador de nuestra fe...

Al estar en comunión con Cristo, esa luz preciosa y santa brilla en nuestras almas hasta que todo ámbito queda alumbrado, y llegamos a ser luces brillantes en el mundo que reflejan a otros la gloria de Cristo. Debemos mantener a Cristo delante de nosotros como ejemplo de perfección (Carta 48, 1903).

La comunión con Dios es la vida del alma. No es algo que podamos interpretar, algo que podamos vestir con hermosas palabras pero que no nos da la genuina experiencia que hace nuestras palabras de real valor. La comunión con Dios nos da una experiencia diaria que de veras hace que nuestro gozo sea cumplido.

Los que tienen esta unión con Cristo lo demostrarán en espíritu, en palabra y en obra. La profesión [de fe] no es nada a menos que se manifiesten buenos frutos en palabra y en obra. La unidad, el compañerismo de unos con otros y con Cristo, éste es el fruto que lleva cada rama de la vid viviente. El alma purificada, nacida de nuevo, tiene un testimonio claro y distinto para dar...

Siguiendo el ejemplo de Cristo de servicio abnegado, confiando como niñitos en sus méritos y guardando sus mandamientos, recibiremos la aprobación de Dios. Cristo morará en nuestros corazones y nuestra influencia será fragante con su justicia (Review and Herald, 30 de junio, 1910). ELC 73

AUDIO. https://youtu.be/vlxspTsoW0s



jueves, 5 de marzo de 2026

05. “CARTAS AL CIELO” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar

 misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Heb. 4:16).

La oración no es una expiación por el pecado. No es una penitencia. No necesitamos ir a Dios como criminales condenados; porque Cristo ha pagado la penalidad de nuestras transgresiones. Él ha hecho la expiación por nosotros. Su sangre limpia del pecado.

 Nuestras oraciones son como cartas enviadas desde la tierra, dirigidas a nuestro Padre en los cielos.

Las peticiones que ascienden de los corazones sinceros y humildes seguramente llegarán hasta él.

Él puede discernir la sinceridad de sus hijos adoptados. Él tiene piedad de nuestras

 debilidades y fortalece nuestras flaquezas. Él dijo: "Pedid, y recibiréis".

Muchos [de los miembros] de la familia humana no saben lo que deberían pedir como debieran. 

Pero el Señor es bondadoso y tierno. El alivia sus flaquezas dándoles palabras para hablar.

El que acude con deseo santificado tiene acceso mediante Cristo al Padre. Cristo es nuestro Intercesor. Las oraciones que se ponen en el incensario de oro de los méritos del Salvador son aceptadas por el Padre.

Toda promesa que está en la Palabra de Dios es nuestra. En vuestras oraciones haced referencia a la palabra empeñada por Jehová y por la fe reclamad sus promesas. Su palabra es la garantía de que si pedís con fe recibiréis toda bendición espiritual. Seguid pidiendo y recibiréis abundantemente mucho más allá de lo que pidáis o penséis. Acostumbraos a tener confianza ilimitada en Dios. Echad todo vuestro cuidado sobre él. Esperad en él pacientemente y el hará...

Debemos buscar "…primeramente el reino de Dios y su justicia…" (Mat. 6:33). Debemos estar listos a recibir la bendición que Dios otorga a aquellos que lo buscan de todo corazón, en sinceridad y verdad. 

Debemos mantener abierto el corazón si queremos recibir la gracia 

de Cristo (Signs of the Times, 18 de noviembre, 1903). ELC 72

AUDIO. https://youtu.be/kzsbfl-Bijs