sábado, 18 de abril de 2026

18. EXPRESIONES DEL AMOR DE DIOS. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen; no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos. (Mat. 6:28, 29).

La ropa elegante del mayor rey que alguna vez se sentara sobre un trono no podía compararse, en su esplendor artificial, a la inmaculada belleza de los lirios modelados por la mano divina. Esto es un ejemplo de la importancia que el Creador de todo lo hermoso le da a lo artificial en comparación con lo natural.

Dios nos ha dado estas cosas bellas como expresión de su amor, para que tengamos vislumbres correctas de su carácter. No debemos adorar las cosas de la naturaleza, pero en ellas debemos leer el amor de Dios. 

La naturaleza es un libro abierto y de su estudio podemos obtener un conocimiento del Creador y ser atraídos a él por las cosas útiles y hermosas que ha provisto con tanta prodigalidad para hacernos felices.

"Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?" (Mat. 6:30, 31).

Experimentamos mucha ansiedad inútil en cuanto al futuro, respecto a lo que comeremos y beberemos y Con qué nos vestiremos. La fatiga y la preocupación en cuanto a la ostentación innecesaria produce mucho cansancio e infelicidad y acorta nuestra vida.

Nuestro Salvador quisiera que no sólo discerniéramos el amor de Dios desplegado en las hermosas flores que nos rodean, sino que quisiera que de ellas aprendiéramos lecciones de sencillez y de perfecta fe y confianza en nuestro Padre celestial...

Si Dios se preocupa de hacer tan hermosas estas cosas inanimadas..., cuánto más cuidadoso será 

de suplir las necesidades de sus hijos obedientes, cuyas vidas pueden durar tanto como la eternidad. 

Con cuánta prontitud les dará el adorno de su gracia, la fuerza de la sabiduría, el ornato de un espíritu humilde y sereno. El amor de Dios para el hombre es incomprensible, ancho como el mundo, alto como el cielo y perdurable como la eternidad (The Sanitarium Patients at Goguac Lake; the Address of Mrs.  White, 1878, págs. 16, 17). ELC 116

AUDIO. https://youtu.be/1nIbCXOeRZM


viernes, 17 de abril de 2026

17. DIOS CUIDA DE VOSOTROS. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Mirad las aves del cielo que no siembran ni siegan ni recogen en graneros; y vuestro 

Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (Mat. 6:26).

Al contemplar los elevados árboles que agitan su fresco y verde follaje, la tierra cubierta con su verde alfombra, las flores y los arbustos que brotan de la tierra, deberíamos recordar que todas estas hermosuras de la naturaleza fueron usadas por Cristo al enseñar sus grandes lecciones de verdad.

Al mirar los campos ondeantes de trigo, al escuchar los alegres trinadores en sus moradas entre las hojas, y al ver los barcos sobre el agua del lago, deberíamos recordar las palabras de Cristo pronunciadas a orillas del lago, en los bosquecillos y en las montañas, y los objetos similares de la naturaleza que nos rodea deberían repetirnos las lecciones que allí enseñó él. Deberíamos considerar sagradas tales escenas, y éstas debieran traer gozo y alegría a nuestros corazones (Palabras dirigidas por Elena White a los pacientes de un sanatorio a orillas del lago Goguac, publicadas en el folleto The Sanitarium Patients at Goguac Lake; the Address of Mrs. White, 1878, pág. 10).

El usó los elevados árboles, la tierra cultivada, las rocas desnudas, las flores hermosas que se abren paso a través de las hendiduras, las colinas eternas, las flores lujuriantes del valle, los pájaros que trinan sus canciones entre las ramas cubiertas de hojas, el inmaculado nenúfar que reposa en su pureza sobre el seno del agua.

Todos estos objetos que componían la escena viviente alrededor de ellos eran medios por los cuales sus lecciones se imprimían en las mentes de los oyentes. Así eran llevadas a los corazones de todos..., y los conducían suavemente de la contemplación de las obras del Creador de la naturaleza al Dios de la naturaleza...

En una de sus lecciones más impresionantes, Cristo dice: "Mirad las aves del cielo, que 

no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta"...

Si Dios cuida de las avecillas y las preserva, ¿no tendrá mucho más amor y 

cuidado hacia las criaturas formadas a su imagen? (Id., págs. 9, 10, 14-16).

 ELC 115

AUDIO. https://youtu.be/m7kWrYds5uM


jueves, 16 de abril de 2026

16. EVITAD UNA PREOCUPACIÓN INÚTIL. IV. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? (Mat. 6:25).

Si tratáis de hacer lo mejor, no fatiguéis vuestro cuerpo y vuestra mente con los cuidados de esta vida. No malogréis vuestra experiencia religiosa por las preocupaciones, sino confiad en que el Señor trabajará por vosotros y hará lo que no podéis hacer por vosotros mismos. La vida es más que el alimento, y el cuerpo es más que el vestido.

Hay mucha preocupación innecesaria, mucha angustia mental, por cosas inevitables.

El Señor quisiera que sus hijos pusieran su confianza plenamente en él.

Nuestro Señor es un Dios justo y recto; sus hijos deberían estarle agradecidos por su bondad y su justicia en las cosas grandes y pequeñas de la vida. Los que acarician el espíritu de preocupación y de queja se rehúsan a reconocer su mano guiadora.

La ansiedad innecesaria es una cosa insensata y nos incapacita para ocupar una posición aceptable delante de Dios. Cuando el Espíritu Santo entra en el alma no habrá deseo de quejarse y murmurar por no tener todo lo que queremos. Más bien, agradeceremos a Dios de todo corazón por las bendiciones que tenemos...

Hay una bendición que pueden tener todos los que la buscan en la debida forma.

Es el Espíritu Santo de Dios, y es una bendición tal que trae otras bendiciones consigo.

Si acudimos a Dios como niñitos pidiéndole su gracia, poder y salvación, no para nuestro ensalzamiento,

sino para ser una bendición para los que nos rodean, nuestras peticiones no serán negadas.

Estudiemos, pues, la Palabra de Dios para saber cómo aferrarnos de sus promesas reclamándolas

como nuestras. Entonces seremos felices. El enemigo no podrá destruir nuestra paz.

Cristo vino al mundo y dio su vida para que tuviésemos salvación eterna. Quiere rodearnos individualmente con la atmósfera del cielo, para que demos al mundo un ejemplo que honre la religión de Cristo (Manuscrito 15, 1912). ELC 114

AUDIO. https://youtu.be/WS93fF4ON-g