En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, y me has hecho estar delante de ti para siempre. (Sal. 41:12).
En cada acto de la vida, el verdadero cristiano es sólo lo que desea que piensen que es los que lo rodean. Se guía por la verdad y la rectitud... Puede ser criticado, probado, pero a través de todo, su inflexible
integridad resplandece como oro puro. Es un amigo y un benefactor de todos los que están relacionados con él, y sus semejantes tienen puesta su confianza en él porque es digno de crédito.
¿Emplea obreros para recoger su cosecha? No les escatima el
dinero duramente ganado. ¿Tiene medios que no necesita ocupar de inmediato?
Alivia las necesidades de sus hermanos menos afortunados.
No trata de agrandar sus posesiones aprovechándose de las circunstancias adversas de sus vecinos. Acepta sólo el precio justo de lo que vende. Si hay defectos en los artículos vendidos, habla francamente al comprador, aun cuando con ello pueda parecerle que obra contra sus propios intereses pecuniarios...
Satanás conoce muy bien qué poder para bien hay en la vida de un hombre de integridad
inflexible, y hace ingentes esfuerzos para impedir que
esos hombres vivan tales vidas.
Se les acerca con seductoras tentaciones, prometiéndoles salud,
posición, honor mundanal, si tan sólo flaquean en los principios de justicia. Tiene
mucho éxito... En la triste historia de muchos que han caído aprendemos el
peligro de la prosperidad.
No son los que han perdido sus bienes los que están en mayor
peligro sino aquellos que han conseguido una fortuna... A menudo se pide que se
ore por hombres y mujeres que están en aflicción; y eso es correcto.
Pero los que están en prosperidad tienen mayor necesidad de la
oración de los siervos de Dios, porque están en mayor peligro de perder la
salvación. En el valle de la humillación los hombres
caminan seguros mientras reverencian a Dios.
La
religión verdadera no es un experimento. Es una
imitación real de Cristo. Dios mantiene una cuenta personal con cada ser
humano, y lo prueba por medio de los resultados prácticos de su obra. Pronto se
oirá decir: "Dad cuenta de vuestra mayordomía"
(The Watchman, 26 de mayo, 1908). ELC 244
AUDIO.
https://youtu.be/gmfpeBNDCfI