Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un
altar a Jehová, quien le había aparecido…e invocó el nombre de Jehová. (Gén. 12:7,8).
Abrahán, el amigo de Dios, nos dio un ejemplo digno. La suya fue una vida de oración y humilde obediencia y era como una luz en el mundo. Dondequiera plantara su tienda, bien cerca alzaba su altar, reuniendo a cada miembro de su familia para el sacrificio de la mañana y de la tarde...
Una luz similar debería brillar de los hogares cristianos. El
amor debiera revelarse en la acción. Debería brotar en toda manifestación
hogareña, mostrándose en considerada bondad, en gentil y desprendida cortesía. Hay hogares en los cuales se practican estos principios,
hogares en los cuales se adora a Dios y reina el amor más puro. De estos
hogares, mañana y tarde ascienden oraciones a Dios como dulce incienso, y sus
mercedes y bendiciones descienden sobre los suplicantes como el rocío matutino...
Necesitamos la fuerza
y la gracia que produce la oración ferviente. Debería usarse diligentemente
este medio de gracia para tener fuerza espiritual. La oración no baja a Dios
hasta nosotros, antes nos eleva a él.
Nos hace ver más y más
nuestras grandes necesidades, y de ahí nuestra obligación a Dios y nuestra
dependencia de él... Dios ha hecho de la oración ferviente la condición para
conceder sus más ricas bendiciones...
Este es un asunto diario. Cada mañana consagraos vosotros y vuestra familia
por ese día. No hagáis cálculos para meses o años, porque éstos
no son vuestros.
Se os entrega un breve día, y en ese único día trabajad para
vosotros mismos y para vuestra familia como si fuera el último. Entregad todos
vuestros planes a Dios para llevarlos adelante o abandonarlos, según os lo
indique su providencia.
De
esta manera estaréis colocando vuestra vida día tras día con sus planes y
propósitos en las manos de Dios, aceptando sus planes en lugar de los vuestros,
no importa cuánto interfieran con vuestros arreglos ni cuántos proyectos
agradables haya que abandonar.
Así la vida cada vez se amoldará más al Modelo divino; "y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" Fil. 4:7
(Signs of the Times, 7 de agosto, 1884). ELC 214
AUDIO. https://youtu.be/Rn_j1aInhww