Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo
he conocido que ha salido poder de
mí. (Luc. 8:46).
Hay dos clases de conexión entre los pámpanos
y la vid. Una es engañosa, superficial.
La muchedumbre que apretaba a Jesús
no tenía una unión viviente con él mediante la fe genuina. Pero una pobre
mujer que había estado sufriendo por muchos años y había gastado todos
sus recursos en médicos que no la habían curado sino empeorado, pensó
que si podía ponerse a su alcance, si sólo podía tocar el borde de su
manto, se sanaría.
Cristo comprendió todo
lo que había en su corazón y se puso allí donde ella tendría la oportunidad que
deseaba. El usaría de ese hecho para mostrar la diferencia entre el toque de
fe genuina y el contacto casual de los que se apretujaban a su alrededor
por mera curiosidad.
Cuando la mujer alargó la mano y tocó el borde de su manto pensó que ese toque furtivo
no sería advertido por nadie; pero Cristo lo advirtió y
correspondió a su fe con su poder sanador. Ella se dio cuenta en un
instante que había sido sanada, y el Señor Jesús no dejaría de llamar la
atención hacia una fe tal.
Rápidamente se volvió y preguntó: "…¿Quién es el que me ha tocado?" Todos los
discípulos lo estaban apretando de cerca, …y Pedro dijo: "…La
multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? Pero
Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha
salido poder de mi"
Cuando
la mujer vio que había sido descubierta
fue temblando a echarse a sus pies, y le contó su historia. Por doce años
había sufrido su mal, pero no bien su dedo tocó el borde del manto de Jesús
se había sanado.
Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz" (Luc. 8:45-48).
¡El solo toque de fe recibió su recompensa!
(Carta 130, 1898).
La fe que sirve, para ponernos en contacto vital con Cristo, expresa de nuestra parte, una suprema preferencia, perfecta confianza, entera consagración (Mensajes selectos, tomo 1, págs. 392, 393).
ELC 109
AUDIO. https://youtu.be/kBETp_wcIVE