Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones
que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo.
(Zac. 2:8).
La iglesia de Cristo,
por debilitada y defectuosa que sea, es el único objeto en la tierra al cual él
concede su suprema consideración... El Señor tiene un pueblo, un pueblo
escogido, su iglesia que debe ser suya, su propia fortaleza, que él sostiene en
un mundo rebelde y herido por el pecado (TM 11, 12).
La iglesia es la propiedad de Dios, y Dios la recuerda constantemente mientras ella está en el mundo, sujeta a las tentaciones de Satanás. Cristo nunca ha olvidado los días de su humillación. Al abandonar las escenas de su humillación, Jesús no perdió nada de su humanidad.
Conserva el mismo amor tierno y piadoso, y siempre es conmovido
por la angustia humana. Siempre tiene en cuenta que él fue un Varón de dolores,
experimentado en quebrantos. No olvida a su pueblo que lo representa, que está
luchando para sostener su ley pisoteada. Sabe que el mundo que lo ha odiado
odia también a su pueblo.
Aun cuando Cristo
Jesús ha pasado a los cielos, allí continúa siendo una cadena viviente que une
a sus creyentes con su propio corazón de amor infinito. Los más humildes y
débiles están unidos a su corazón por una cadena de simpatía. Nunca olvida que
es nuestro representante y que lleva nuestra naturaleza.
Jesús ve a su
verdadera iglesia en la tierra, cuya mayor ambición consiste en cooperar con él
en la grandiosa obra de salvar almas. Oye sus oraciones presentadas con
contrición y poder, y la Omnipotencia no puede resistir sus ruegos por la
salvación de cualquier miembro probado y tentado del cuerpo de Cristo...
Jesús vive siempre para interceder por nosotros. Por medio de nuestro
Redentor, ¿qué bendiciones
no recibirá el verdadero creyente?
La
iglesia, que está por entrar en su más severo conflicto, será el objeto más
querido para Dios en la tierra. La confederación del mal será impulsada por un
poder de abajo, y Satanás arrojará todo vituperio posible sobre los escogidos a
quienes no puede engañar y alucinar con sus invenciones y falsedades satánicas.
Pero... Cristo... ¿dejará de cumplir su promesa? No; nunca, nunca. (Id.,
págs. 15, 16). ELC 285
AUDIO. https://youtu.be/8jBVRvnIBgs