martes, 24 de febrero de 2026

24. ¡IRREPRENSIBLES! II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)


Para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios. (Fil. 1:10, 11).

El Señor no pide cosas imposibles a sus criaturas finitas... Nuestra gran necesidad es el poder de una vida más elevada, más pura y más noble. El pueblo de Dios debe llenarse de santo gozo cuyos rayos alumbran el sendero de otros. 

¡Qué poder, qué paz, qué gozo puede tener el alma que está unida con Cristo! El esplendor divino es revelado a aquellos que tienen comunión con Aquel que es la fuente de poder.

Poco sabemos de la paz, la felicidad y el gozo del cielo. Necesitamos más eficiencia. Necesitamos recibir de Cristo el agua de la vida para que sea en nosotros una fuente de agua que refresque a todos los que entran en la esfera de nuestra influencia...

En nuestro bautismo nos comprometimos a romper con Satanás y sus agentes y a poner alma, mente y corazón en la obra de extender el reino de Dios. Todo el cielo está trabajando para este fin. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están empeñados en cooperar con los instrumentos humanos santificados.

Si somos fieles a nuestros votos, está abierta para nosotros una puerta de comunicación 

con el cielo: una puerta que ninguna mano humana o agente satánico podrá cerrar...

A todos los creyentes se les promete perfección moral y espiritual, mediante la gracia y el poder de Cristo. A cada paso debemos pedir la ayuda de Cristo. Él es el modelo que debemos seguir en la formación del carácter. Cristo es la fuente de luz y vida...

Es su propósito que los seres humanos, purificados y santificados, sean su mano ayudadora. Él nos lleva ante el trono de Dios y nos da una oración para ofrecerle a él. Cuando vivimos esa oración somos llevados a un contacto íntimo con Cristo; a cada paso tocamos su poder viviente. Él pone en operación los agentes omnipotentes del cielo en favor nuestro (Review and Herald, 17 de mayo, 1906). ELC 62

AUDIO. https://youtu.be/WiDorqWlDOM


lunes, 23 de febrero de 2026

23. “VIVIR ABUNDANTEMENTE” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10).

No puede haber cosa tal como una vida estrecha para toda alma relacionada con Cristo. Los que aman a Jesús con mente, alma y corazón, y a su prójimo como a sí mismos, tienen un amplio campo para usar su habilidad e influencia. Ningún talento debe usarse para la complacencia propia. El yo debe morir y nuestras vidas deben estar escondidas con Cristo en Dios...

El Señor quisiera que evaluáramos nuestras almas según la estimación -hasta donde lo comprendemos- que Cristo les asignó... Jesús murió para poder redimir al hombre de la ruina eterna. Debemos, pues, considerarnos como una propiedad adquirida. "…No sois vuestros…". "Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1 Cor. 6:19, 20).

Todas las facultades de la mente, del alma y del cuerpo son del Señor. Nuestro tiempo le pertenece. Debemos ponernos en las mejores condiciones posibles para hacer su servicio, manteniéndonos constantemente en relación con Cristo y considerando diariamente el costoso sacrificio hecho por nosotros para que fuéramos hechos justicia de Dios en él. Así hemos de crecer hasta la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús...

El mirar continuamente a Jesús vivificará al alma en Dios... Amaremos a Jesús y amaremos al Padre 

que lo envió al mundo, porque lo veremos en una luz maravillosa, lleno de gracia y de verdad.

Jesús declara: "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre…" (Mat. 11:27). 

"…Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (Mat. 28:18).

¿Para qué? Para poder dar dones a los hombres, para que ellos puedan poner todas sus facultades a su servicio, para dar a conocer el maravilloso amor con el cual él nos amó...

Cuando estimamos nuestros talentos a la luz de la cruz del Calvario, de tal manera viviremos para Cristo y dejaremos brillar nuestra luz delante de los hombres que nuestras vidas nunca más nos parecerán estrechas. ¿Quién puede estimar el valor del alma? (Carta 23, 1890). ELC 61

AUDIO. https://youtu.be/uxXMuh2XoHE


domingo, 22 de febrero de 2026

22. “PARTICIPANTES DE LA NATURALEZA DIVINA” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. (2 Ped. 1:4).

"Participantes de la naturaleza divina". ¿Es esto posible? Por nosotros mismos no podemos 

hacer ninguna cosa buena. ¿Cómo, pues, podemos ser participantes de la naturaleza divina? 

Acudiendo a Cristo así como somos, necesitados, impotentes, dependientes. 

El murió para hacer posible que participáramos de la naturaleza divina.  

Llevó la humanidad sobre sí para que pudiera alcanzar la humanidad. Con la áurea cadena de su incomparable amor nos ha ligado al trono de Dios. Debemos tener poder para vencer como él venció.

A todos da la invitación: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mat. 11:28-30).

Tenemos una parte que realizar en esta obra. Que nadie piense que los hombres y las mujeres van a ser llevados al cielo sin estar empeñados en la lucha aquí abajo. Tenemos una batalla que pelear, una victoria que ganar. Dios nos dice: "…Ocupaos en vuestra salvación". ¿Cómo? "Con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2:12, 13).

Dios trabaja y el hombre trabaja. Debemos cooperar con Dios. 

Así solamente podremos ser participantes de la naturaleza divina...

Aquí está la solidez de la religión verdadera. Debemos ser "colaboradores de Dios" y trabajar en armonía con él. Somos "labranza de Dios, edificio de Dios" (1 Cor. 3:9). Esta figura representa el carácter humano que debe construirse poco a poco.

Dios trabaja cada día en su edificio para perfeccionarlo a fin de que llegue a ser un templo santo para él.

El hombre debe colaborar con Dios y procurar hacer de sí mismo lo que Dios quiere que sea, utilizando el poder divino y edificando su vida con ayuda de obras puras y nobles (Review and Herald, 14 de abril, 1904). ELC 60

AUDIO. https://youtu.be/1IiSrnHQc_0