lunes, 14 de septiembre de 2026

14. JESÚS NUESTRO ABOGADO. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiera 

pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (1 Juan 2:1).

Cuando seamos tentados a pecar, recordemos que Jesús está intercediendo por nosotros en el santuario celestial.  Cuando abandonamos nuestros pecados y venimos a él con fe, toma nuestros nombres en sus 

labios, y los presenta a su Padre diciendo: "Los tengo esculpidos

 en las palmas de mis manos; los conozco por nombre".

Y se ordena a los ángeles que los proteja. Luego en el día de terrible prueba dirá: "Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación" (Isa. 26:20).

 ¿Cuáles son los aposentos en los que han de esconderse? Son la protección de Cristo y de los santos ángeles. El pueblo de Dios no está en ese tiempo todo en un sólo lugar. Están en diferentes grupos y en 

todas las partes de la tierra; y serán probados individualmente, no 

en grupos. Cada uno tiene que soportar la prueba por sí mismo.

Nunca hubo un tiempo cuando el pueblo de Dios haya tenido mayor necesidad de reclamar sus promesas como ahora. Atraviese la mano de la fe la oscuridad y aférrese al brazo de poder infinito. Mientras hablamos de la necesidad de separarnos del pecado, recordemos que Cristo vino a nuestro mundo a salvar pecadores, y que "…puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios…" (Heb. 7:25).

Es nuestro privilegio creer que su sangre es capaz 

de limpiarnos de todo borrón y mancha de pecado. 

No debemos limitar el poder del Santo de Israel. Quiere que vayamos 

a él tales como somos, pecadores y contaminados, Su sangre es eficaz…

Si caéis en tentación, no os desaniméis. Esta promesa viene resonando hasta nuestros días: "…Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1). Yo siento que por 

esta sola promesa, un continuo canto de gratitud debiera salir de los 

labios de los mortales (Review and Herald, 19 de noviembre, 1908). 

ELC 265

AUDIO. https://youtu.be/bvfk0hhi0F8

 

domingo, 13 de septiembre de 2026

13. LUCHANDO CONTRA LA CORRIENTE. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la 

puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. (Luc. 13:23, 24).

Cuando leemos que muchos procurarán entrar no podrán, entonces deseamos comprender lo que debemos hacer para tener éxito. Esta es una triste declaración para nosotros: que habrá quienes fracasarán en entrar por la puerta angosta porque procuraron hacerlo, pero no se esforzaron...

Estamos en un mundo donde el pecado y la iniquidad prevalecen, y necesitamos saber lo que debemos hacer para heredar la vida. A ninguno de nosotros nos conviene perder el gran premio que se presenta al vencedor. Necesitamos saber que los pasos que estamos dando son hacia el cielo en vez de hacia la tierra...

Una solemne y grande responsabilidad descansa sobre nosotros los que profesamos obedecer los mandamientos de Dios: mostrar al mundo que nos rodea que estamos encaminando nuestros pasos hacia el cielo.

Y como avanzamos contra la corriente que está arrastrando a todos hacia abajo, deberíamos saber para qué nos esforzamos. Debemos avanzar hacia la meta del premio de nuestra soberana vocación en Cristo Jesús. No podemos permanecer en indiferente resistencia y todavía alcanzar el premio...

Hemos de crecer hasta alcanzar toda la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús, y así estaremos levantando un templo precioso para el Señor. Dice él: "…Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo" (2 Cor. 6:16)... Lo que necesitamos es el Espíritu de Dios en nuestras almas.

 Necesitamos poner nuestros rostros constantemente hacia el cielo. Y cuando vemos en 

nosotros que el pecado está luchando por el predominio, entonces debemos esforzarnos...

El misericordioso Salvador permanece precisamente a vuestro lado para ayudaros. Desea enviar a cada ángel glorioso mientras lucháis para vencer el pecado, de modo que Satanás no pueda ganar la victoria sobre vosotros... El tierno Redentor conoce exactamente cómo ayudarnos en cada uno de nuestros esfuerzos (Manuscrito 5, 1886). ELC 264

AUDIO. https://youtu.be/gUH6jFX65GA

 

sábado, 12 de septiembre de 2026

12. NINGUNO NECESITA SER VENCIDO. IX. EN LOS LUGARES CELESTIALES.

 

Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido 

la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. 

(Sant. 1:12).

Cuando las pruebas vienen sobre nuestras vidas, cuando las nubes oscurecen el horizonte, cuán pronto olvidamos que Jesús es nuestro Salvador, que detrás de las nubes está brillando el Sol de Justicia, que los ángeles están muy cerca de nosotros, preservándonos del mal.

Yo deseo decir al desesperado: Mira y vive. Espera en Dios, pues sobre la cruz del Calvario fue ofrecido un completo sacrificio por ti. Jesús es el Amigo del pecador, el Redentor del pecador. Eterna alegría, una vida de felicidad sin mengua, aguarda a quien entrega todo a Cristo. Vuelve los ojos de ti mismo a Jesús, quien está intercediendo ante el trono de Dios en tu favor.

Escucha sus palabras, "Venid a mí… y yo os haré descansar". "…Y al que a mí viene, no le echo fuera" (Mat. 11:28; Juan 6:37). Apodérate de las promesas de Dios con la mano de la fe. Aprópiate de esas bendiciones para ti mismo, no en algún tiempo futuro, sino hoy.

La tentación más fuerte no puede excusar el pecado. No importa cuán grande sea la presión ejercida sobre el alma, la transgresión es un acto nuestro. No hay poder de la tierra o del infierno que obligue a nadie a hacer el mal. Satanás nos ataca en nuestros puntos más débiles, pero no necesitamos ser vencidos.

Aunque el ataque sea severo o inesperado, Dios ha provisto ayuda para nosotros y en su fortaleza podemos vencer. En la hora de la mayor necesidad, cuando el desánimo abruma el alma, entonces Jesús viene muy cerca. La hora de la necesidad del hombre es la oportunidad de Dios. Él ve nuestro peligro y nos proporciona ayuda. Invisible para nosotros, nos salva del enemigo. Alabémosle en todo tiempo...

No penséis que cuando camináis con Jesús debéis hacerlo en la sombra. La gente más feliz del mundo es aquella que confía en Jesús y cumple sus órdenes alegremente. Él es la luz de la vida. El desasosiego y el descontento están desterrados de las vidas de los que le siguen.

 Con un corazón rebosante repiten las palabras del sabio: "Sus caminos son caminos deleitosos, 

y todas sus veredas paz" Prov. 3:17 (Review and Herald, 18 de abril, 1907). ELC 263

AUDIO. https://youtu.be/Y_7ZctDH63c