sábado, 16 de mayo de 2026

16. EN COMUNICACIÓN CON EL INFINITO. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová. (Jer. 9:23,24).

Hay una educación que es esencialmente mundanal. Su fin

 es dar éxito en el mundo, satisfacer la ambición egoísta.

Para conseguir esta educación muchos estudiantes dedican tiempo y dinero y llenan su mente de conocimientos innecesarios. El mundo los tiene por sabios; pero no tienen a Dios en sus pensamientos...

Hay otra clase de educación que es muy diferente. Su principio fundamental, según lo declaró el Mayor de los maestros que el mundo haya conocido, es: "…Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia…" (Mat. 6:33). 

Su fin no es egoísta; su propósito es honrar a Dios, y servirle en el mundo... Dios es la fuente de toda sabiduría. Él es infinitamente sabio, justo y bueno. Aparte de Cristo, los hombres más sabios que

 jamás hayan vivido no pueden comprenderlo. Pueden profesar ser sabios; pueden gloriarse de sus adquisiciones; pero el simple conocimiento intelectual, aparte de las grandes verdades que se concentran en Cristo, es como nada...

Si los hombres pudiesen ver por un momento más allá del alcance de la visión finita, si pudiesen discernir una vislumbre de lo eterno, toda boca dejaría de jactarse. Los hombres que viven en este mundo que es un pequeño átomo del universo son finitos; Dios tiene mundos innumerables que obedecen a sus leyes, y son conducidos para gloria suya.

Cuando en sus investigaciones científicas los hombres han ido hasta donde se lo permiten 

sus facultades limitadas, queda todavía más allá un infinito que no pueden comprender.

Antes que los hombres puedan ser verdaderamente sabios, deben comprender que dependen de Dios, y deben estar henchidos de su sabiduría, Dios es la fuente tanto del poder intelectual como del espiritual.

Los mayores hombres, que han llegado a lo que el mundo considera como admirables alturas de la ciencia, no pueden compararse con el amado Juan o el apóstol Pablo. La más alta norma de virilidad se alcanza cuando se combina el poder intelectual con el espiritual (Consejos para los maestros, págs. 53-55). 

ELC 144

AUDIO. https://youtu.be/AeBRBIO-aFQ


viernes, 15 de mayo de 2026

15. LA SENDA REAL. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. (Sal. 73:25).

El alma que mantiene encendido el amor de Cristo está llena de libertad, de luz y gozo en Cristo. 

En un alma tal no hay pensamientos divididos. El hombre entero desea ardientemente a Dios.

No acude a los hombres en busca de consejo, para conocer su deber, sino al Señor Jesús, la fuente de toda sabiduría. Investiga la Palabra de Dios para encontrar en ella cuanta norma haya sido establecida.

¿Podremos encontrar una guía más segura que el Señor Jesús? La verdadera religión está comprendida en la Palabra de Dios y consiste en estar bajo la dirección del Santo en pensamiento, palabra y hecho.

 El que es el camino, la verdad y la vida toma a la persona humilde, ferviente y devota que lo busca y le dice: Sígueme. La guía por el camino angosto a la santidad y al cielo. Cristo ha abierto este camino para nosotros con un gran costo para sí mismo.

No se nos ha dejado que tropecemos en las tinieblas mientras vamos por el camino. Jesús está a nuestra diestra proclamando: Yo soy el camino. Y todos los que decidan seguir plenamente al Señor serán guiados por la senda real, y más que esto, por el sendero divino trazado para que los redimidos del Señor vayan por él (Manuscrito 130, 1897).

Cuanto más aprendemos de Cristo por su Palabra, tanto más sentimos nuestra necesidad de él en nuestra experiencia. No deberíamos detenernos hasta que podamos descansar al llevar el yugo de Cristo y sus cargas.

Cuanto más fieles seamos en su servicio, tanto más lo amaremos, tanto más lo ensalzaremos. Todo deber, grande o pequeño, que realicemos, será hecho con fidelidad, y al seguir conociendo a nuestro Señor, tanto mayor y será nuestro deseo de glorificarlo (Id. 131 1897)...

¿Podemos decir al contemplar a nuestro Redentor: "¿A quién tengo 

yo en los cielos sino a ti? ¿Y fuera de ti nada deseo en la tierra"? 

(Ibíd.). ELC 143

AUDIO. https://youtu.be/Atd_G-0YEwQ


jueves, 14 de mayo de 2026

14. LA CULTURA MAS ELEVADA. V. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia. (Prov. 3:13).

El temor del Señor es el principio de la sabiduría, y el hombre que accede a ser modelado 

y plasmado a la semejanza divina, es el ejemplar más noble de la obra de Dios...

El conocimiento experimental de la verdadera piedad, en la consagración y el servicio diarios a Dios, asegura la cultura más elevada de la mente, el alma y el cuerpo... La recepción del poder divino honrará nuestros sinceros esfuerzos en busca de sabiduría para el uso concienzudo de nuestras facultades más elevadas para honra de Dios y bendición de nuestros semejantes. Como estas facultades son derivadas de Dios y no autocreadas, deberían ser apreciadas como talentos de Dios para ser empleados en su servicio.

Las facultades mentales que el cielo nos da deben ser tratadas como los poderes más elevados para gobernar el reino del cuerpo. Los apetitos y las pasiones naturales deben ser puestos bajo el control de la conciencia y los afectos espirituales...

La religión de Jesucristo nunca degrada a quien la recibe, nunca lo hace rudo o torpe, descortés o presumido, apasionado o duro de corazón. Al contrario, refina el gusto, santifica el juicio, purifica y ennoblece los pensamientos llevándolos en cautividad a Jesucristo.

El ideal de Dios para sus hijos excede el más elevado pensamiento humano. 

El Dios viviente ha dado en su santa ley un trasunto de su carácter.

El mayor Maestro que el mundo haya conocido alguna vez es Jesucristo. ¿Y cuál es la norma que ha dado para que la alcancen todos los que creen en él? "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto" (Mat. 5:48).

Así como Dios es perfecto en su elevada esfera de acción, el hombre puede ser

 perfecto en su esfera humana. El ideal del carácter cristiano es la semejanza con Cristo.

Ante nosotros se abre una senda de progreso continuo. Tenemos un objeto que alcanzar, una norma

que lograr, la cual incluye todo lo que es bueno, puro, noble y elevado (Manuscrito 16, 1896). ELC 142

AUDIO. https://youtu.be/x-Y_2CeeWSw