Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como
las
águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. (Isa. 40:31).
Se necesita mucha oración
para alcanzar el éxito en el esfuerzo. La oración da poder. Las oraciones "…conquistaron
reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon
bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos..., pusieron en fuga
ejércitos extranjeros" (Heb. 11:33, 34).
Jesús
vivía en dependencia de Dios y en comunión con él. Los
hombres acuden de tanto en tanto al lugar secreto del Altísimo, bajo
la sombra del Omnipotente; quedan allí un tiempo, y el resultado se
ve en sus acciones nobles; luego decae su fe, se interrumpe la
comunión y se estropea la obra de la vida.
PERO LA VIDA DE JESÚS era de constante confianza, sostenida por la comunión
continua, y su servicio para el cielo y la tierra no conoció
fracasos ni desmayos.
Los obreros cristianos
nunca podrán alcanzar pleno éxito hasta que aprendan el secreto
de la fuerza. Deben tomarse tiempo para pensar, orar, esperar de
Dios una renovación de las facultades físicas, mentales y espirituales.
Necesitan la influencia
elevadora de su Espíritu. Al recibirlo serán reanimados con vida
refrigerante. El cuerpo fatigado y el cerebro cansado serán
refrigerados, el corazón cargado recibirá descanso (Carta 1,
1904).
La oración es el aliento del
alma. Es el secreto del poder espiritual. No puede ser sustituida
por ningún otro medio de gracia, y conservar, sin embargo,
la salud del alma.
La oración pone al corazón en inmediato contacto con la Fuente de la vida, y fortalece
los tendones y músculos de la experiencia religiosa
(Obreros evangélicos, pág. 268).
La
oración en familia y la que se hace en público
tienen su lugar; pero es la comunión secreta con Dios la que
sostiene la vida del alma... Es en el monte con Dios -el lugar
secreto de comunión- donde hemos de contemplar su glorioso ideal
para la humanidad (Id., pág. 267). ELC 84
AUDIO.
https://youtu.be/v2-cmDP6poE