jueves, 24 de septiembre de 2026

24. LAS NUBES PASARÁN. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

El corazón alegre hermosea el rostro; más por el dolor del corazón el espíritu se abate. (Prov. 15:13).

El dolor viene y se va, ésa es la suerte del hombre; deberíamos no tratar de agrandarlo, sino más bien detenernos en lo que es brillante y placentero. Cuando el invierno extiende su cobertura de hielo sobre 

la tierra, no permitimos que nuestra alegría se hiele con las flores y los arroyos, 

y continuamente nos lamentamos a causa de los días tristes y los vientos fríos. 

Por el contrario, penetramos hacia adelante con la imaginación en el próximo verano, con su calor, vida y belleza... Ahora mismo una nube ha ocultado de nuestra vista los brillantes rayos del sol y quedamos en la sombra.

¿Deberíamos irritarnos y quejarnos por eso y olvidar todo lo que es brillante y hermoso a nuestro alrededor? No; deberíamos olvidar la nube y recordar que el sol no ha sido aniquilado, sino que ha velado su rostro solamente por un momento...

Dios no se complace en que tengamos que pasar nuestras vidas en el desaliento y la melancolía, magnificando cada prueba que nos llega. Al hacerlo, no solamente nos afligimos, sino que ensombrecemos la felicidad de aquellos que nos rodean.

No deberíamos escudriñar las oscuras sombras de la experiencia de nuestra vida ni detenernos en ellas, sino más bien abrir los ojos y estimular los sentidos para ver y apreciar las muchas bendiciones que nos circundan, las cuales deberían hacernos no solamente agradecidos sino muy felices.

Es la voluntad de Dios que seamos alegres... Aquellos que se relacionan con

 nosotros son afectados para bien o para mal por nuestras palabras y acciones. 

Estamos inconscientemente difundiendo la fragancia de nuestro carácter en la atmósfera moral que nos circunda, o estamos envenenando esa atmósfera con pensamientos, palabras y hechos que tienen una influencia deletérea sobre aquellos con quienes nos asociamos. "Nadie vive para sí" 

(Discurso de la Sra. White a los pacientes del Sanatorio en Goguac Lake; folleto de 1878, págs. 23-25). ELC 275

AUDIO. https://youtu.be/FjCxyGBoK_8

 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

23. DULZURA A TRAVÉS DE LA AFLICCIÓN. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. (2 Cor. 1:4).

Los que han soportado los mayores sufrimientos son frecuentemente quienes proporcionan mayor consuelo a otros... Los tales han sido purificados y dulcificados por sus aflicciones; no perdieron su confianza en Dios cuando los asaltó la prueba, sino que se unieron más estrechamente a su amor protector.

 Los tales son pruebas vivientes del tierno cuidado de Dios, quien 

hace la oscuridad, así como la luz y nos castiga para nuestro bien... 

(Discurso de la Sra. White a los pacientes del Sanatorio en Goguac Lake, folleto de 1878, pág. 26).

Es egoísta dedicar nuestro precioso tiempo a lamentar nuestras frustradas esperanzas... Deberíamos ser animosos, aunque fuera únicamente por el beneficio de aquellos que dependen más o menos de nosotros para su felicidad...

Dejemos que la nube que nos ensombrece cruce, mientras esperamos pacientemente hasta que el limpio cielo azul aparezca otra vez, y la bendita luz del sol sea revelada...Olvidemos todos el yo tanto como sea posible, cultivemos la jovialidad, busquemos alegrar las vidas de otros y entonces tendremos menos deseos de lamentar nuestra propia suerte...

El afligido puede reanimarse, el desalentado puede tomar esperanza, pues en Jesús tienen un amigo que simpatiza. Podemos volcar en sus compasivos oídos todas nuestras pruebas y dolores.

Cuando nos reunimos no sea para hablar de tinieblas e incredulidad, para repasar los capítulos sombríos de la experiencia de nuestra vida. Hablemos del amor de Dios que se nos ha manifestado, que se advierte en la naturaleza, en el firmamento y en todas las sabias disposiciones de la Providencia.

Busquemos los rayos de la luz del sol que ha iluminado nuestro sendero y detengámonos sobre su recuerdo con corazones agradecidos. Espaciémonos en el incomparable amor de Cristo, pues en él 

tenemos un constante tema de regocijo. En él no hay tinieblas. Él es la luz de la vida,

 señalado entre diez mil, y todo él codiciable (Ibíd., págs. 25-27). ELC 274

AUDIO. https://youtu.be/ElHUI2du0RE


martes, 22 de septiembre de 2026

22. EN LA HORA DEL DOLOR (Pésame A Una Familia) IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; porque 

no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres. (Lam. 3:32, 33).

Este mundo, es el escenario de nuestras pruebas, nuestros dolores, nuestros pesares. Estamos aquí para soportar la prueba de Dios. El fuego del horno debe avivarse hasta que nuestra escoria sea consumida y salgamos como oro purificado en el horno de la aflicción... Saldrá luz de estas tinieblas que a veces a Ud. le parecen incomprensibles.

 "…Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito" (Job 1:21). Sea éste el lenguaje de su corazón. La nube de misericordia se cierne sobre su cabeza aun en la hora más oscura.

Los beneficios de Dios para nosotros son tan numerosos como las gotas de lluvia que caen de las nubes a la tierra reseca para regarla y refrescarla. La misericordia de Dios está sobre Ud. María, esa querida y preciosa niña, descansa. Ella fue la compañera de sus dolores y sus frustradas esperanzas. No tendrá más aflicción o necesidad o angustia.

Mediante el ojo de la fe Ud. puede anticipar, en medio de sus dolores y angustias y perplejidades, que su María con su madre y otros miembros de su familia responderán al llamamiento del Dador de la vida y saldrán de su cárcel triunfando sobre la muerte y la tumba.

 Su fe puede ver a los seres amados y a los perdidos reunidos entre los redimidos de la tierra. Ud., antes de mucho, si es fiel, estará caminando con ellos por las calles de la Nueva Jerusalén, cantando el cántico de Moisés y del Cordero, llevando la enjoyada corona...

Si pudieran sus ojos ser abiertos, vería a su Padre celestial inclinado sobre Ud. en amor, y si pudiera escuchar su voz, seria en tonos de compasión hacia Ud. que está postrado por el sufrimiento y la aflicción (Carta 71, 1878). ELC 273

AUDIO. https://youtu.be/670RzLDy0JQ