Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste
llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. (1 Tim. 6:12).
Hay continuas batallas
que pelear y no estamos a salvo ni un momento a menos que nos coloquemos bajo
el cuidado de Aquel que dio su propia vida preciosa para hacer posible que cada
uno que crea en él como el Hijo de Dios, cuando se vea frente a la presión de
la variada ciencia de Satanás, pueda escapar de la corrupción que hay en el
mundo a causa de la concupiscencia.
Es plenamente capaz en
respuesta a nuestra fe, de unir nuestra naturaleza humana con la suya divina.
Al confiar en la naturaleza divina y al participar de ella y al fortalecer
nuestros esfuerzos, estamos proclamando que la misión de Cristo sobre la tierra
es paz en la tierra y buena voluntad para con los hombres.
Debemos hablar
de los peligros de la guerra contra enemigos invisibles y llevar puesta nuestra
armadura, porque no estamos guerreando contra carne ni sangre, sino contra
principados y potestades y huestes espirituales de maldad en las regiones
celestes... Por lo tanto necesitamos mantenernos bajo la constante custodia de
los santos ángeles.
El seguir a Cristo
no significa estar libre de conflictos. No es un juego de niños. No
es ociosidad espiritual. Todo el gozo del servicio de Cristo significa
la sagrada obligación de enfrentar a menudo duros conflictos.
Seguir
a Cristo significa duras batallas, labor activa,
guerra contra el mundo, la carne y el maligno. Las victorias
ganadas por Cristo en guerra dura y cruenta serán nuestro gozo... Estamos
alistados para luchar "no por la comida que perece, sino por la comida
que a vida eterna permanece" (Juan 6:27).
Debemos procurar nuestra salvación con temor y temblor... Se requiere una vigilancia continua para ser fieles hasta la muerte, para pelear la buena batalla de la fe hasta que termine la guerra y como vencedores recibamos la corona de la vida (Manuscrito 156,1907). ELC 118
AUDIO. https://youtu.be/Vlz2gAiMzDw