martes, 14 de julio de 2026

14. EL MATRIMONIO, INSTITUCIÓN SAGRADA. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová. (Prov. 18:22).

El matrimonio recibió la sanción y bendición de Cristo y debe considerarse como una institución sagrada. La verdadera religión no contrarresta los planes del Señor. Dios ordenó que la mujer se uniera al hombre en santo matrimonio para formar familias coronadas de honra que fueran símbolos de la familia celestial... El matrimonio, cuando se forma con pureza y santidad, verdad y justicia, es una de las mayores bendiciones dadas a la familia humana...

El amor divino que emana de Cristo nunca destruye el amor humano, sino que lo abarca, refinado y purificado. Por él, el amor humano es elevado y ennoblecido. El amor humano nunca puede llevar su precioso fruto hasta que sea unido con la naturaleza divina y ejercitado a crecer hacia el cielo.

Jesús quiere ver matrimonios felices, hogares felices. El calor de la verdadera amistad 

y el amor que une los corazones del esposo y la esposa es un goce anticipado del cielo.

Dios ordenó que haya perfecto amor y armonía entre los que contraigan matrimonio. Que el esposo y la esposa se comprometan en la presencia del universo celestial a amarse el uno al otro como Dios lo ordenó...

Con una parte del hombre Dios hizo una mujer, a fin de que fuese ayuda idónea para él, que fuese una con él, que lo alegrase, lo alentase y bendijese, mientras que él a su vez debía ser su fuerte auxiliador.

Todos los que contraen relaciones matrimoniales con un propósito santo: el esposo para obtener los afectos puros del corazón de una mujer, y ella para suavizar, mejorar y completar el carácter de su esposo, cumplen el propósito que Dios tiene para ellos...

El que formó a la primera pareja santa y el que creó un paraíso para ella, ha puesto su sello sobre la institución matrimonial, celebrada en el Edén por primera vez, cuando las estrellas de la mañana cantaban y se regocijaban todos los hijos de Dios (Manuscrito 16, 1899). 

ELC 203

AUDIO. https://youtu.be/fjbzqXOHrOk

 

lunes, 13 de julio de 2026

13. NUESTRA SUPREMA OBLIGACIÓN. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis 

padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1Ped. 5:10).

Es tan perfecta la representación del carácter que los hombres deben tener para ser discípulos de Cristo, que el incrédulo ha dicho que no es posible para ningún ser humano alcanzarla. Pero los que profesan ser hijos de Dios no deben tener una norma inferior a ésta.

Los incrédulos no saben que se da ayuda celestial a los que la buscan por fe. Se ha hecho toda provisión en favor de cada alma que trate de participar de la naturaleza divina y de encontrar su plenitud en Jesucristo. Debe discernirse todo defecto y eliminárselo del carácter con determinación y sin contemplaciones.

El pueblo de Dios debe realizar cada acto con devoción. Debe participar de cada comida como si supiera que es una muestra del amor del Dios infinito hacia ellos. La terminación de un deber debe 

ser el comienzo del próximo que se presente. Entonces el carácter cristiano 

se manifestará en una vida de continua obediencia y servicio a Jesucristo.

Cualquiera sea la clase de negocios a que se dediquen los hombres, si son cristianos deben llevar 

el yugo del deber a Cristo. Esta es su lealtad. Deben considerarse atados por obligaciones superiores.

El Maestro, Jesucristo, ha puesto su yugo al cuello de cada discípulo. Al aceptar su yugo, éste se compromete a prestarle servicio durante toda la vida. Todo lo que pueda dañar o estorbar su servicio perfecto a Dios debe quitarse, de cualquier naturaleza o carácter que sea. No debiéramos darle a Dios un servicio dividido.

El Señor ha unido su naturaleza con la humanidad expresamente para que pudiera

 convertirse en un objeto más tangible y definido de nuestra contemplación y amor. 

Nos invita a acercarnos y contemplar la gran luz, el Dios invisible vestido de ropaje humano emitiendo una gloria suavizada y amortiguada para que nuestros ojos puedan soportarla (Carta 117, 1896). ELC 202

AUDIO. https://youtu.be/JbyjLNZZbWU

 

domingo, 12 de julio de 2026

12. COMPLETA SANTIFICACIÓN. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y

 cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.  (1 Tes. 5:23).

La santificación: ¿Cuántos la comprenden en su pleno significado? La mente 

está nublada por la malaria sensual. Los pensamientos necesitan purificación.

¡Qué no habrían sido hombres y mujeres si se hubieran dado cuenta de que el cuidado del cuerpo es importantísimo en lo que atañe al vigor y la pureza de la mente y del corazón! Hombres y mujeres han sido comprados por precio, ¡y qué precio! Nada menos que la vida del Hijo de Dios.

¡Qué terrible es para ellos ponerse en una situación en la cual sus facultades físicas, mentales y morales sean corrompidas, donde pierdan su vigor y pureza! Tales hombres y mujeres no pueden ofrecer un sacrificio aceptable a Dios (Carta 139, 1898).

El verdadero cristiano obtiene una experiencia que santifica. No tiene ninguna mancha de culpa sobre la conciencia, ni sombra de corrupción en el alma. La espiritualidad de la ley de Dios, con sus principios limitadores, es traída a su vida. La luz de la verdad irradia su comprensión.

Una irradiación de perfecto amor por el Redentor disipa el miasma que se ha interpuesto entre su 

alma y Dios. La voluntad de Dios ha llegado a ser su voluntad, pura elevada, refinada y santificada.

Su rostro revela la luz del cielo. Su cuerpo es un templo idóneo para el Espíritu Santo. La santidad adorna su carácter. Dios puede comunicarse con él, porque alma y cuerpo están en armonía con Dios (Ibíd).

El corazón santificado está en armonía con los preceptos de su ley. Muchos son los que, 

aunque se esfuerzan por obedecer los mandamientos de Dios, tienen poca paz y alegría.

Esa falta en su experiencia es el resultado de no ejercer fe. Caminan como si estuvieran en una tierra salitroso, o en un desierto reseco. Demandan poco, cuando podrían pedir mucho por cuanto no tienen límite las promesas de Dios.

Los tales no representan correctamente la santificación que viene mediante la obediencia a la verdad... Mediante [la fe] puede ser suplida cada deficiencia del carácter, cada contaminación purificada, cada falta corregida, cada excelencia desarrollada (Los hechos de los apóstoles, pág. 450). ELC 201

AUDIO. https://youtu.be/x9MEicVFVLc