martes, 3 de marzo de 2026

03. “FORTALEZA MEDIANTE LA ORACIÓN” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. (Sal. 95:6).

Cristo ha dado a sus discípulos indicaciones ciertas en cuanto a la necesidad de dedicar períodos de tiempo especiales a la devoción. La oración precedió y santificó cada acto de su ministerio...

Los momentos nocturnos de oración que el Salvador pasó en la montaña o en el desierto eran esenciales para prepararlo para las pruebas que debía enfrentar en los días que seguirían. Sentía la necesidad de refrigerar y vigorizar alma y cuerpo para poder enfrentar las tentaciones de Satanás; y los que están esforzándose por vivir la vida de Cristo sentirán esta misma necesidad...

Cristo se ha entregado para ser nuestro sustituto y garantía y no descuida a nadie. Hay una reserva inacabable de perfecta obediencia que proviene de su obediencia. Sus méritos, su abnegación y sacrificio propio están atesorados en el cielo como incienso para ser ofrecidos con las oraciones de su pueblo. 

A medida que las oraciones humildes y sinceras del pecador ascienden al trono de Dios, Cristo mezcla con ellas los méritos de su vida de perfecta obediencia. Nuestras oraciones reciben la fragancia de este incienso...

Recordemos todos que los misterios del reino de Dios no pueden aprenderse por 

el razonamiento. La verdadera fe y la verdadera oración: ¡cuán poderosas son!

La oración del fariseo no tenía ningún valor, pero la oración del publicano fue oída en los atrios celestiales porque mostraba la dependencia que trataba, de alcanzar la Omnipotencia para asirse de ella. El yo no era sino una vergüenza para el publicano. Así debería ser con todos los que buscan a Dios. La fe y la oración son los dos brazos que el necesitado suplicante echa al cuello del Amor infinito...

Mientras vamos por el camino hablamos con Jesús, y él nos dice: "Estoy a tu derecha". Podemos andar en diario compañerismo con Cristo. Cuando expresamos nuestro deseo... es a Dios a quien hablamos, y la oración es oída. Entonces pedid; "pedid y se os dará…" (Mat. 7:7).

(Review and Herald, 30 de octubre, 1900). ELC 70

AUDIO. https://youtu.be/Ta_4bE3jMfk


lunes, 2 de marzo de 2026

02. ¿Á QUIEN ACEPTA DIOS? III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

…Pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, que tiembla a mi palabra. (Isa. 66:2).

Los que buscan la aprobación y la gloria del mundo cometen un lamentable error. El que se niegue a sí mismo, dando la preferencia a otros, será quien se siente más cerca de Cristo en su trono.

El que lee el corazón ve el verdadero mérito que poseen sus humildes y abnegados discípulos, y los pone en posiciones destacadas porque son dignos, aunque éstos no se den cuenta de ello ni busquen honores...

Dios No Asigna Ningún Valor a la apariencia exterior o a la jactancia. Muchos que en esta vida son considerados superiores a otros verán un día, que Dios evalúa a los hombres de acuerdo con la compasión, y abnegación que tienen... Los que siguen el ejemplo del que anduvo haciendo bienes, los que ayudan y bendicen a su prójimo, tratando siempre de aliviarlo, están a la vista de Dios en una posición infinitamente más elevada que los egoístas que se exaltan a sí mismos.

Dios No Acepta A Los Hombres debido a sus capacidades, sino porque éstos buscan su rostro, deseosos de su ayuda. Dios no ve, cómo ve el hombre. No juzga según las apariencias. Investiga el corazón y juzga rectamente. "Pero miraré", declara, "a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra" (Isa. 66:2).

El acepta y comulga con sus seguidores humildes y modestos; porque en ellos ve, el material más precioso que resistirá la prueba de la tormenta y de la tempestad, del calor y de la presión.

Nuestro objeto al trabajar por el Maestro; debería ser que su nombre sea glorificado en la conversión de los pecadores. Los que trabajan para ganar aplausos no son aprobados por Dios...

Los obreros humildes, que no confían en sus grandes dones pero que trabajan con sencillez, confiando siempre en Dios, compartirán el gozo del Salvador (Review and Herald, 4 de julio, 1907). ELC 69

AUDIO. https://youtu.be/KbJTEuPyX0U


  

domingo, 1 de marzo de 2026

01. “PIDÁMOSLE A DIOS” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual 

da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. (Sant. 1:5).

Es el privilegio de cada creyente hablar primero con Dios en su intimidad, y luego, como vocero de Dios, hablar con otros. Para tener algo que impartir, debemos recibir diariamente luz y bendiciones. 

Hombres y mujeres que tienen comunión con Dios, que tienen a Cristo morando en ellos, que están circundados de santa influencia porque colaboran con santos ángeles, son los que se necesitan en este tiempo. La causa necesita a los que tienen poder de trabajar con Cristo, poder de expresar el amor de Dios en palabras de ánimo y simpatía.

Cuando el creyente se inclina en súplica ante Dios, y en humildad y contrición ofrece su petición con labios no fingidos, pierde todo pensamiento egoísta. Su mente se llena del pensamiento de qué debe poseer para poder formar un carácter semejante a Cristo.

El Ora: "Señor, si debo ser un canal a través del cual tu amor debe fluir día tras día y hora tras hora, reclamo por la fe la gracia y el poder que tú has prometido". Se aferra firmemente de la promesa: "Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios... y le será dada".

¡Cuánto se agrada el Maestro con esta dependencia! 

¡Cómo se deleita en oír la súplica ferviente e incesante!...

Con gracia maravillosa y ennoblecedora el Señor santifica al humilde que ruega, dándole poder para cumplir con las más pesadas responsabilidades. Todo lo que se emprende se hace para el Señor, y esto 

eleva y santifica la petición más insignificante. Reviste de nueva dignidad cada palabra, cada acto, y une

 al más humilde obrero, al más pobre de los siervos de Dios con el mayor de los ángeles de las cortes celestiales...

Los hijos y las hijas de Dios tienen que hacer una gran obra en el mundo. 

Deben aceptar la Palabra de Dios como su consejera y han de impartirla a otros.

Deben hacer brillar la luz... En su conversación y en su comportamiento mostrarán que gozan de una conversión diaria a los principios de la verdad (Review and Herald, 4 de marzo, 1909). ELC 68

AUDIO. https://youtu.be/AIe-jtYsgtA