miércoles, 28 de octubre de 2026

28. VIVIR POR ENCIMA DEL MUNDO. X. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas 

que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. (2 Cor. 4:18).

En sus enseñanzas, Cristo trató de concertar las demandas del cielo y de la tierra... Vio que los hombres están en peligro de fomentar un excesivo amor por el mundo. El amor a Dios es suplantado por un amor por el mundo. Solamente el poder del Dios omnipotente puede desalojar este amor.

Las cosas que son terrenas y temporales llevan a los hombres lejos de Dios, aunque las ganancias que se puedan obtener sean como un átomo de comparación con las realidades eternas... Desviado de las atracciones celestiales, de riquezas imperecederas, de paz, de la nobleza del alma, el hombre gasta pródigamente sus afectos en cosas indignas y que no satisfacen.

 Y en constante contemplación de este mundo, llega a amoldarse a él. Su mente, capaz de elevarse y con el privilegio de aferrarse de las eternas bendiciones de los santos, se desvía de una eternidad de grandeza... Se humilla y empequeñece al aliarse con las cosas mundanales.

Jesús vino a cambiar este orden de cosas, para corregir este mal, tan difundido. Eleva su voz como voz de Dios en amonestación, reprobación y súplica, tratando de romper la fascinación que infatúa, esclaviza y entrampa a los hombres.

Les presenta el mundo futuro y ...dice "Porque ¿qué aprovechará al 

hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ..." (Mat. 16:26).

Dios quiere que nos elevemos por encima del mundo.  Jesús, el Redentor del mundo, nos presenta la herencia eterna, las riquezas inmortales... Saca al mundo de su posición de jactanciosa supremacía y lo coloca en un lugar donde debería estar, sujeto al mundo espiritual y eterno...

Cristo se dio así mimo como sacrificio por el mundo. Gozosamente dio su propia vida como rescate por un mundo apóstata. Y no concibe que el egoísmo y la mundanalidad existan en los corazones de sus seguidores. 

La sumisión al mundo está expresamente prohibida en la palabra de Dios. Los elegidos de Dios deberían ser justamente lo que él se proponía que fuesen, y lo que el apóstol declara que son: un "…espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres" (1 Cor. 4:9) Review and Herald, 2 de febrero, 1897) ELC 309

AUDIO. https://youtu.be/FTMHIHf8dlk

 

martes, 27 de octubre de 2026

27. ¿DONDE TENÉIS PUESTA VUESTRA MIRA? X. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado 

a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. (Col. 3:1, 2).

Podemos anticiparnos en demasía en cuanto a las cosas de esta vida, y encontrarnos con frustraciones. Hallaremos que ellas [nuestras previsiones] se desvanecen. Pero aquí hay "…una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros" (1 Ped. 1:4).

Tenemos necesidad de que nuestros pensamientos se arraiguen en las cosas que permanecerán, no sobre aquellas que se gastan con el uso. Si establecemos nuestra esperanza en el mundo inmortal, futuro, no seremos chasqueados.

Cuando Cristo vino a este mundo, vio que los hombres habían dejado fuera de sus cálculos la vida eterna, futura. Vino para presentar esa vida delante de nosotros, para que con su contemplación pudiéramos ser guiados a cambiar nuestra relación con las cosas de esta vida, para que nuestros afectos pudieran ser puestos en. las cosas de arriba, y no en las cosas de la tierra, que se desvanecen tan pronto.

  Cristo trata de desvanecer la sombra que Satanás ha originado para interferir entre nuestras almas y Dios, para que la visión de Dios y la eternidad pueda ser clara. Aunque Cristo no desprecia este mundo, lo colocó en su adecuada posición de subordinación. Y entonces pone las cosas eternas en su importancia relativa delante de nosotros, para que podamos fijar la mirada de la fe en lo invisible. 

Las cosas de interés temporal tienen el poder de absorber los pensamientos y los afectos, y es importante que constantemente encaucemos y eduquemos nuestros pensamientos a espaciarse en las cosas de interés eterno.

¿Nos hará infelices esto? ¿Nos pondrá en situación difícil aquí? Por cierto que no... Mientras más del Espíritu de Dios y de su gracia sea llevado dentro de nuestra experiencia diaria, habrá menos disensión, tendremos más gozo y lo impartiremos más a otros (Review and Herald, 8 de marzo, 1892). ELC 308

AUDIO. https://youtu.be/BeGgJQYfABE


lunes, 26 de octubre de 2026

26. "PARA MEMORIA DELANTE DE DIOS" X. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

…Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios. (Hech. 10:4).

Es un maravilloso favor para cualquier hombre en 

esta vida el ser alabado por Dios como lo fue Cornelio. 

¿Y cuál fue la razón de esta aprobación? 

"Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios".

Ni la oración ni la limosna tienen ninguna virtud en sí mismas para recomendar a Dios al pecador. Sólo la gracia de Cristo, por medio de su sacrificio expiatorio, puede renovar el corazón y hacer nuestro servicio aceptable a Dios.

Esta gracia conmovió el 

corazón de Cornelio...

El Espíritu de Cristo había hablado a su alma. Jesús lo había atraído y se había rendido a esa atracción. Sus oraciones y sus limosnas no le fueron impuestas; no eran un precio que trataba de pagar para conseguir el cielo, sino que fueron el fruto del amor y la gratitud hacia Dios.

Una oración tal hecha por un corazón sincero, asciende como incienso delante del Señor; y las ofrendas para su causa y las limosnas para los necesitados y dolientes, son un sacrificio que le complace.

Por esa razón las ofrendas de los hermanos de Filipos, que ayudaban a las necesidades del apóstol Pablo, mientras era prisionero en Roma, se dice que eran "…olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios" (Fil. 4:18).

La oración y las limosnas están estrechamente vinculadas; son la manifestación de nuestro amor a Dios y a nuestros semejantes. Son la manifestación de los dos grandes fundamentos de la ley divina: "Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas... Y... amarás a tu prójimo como a ti mismo…" (Mar. 12:30, 31).

Por lo tanto, aunque nuestras ofrendas no puedan recomendarnos delante de Dios o ganar su favor, son una evidencia de que hemos recibido la gracia de Cristo. Son la prueba de la sinceridad de nuestra profesión de amor (Review and Herald, 9 de mayo, 1893).

ELC 306

AUDIO. https://youtu.be/0_TFCfJ07gg