viernes, 6 de marzo de 2026

06. “DULCE COMUNIÓN CON NUESTRO SALVADOR” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. (1 Juan 1:3).

Es nuestro privilegio gustar la dulzura de la comunión con un Salvador crucificado 

y resucitado. Pero para que esto sea posible debe entregarse el yo a Dios.

La complacencia propia significa que no se está siguiendo a Cristo abnegadamente y llevando la cruz. Cuando el yo lucha por los primeros puestos, las percepciones espirituales se debilitan. Los ojos se apartan de Cristo para posarse sobre la pobre imagen del yo. No podemos permitirnos llegar a estar separados de Cristo. Debemos seguir mirando a Cristo, el autor y consumador de nuestra fe...

Al estar en comunión con Cristo, esa luz preciosa y santa brilla en nuestras almas hasta que todo ámbito queda alumbrado, y llegamos a ser luces brillantes en el mundo que reflejan a otros la gloria de Cristo. Debemos mantener a Cristo delante de nosotros como ejemplo de perfección (Carta 48, 1903).

La comunión con Dios es la vida del alma. No es algo que podamos interpretar, algo que podamos vestir con hermosas palabras pero que no nos da la genuina experiencia que hace nuestras palabras de real valor. La comunión con Dios nos da una experiencia diaria que de veras hace que nuestro gozo sea cumplido.

Los que tienen esta unión con Cristo lo demostrarán en espíritu, en palabra y en obra. La profesión [de fe] no es nada a menos que se manifiesten buenos frutos en palabra y en obra. La unidad, el compañerismo de unos con otros y con Cristo, éste es el fruto que lleva cada rama de la vid viviente. El alma purificada, nacida de nuevo, tiene un testimonio claro y distinto para dar...

Siguiendo el ejemplo de Cristo de servicio abnegado, confiando como niñitos en sus méritos y guardando sus mandamientos, recibiremos la aprobación de Dios. Cristo morará en nuestros corazones y nuestra influencia será fragante con su justicia (Review and Herald, 30 de junio, 1910). ELC 73

AUDIO. https://youtu.be/vlxspTsoW0s



jueves, 5 de marzo de 2026

05. “CARTAS AL CIELO” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar

 misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro (Heb. 4:16).

La oración no es una expiación por el pecado. No es una penitencia. No necesitamos ir a Dios como criminales condenados; porque Cristo ha pagado la penalidad de nuestras transgresiones. Él ha hecho la expiación por nosotros. Su sangre limpia del pecado.

 Nuestras oraciones son como cartas enviadas desde la tierra, dirigidas a nuestro Padre en los cielos.

Las peticiones que ascienden de los corazones sinceros y humildes seguramente llegarán hasta él.

Él puede discernir la sinceridad de sus hijos adoptados. Él tiene piedad de nuestras

 debilidades y fortalece nuestras flaquezas. Él dijo: "Pedid, y recibiréis".

Muchos [de los miembros] de la familia humana no saben lo que deberían pedir como debieran. 

Pero el Señor es bondadoso y tierno. El alivia sus flaquezas dándoles palabras para hablar.

El que acude con deseo santificado tiene acceso mediante Cristo al Padre. Cristo es nuestro Intercesor. Las oraciones que se ponen en el incensario de oro de los méritos del Salvador son aceptadas por el Padre.

Toda promesa que está en la Palabra de Dios es nuestra. En vuestras oraciones haced referencia a la palabra empeñada por Jehová y por la fe reclamad sus promesas. Su palabra es la garantía de que si pedís con fe recibiréis toda bendición espiritual. Seguid pidiendo y recibiréis abundantemente mucho más allá de lo que pidáis o penséis. Acostumbraos a tener confianza ilimitada en Dios. Echad todo vuestro cuidado sobre él. Esperad en él pacientemente y el hará...

Debemos buscar "…primeramente el reino de Dios y su justicia…" (Mat. 6:33). Debemos estar listos a recibir la bendición que Dios otorga a aquellos que lo buscan de todo corazón, en sinceridad y verdad. 

Debemos mantener abierto el corazón si queremos recibir la gracia 

de Cristo (Signs of the Times, 18 de noviembre, 1903). ELC 72

AUDIO. https://youtu.be/kzsbfl-Bijs


miércoles, 4 de marzo de 2026

04. “MANTENIÉNDOSE EN LA LUZ DEL CIELO” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. (2 Cor. 4:6).

Se han tomado medidas para que la comunicación entre el cielo y nuestras almas sea libre y abierta. El hombre finito puede ponerse donde los rayos de luz y gloria del trono de Dios le sean concedidos abundantemente. La luz del conocimiento de la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Jesucristo puede resplandecer sobre él.

Él Puede Colocarse Donde Pueda Decirse De Él: "Vosotros sois la luz del mundo". Si no fuera por la comunicación entre el cielo y la tierra, no habría luz en el mundo. Como Sodoma y Gomorra, todos los hombres perecerían bajo el justo juicio de Dios.

Pero El Mundo No Ha Sido Dejado En Las Tinieblas. La longánime misericordia de Dios todavía se extiende a los hijos de los hombres y él desea que los rayos de luz que emanan del trono de Dios sean reflejados por los hijos de luz...

Es nuestro privilegio estar con la luz del cielo sobre nosotros. Así fue como Enoc caminó con Dios. No era más fácil para Enoc vivir una vida justa de lo que lo es para nosotros en nuestros días. El mundo de su tiempo no era más favorable para el crecimiento en gracia y santidad de lo que lo es ahora.

Mediante la oración y la comunión con Dios; Enoc pudo escapar de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. Estamos viviendo en los peligros de los últimos días, y debemos recibir nuestra fuerza de la misma Fuente.

Debemos caminar con Dios. Se nos pide una separación del mundo, porque no podemos quedar libres de su contaminación a menos que sigamos el ejemplo del fiel Enoc...

Los que profesan la religión de Cristo deberían comprender la responsabilidad que pesa sobre ellos. Deberían darse cuenta que esto es una obra individual (Review and Herald, 9 de enero, 1900). 

ELC 71

AUDIO. https://youtu.be/YC1s6or7TvE