sábado, 14 de marzo de 2026

14. “LA INTERCESIÓN DEL ESPÍRITU” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. (Rom. 8:26).

No solamente debemos orar en el nombre de Cristo, sino por la inspiración del Espíritu Santo. Esto explica lo que significa el pasaje que dice que "el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles". Dios se deleita en contestar tal oración. Cuando con fervor e intensidad expresamos una oración en el nombre de Cristo, hay en esa misma intensidad una prenda de Dios que nos asegura que él está por contestar nuestra oración "mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos" (Palabras de vida del gran Maestro, pág. 133).

El Espíritu Santo será dado a los que buscan su poder y gracia y ayudará 

nuestras flaquezas cuando tengamos una audiencia con Dios.

El cielo está abierto a nuestras peticiones y se nos invita a ir "…confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Heb. 4:16). Debemos ir con fe, creyendo que obtendremos exactamente las cosas que le pedimos (Signs of the Times, 18 de abril, 1892).

Podemos confiarle nuestras almas a Dios como a un fiel Creador, no porque seamos sin pecado, sino porque Jesús murió para salvar justamente a las criaturas llenas de faltas y errores que somos, expresando así el valor que él, le da al alma humana. Podemos descansar en Dios, no por nuestros méritos, sino porque nos será imputada la justicia de Cristo...

Dios no abandonará a sus hijos que yerran, Que son débiles en la fe y que cometen errores. El Señor escucha y oye sus oraciones y testimonios. Los que miran a Jesús día tras día y hora tras hora, los que velan en oración, se están acercando a Jesús. Los ángeles aguardan con las alas desplegadas para llevar sus contritas oraciones a Dios y registrarlas en los libros del cielo (SDA Bible Commentary, tomo 4, pág. 1184). ELC 81

AUDIO. https://youtu.be/2BinK6T3k60


viernes, 13 de marzo de 2026

13. “NUESTRO INTERCESOR PERSONAL” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, 

el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.  (Rom. 8:34).

El Señor Jesús es su intercesor personal... Repita una y otra vez, muchas veces, durante el día:

"Jesús murió por mí, Me vio en peligro, expuesto a la destrucción, y derramó su vida por salvarme

El no contempla sin sentir compasión al alma postrada a sus 

pies como un temeroso suplicante, y no dejará de alzarme".

Él llegó a ser el Abogado del hombre. Ha levantado a los que creen en él y ha puesto un tesoro de bendiciones a su disposición. Los hombres no pueden conceder una sola bendición a sus semejantes, no pueden quitar una sola mancha de pecado.

Lo único que en verdad vale son los méritos y la justicia de Cristo, pero esto nos es

 acreditado con rica plenitud. Podemos acercarnos a Dios en cualquier momento.

Al hacerlo él contesta: "Heme aquí". Cristo mismo se proclama nuestro Intercesor. 

El quisiera hacernos saber que se comprometió bondadosamente a ser nuestro Sustituto.

Él pone sus méritos en el incensario de oro para ofrecerlos con las oraciones de sus santos, de manera que éstas se mezclen con los fragantes méritos de Cristo y asciendan al Padre en la nube de incienso.

El Padre oye cada oración de sus hijos contritos. La voz de súplica de la tierra se une

con la voz de nuestro Intercesor que implora en el cielo, cuya voz el Padre siempre oye.

Asciendan, pues, continuamente a Dios nuestras oraciones. No suban ellas en el nombre de algún ser humano, sino en el nombre de Aquel que es nuestro Sustituto y Garantía. Cristo nos ha dado su nombre para que lo usemos. Él dice: "Pedid en mi nombre"...

Jesús lo recibe y le da la bienvenida como su amigo personal. Él lo ama y ha prometido abrir para Ud. Todos los tesoros de su gracia para que sean suyos. Le dice: "En aquel día pediréis en mi nombre... pues... habéis creído que yo salí de Dios" (Juan 16:26, 27). Virtualmente está diciendo: Haced uso de mi nombre, y esto será vuestro pasaporte al corazón de mi Padre, y a todas las riquezas de su gracia (Carta 92, 1895). ELC 80

AUDIO. https://youtu.be/Mz2L3kXkg3o


jueves, 12 de marzo de 2026

12. “NUESTRO ACCESO AL PADRE” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

…De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. (Juan 16:23).

Debemos orar en el nombre de Cristo, nuestro Mediador. Nuestras peticiones sólo tienen valor si son hechas en su nombre. Él ha tendido un puente sobre el abismo creado por el pecado. Mediante su sacrificio expiatorio unió a sí mismo y al Padre a los que creen en él. Él es el único nombre debajo del cielo por el cual podamos ser salvos...

No debemos sentirnos tan abrumados por el pensamiento de nuestros pecados y errores 

que dejemos de orar. Algunos se dan cuenta de su gran debilidad y pecado, y se desaniman.

Satanás echa su oscura sombra entre ellos y el Señor Jesús: su sacrificio expiatorio. Ellos dicen: Es inútil que yo ore. Mis oraciones están tan mezcladas con malos pensamientos que el Señor no las oirá.

Estas sugestiones son de Satanás. En su humanidad Cristo enfrentó y resistió esta tentación, y sabe cómo socorrer a los que así son tentados. En nuestro favor ofreció "…ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas…" (Heb. 5:7).

Muchos, no advirtiendo que sus dudas vienen de 

Satanás, se opacan y son derrotados en la lucha. 

No dejéis de orar porque tengáis malos pensamientos. Si por nuestro propio saber pudiéramos orar rectamente, también podríamos vivir rectamente y no necesitaríamos un sacrificio expiatorio.

Pero la imperfección está sobre toda la humanidad. Educad y ejercitad vuestra mente para que podáis con sencillez contarle al Señor lo que necesitáis. Al ofrecer vuestras peticiones a Dios en demanda de perdón por el pecado, una atmósfera más pura y más santa rodeará vuestra alma (Signs of the Times, 18 de noviembre, 1903).

El Señor desea que mejoremos en la oración y que ofrezcamos nuestros sacrificios espirituales con fe y poder acrecentados... Él ha dado a su propio Hijo para nuestra redención... [quien] presenta en nuestro favor delante del Padre las señales de la crucifixión que llevará por toda la eternidad 

(Manuscrito 91, 1901). ELC 79

AUDIO. https://youtu.be/7VB6sE-JVqQ