Pedid,
y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. (Mat. 7:7).
¿Por qué no recibimos más de Aquel que es la Fuente de luz y poder?
Esperamos demasiado poco.
¿Ha perdido Dios su amor por el hombre?
¿No sigue
fluyendo su amor hacia la tierra?...
No avaluamos como debiéramos el poder y la eficacia de la
oración. "Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en
nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero
el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles" (Rom.
8:26).
Dios desea que vayamos a él en oración para que él pueda alumbrar
nuestras mentes. Sólo él puede darnos una clara concepción de la verdad.
El solo puede ablandar y
subyugar el corazón. Puede agudizar el entendimiento para discernir
la verdad del error. Puede afirmar la mente vacilante y darle un
conocimiento y una fe que soportarán la prueba. Orad, pues; orad
sin cesar. El Señor que oyó la oración de Daniel, oirá la
vuestra si os acercáis a él como Daniel lo hizo.
Vivamos
en estrecha comunión con Dios. El gozo del cristiano consiste
en un sentido del amor y el cuidado de Dios por sus hijos, y en la
seguridad de que no los dejará solos en sus debilidades
(Review and Herald, 24 de marzo, 1904).
Necesitamos saber cómo orar. No son las oraciones insustanciales y sin vigor las que se aferran de los atributos divinos. La oración es oída por Dios cuando proviene de un corazón quebrantado por un sentimiento de indignidad. La oración fue instituida para nuestro consuelo y salvación, para que
mediante la fe y la esperanza podamos echar mano de las ricas promesas de Dios.
La oración es la expresión de los deseos de un alma hambrienta y sedienta de justicia (Carta 121, 1901).
La
oración mueve el cielo. Ese poder que únicamente viene en respuesta
a la oración, hará sabios a los hombres en la sabiduría del cielo y
los capacitará para trabajar en la unidad del Espíritu, unidos
con los vínculos de paz (Review and Herald, 28 de enero, 1904). ELC 76
AUDIO. https://youtu.be/Uj94EgWH_RM
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