Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del
Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros. (2 Tes. 3:1).
Entre el pueblo de Dios debería haber, en este tiempo, frecuentes períodos de oración
sincera y ferviente. La mente debería estar continuamente en actitud de oración.
En la casa y en la
iglesia, ofrézcanse fervientes oraciones en favor de los
que se han dado a sí mismos a la predicación de la Palabra. Oren
los creyentes como lo hacían los discípulos después de la ascensión de
Cristo...
Una cadena de fervorosos
creyentes en oración debería circundar el mundo. Oren
todos en humildad.
Un grupo de vecinos puede reunirse para orar por el Espíritu Santo. Los que no pueden dejar su hogar reúnan a sus hijos para aprender a orar juntos. Pueden reclamar la promesa del Salvador: "…Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" Mat. 18:20. (Review and Herald, 3 de enero, 1907).
Nada es más necesario en la obra que los resultados prácticos de la comunión con Dios. Deberíamos celebrar convocaciones para la oración, pidiendo al Señor que abra el camino para que la verdad entre en las plazas fuertes donde Satanás ha instalado su trono, y disipe la sombra que ha echado sobre el camino de las personas que está tratando de engañar y destruir.
Tenemos la seguridad: "La oración eficaz del justo
puede mucho" Sant.
5:16. (Id., 30 de abril, 1908).
En el Padrenuestro
tenemos un ejemplo perfecto de petición. ¡Cuán sencilla, y sin embargo, cuán
abarcante es! Esta oración debería ser enseñada a los
niños. Estudien
todos cuidadosamente los principios contenidos en ella. En
respuesta a las oraciones del pueblo de Dios se envían ángeles con
bendiciones celestiales... Mediante la oración y la consagración
diarias todos pueden relacionarse de tal manera con su Padre
celestial que él derramará sobre ellos ricas bendiciones
(Id., 3 de enero, 1907). ELC 94
AUDIO.
https://youtu.be/-W349CFi0a0
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