martes, 31 de marzo de 2026

31. “VELAD Y ORAD” III. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a 

la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. (Mat. 26:41).

Somos peregrinos y extranjeros en este mundo, y vamos por un sendero sembrado de peligros a causa de aquellos que han rechazado al Único que podía salvarlos. Se nos presentarán ingeniosos subterfugios y problemas científicos para tratar de desviarnos de nuestra fidelidad; pero no necesitamos prestarles atención.

Cada alma esté alerta. El adversario está sobre vuestros rastros. Sed vigilantes 

y velad cuidadosamente para que ningún engaño maestro os tome desprevenidos...

La experiencia de los discípulos en el Getsemaní contiene una lección para el pueblo de Dios de hoy... Ellos no se dieron cuenta de la necesidad de velar en ferviente oración para resistir a la tentación.

Muchos hoy están profundamente dormidos como los discípulos. No están velando y orando para no entrar en tentación. Leamos y estudiemos cuidadosamente y a menudo esas porciones de la Palabra de Dios que tienen especial referencia a estos últimos días, indicando los peligros que amenazarán al pueblo de Dios.

Necesitamos una percepción profunda y santificada. Esta percepción no debe ser usada para criticarnos y condenarnos mutuamente, sino para discernir las señales de los tiempos. Debemos custodiar nuestros corazones con toda diligencia, para no naufragar en la fe. 

Los que descuidan la vigilancia y la oración en estos tiempos de peligro, los que descuidan unirse con sus hermanos para buscar al Señor manteniéndose apartados de los agentes designados por Dios en la iglesia, están en grave peligro de fortalecerse a sí mismos en sus propias posiciones, siguiendo los impulsos de sus propias mentes, y rehusando prestar atención a las amonestaciones del Señor...

Que cada creyente se examine con detención a sí mismo para descubrir cuáles son los puntos débiles. Tenga un espíritu de humildad y ruegue al Señor para recibir gracia y sabiduría, y pida la fe que obra por el amor y purifica el alma. Arroje de sí toda confianza propia...

Los que andan humildemente delante de Dios, no confiando en su propia sabiduría, se darán cuenta de su peligro y conocerán el poder del cuidado protector de Dios (Review and Herald, 7 de julio, 1910). ELC 98

AUDIO. https://youtu.be/2W7ma_4AyTk

 

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