En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre;
los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas. (Sal. 31:20).
Cuando los hombres y las
mujeres están ocupados en las actividades de la vida, exigidos por
muchos cuidados, no pueden vivir sobre sus rodillas. Pero aun en el
mercado hay un observador siempre presente en cada transacción, y
los libros del cielo registran cada centavo de ganancia ilícita como
fraude.
Mientras que los hombres
no pueden vivir sobre sus rodillas en el mercado, sin embargo el ferviente
deseo silencioso del corazón presentado al cielo halla entrada al Padre a
través de los observadores.
El camino al trono de Dios está abierto, y todos los que tienen el temor de Dios ante sí y
desean andar en su consejo, buscarán su fuerza para hacer su
voluntad tanto entre las multitudes como en la capilla...
Cada
hombre que ama y teme a Dios tiene una oportunidad, con cada
tentación que se le presente en las transacciones comerciales de la
vida, de saber cómo retirarse al lugar secreto del pabellón del
Altísimo, para quedar allí a salvo.
“Honrará a Dios
porque siente la fuerza y la plenitud del poder de Aquel que respalda
sus promesas. Se comunica con Dios donde ningún ojo lo ve y
ningún oído lo oye, excepto los de Dios”.
No
debemos tener una religión que sea sólo para las
circunstancias favorables. Una religión que dependa de las
circunstancias vendrá a menos cuando más se la necesite, en la
situación más difícil.
La religión de la Biblia requiere que se mantenga encendida
la antorcha evangélica en los ambientes menos propicios -en el mercado, en
el taller- tanto como en el lugar especial de la oración.
Los
principios cristianos más puros pueden
mantenerse en todo lugar. Amando a Cristo y creyendo en él
como nuestro Salvador personal, podremos reclamar su gracia y
su cuidado protector dondequiera nos encontremos (Manuscrito 194,
1898). ELC 85
AUDIO.
https://youtu.be/FuO6jZfdd4w
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