¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio
a favor de los que serán herederos de la salvación? (Heb. 1:14).
Una parte del ministerio de los ángeles consiste en visitar nuestro mundo
y
supervisar la obra del Señor que está en las manos de sus
administradores.
En todo tiempo de necesidad, ellos socorren a aquellos que, como colaboradores de Dios,
están luchando para llevar adelante su obra en la tierra... Las
huestes angélicas se regocijan siempre, que cuando cualquier rama de la
obra de Dios prospera.
Los ángeles se
interesan en el
bienestar espiritual de todos los que tratan de restaurar la imagen moral de
Dios en el hombre; y la familia humana debe cooperar con la familia
celestial para curar las heridas y llagas que ha hecho el pecado.
Los agentes angélicos, aunque invisibles, están cooperando con los agentes
humanos visibles formando una sociedad
de socorro con los hombres.
Los mismos ángeles que, cuando Satanás buscaba la supremacía, pelearon la batalla en los atrios celestiales y triunfaron al lado de Dios, los mismos ángeles que exultaron de gozo por la creación del mundo, y por la creación de nuestros primeros padres que habitarían la tierra, los ángeles que
testificaron de la caída del hombre y de su expulsión del
hogar edénico: estos mismos mensajeros celestiales tienen el mayor
interés en trabajar en unión con la raza caída y redimida, para la salvación
de los seres humanos que están pereciendo en sus pecados.
Los
instrumentos humanos son las manos de los agentes celestiales;
porque los ángeles celestiales emplean manos humanas en el ministerio
visible... Al unirnos con estos poderes que son omnipotentes, somos
beneficiados con su educación y experiencia superiores.
Así al participar de la naturaleza divina y al separar el egoísmo de nuestras vidas, se nos conceden talentos especiales para ayudarnos mutuamente. Esta es la manera celestial de distribuir, el poder del salvador
(Review and
Herald, 19 de marzo, 1901). ELC 103
AUDIO.
https://youtu.be/0pR5U4PuUaw
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