…Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son
cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado. (Rom. 4:7, 8).
Bien pueden nuestros corazones volverse a nuestro Redentor con la más perfecta confianza cuando pensamos en lo que ha
hecho por nosotros siendo aún pecadores. Por la fe podemos
descansar en su amor. "Al que a mí viene", él dice, "no le
echo fuera" (Juan 6:37).
Sería algo terrible estar delante de Dios, vestidos con la ropa del pecado, con su ojo que escudriña cada secreto de nuestras vidas. Pero mediante la eficacia del sacrificio de Cristo podemos aparecer delante de Dios puros y sin mancha, habiendo sido expiados y perdonados nuestros pecados.
"Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados, y
limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9).
El pecador redimido, ataviado con las vestiduras de la justicia
de Cristo, puede estar en la presencia de un Dios que odia el
pecado, hecho perfecto por los méritos del Salvador (Review and Herald, 5 de
mayo, 1910).
Solamente por la fe en el nombre de Cristo puede ser salvo el pecador... La fe en Cristo no es obra de la naturaleza,
sino la obra de Dios en las mentes humanas, realizada en la misma alma por
el Espíritu Santo, que revela a Cristo, como Cristo reveló al Padre.
La
fe es la sustancia de las cosas que se esperan, la
evidencia de las cosas que no se ven. Con su poder justificador y
santificador, está por encima de lo que los hombres llaman ciencia. Es
la ciencia de las realidades eternas.
La ciencia humana a menudo es engañosa, pero esta ciencia celestial nunca induce a engaño. Es
tan simple que un niño puede entenderla, y sin embargo los hombres
más sabios no pueden explicarla. Es inexplicable e
inconmensurable, y está más allá de toda expresión humana (Id., 3
de noviembre, 1904).
¡Qué
amor inenarrable manifestó el Salvador hacia los hijos de los hombres!
No
sólo quita el estigma del pecado, sino
también limpia y purifica el alma, y la viste con el ropaje de su
propia justicia, el cual no tiene mancha y ha sido tejido en el
telar del cielo. No sólo quita la maldición del pecador, sino
también lo pone en unidad con él mismo y dirige sobre él los
brillantes rayos de su justicia (Id., 23 de mayo, 1899). ELC 52
AUDIO.
https://youtu.be/IodFNbeBtnw
No hay comentarios:
Publicar un comentario