sábado, 7 de febrero de 2026

07. “DESTRUYENDO EL PODER DE LA MUERTE” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, 

yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, Oh Seol... (Ose. 13:14).

¡Bien podían los cielos haber quedado asombrados por

 la recepción que su amado Capitán recibió en el mundo!...

El hizo el mundo, y sin embargo el mundo no lo conoció. Sus amigos lo negaron, lo abandonaron y lo traicionaron. Fue presa de tentaciones. La agonía humana convulsionó su alma divina. Fue lacerado por crueles azotes. Sus manos fueron clavadas, sus santas sienes fueron coronadas de espinas...

 Fueron las maquinaciones de Satanás las que hicieron de la vida de Cristo una oscura serie de aflicciones y tristezas; y por último maquinó la muerte de Cristo, con lo que destruyó su propio trono.

En el acto de morir, Cristo estaba destruyendo a aquel que tenía el imperio de la muerte. Llevó a cabo el plan, terminó la obra que había convenido en realizar desde la caída de Adán. Al morir por la culpa de un mundo pecador, él restauró al hombre caído a la posición de la cual había descendido a consecuencia de la desobediencia, a condición de que obedeciera los mandamientos de Dios. 

Y cuando rompió las ataduras de la tumba y se levantó triunfante de los muertos contestó la pregunta: "Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?" (Job 14:14).

Cristo hizo posible que cada hijo de Adán pudiera, mediante una vida de obediencia, vencer el pecado y levantarse también de la tumba para recibir su heredad de inmortalidad comprada por la sangre de Cristo.

Nuestra salvación se alcanzó mediante el sufrimiento infinito del Hijo de Dios. Su pecho divino llevó la angustia, la agonía, el dolor que la pecaminosidad de Adán trajo sobre la raza humana.

El calcañar de Cristo fue herido a la verdad cuando su humanidad sufrió, y el pesar más profundo que haya oprimido alguna vez a los seres que había creado abrumó su alma mientras estaba pagando la vasta deuda que el hombre debía a Dios (Manuscrito 75, 1886).

Al llevar la penalidad del pecado y al bajar a la tumba, Cristo la iluminó para todos los que mueren con fe. Dios, en forma humana, sacó a luz la vida y la inmortalidad por el Evangelio (Joyas de los testimonios, tomo 2, pág. 488). ELC45

AUDIO. https://youtu.be/P-0VmmvXVCs


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