Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. (Mat. 3:17).
Después que Cristo
fue bautizado por Juan en el Jordán, salió del agua y postrándose en
la orilla del río oró con fervor a su Padre celestial pidiendo fuerza para
soportar el conflicto que estaba por emprender con el príncipe de las
tinieblas.
El cielo se abrió a su oración, y la luz de la gloria de
Dios, más brillante que
el sol al mediodía, vino del trono del Eterno, y tomando la forma de
una paloma con la apariencia del oro bruñido, circundó al Hijo de
Dios, mientras se oía la clara voz que procedía de la gloria excelsa,
que decía con terrible majestad: "Este es mi Hijo amado, en quien
tengo complacencia".
Allí estaba la seguridad para el Hijo de Dios de que su Padre había aceptado a la raza
caída en la persona de su
representante y de que le concedía una segunda oportunidad.
Se reanudaba la comunicación entre el cielo y la tierra, entre
Dios y el hombre que se había suspendido con la caída de Adán. El
que no conoció pecado, llegó a ser pecado por la humanidad para que
su justicia pudiese ser imputada al hombre.
Mediante la
perfección del carácter de Cristo el hombre fue elevado en la escala del valor
moral delante de Dios; y mediante los méritos de Cristo, el
hombre finito fue unido con el Infinito. Así fue como el Redentor
del mundo tendió el puente a través del abismo que había creado el
pecado.
Pero
pocos tienen un verdadero sentido de los grandes privilegios que Cristo ganó
para el hombre abriéndole así el cielo.
Entonces el Hijo de
Dios fue el representante de nuestra raza; y el poder especial y
la gloria que le concedió la Majestad del cielo y sus palabras de
aprobación son la garantía más segura de su amor y buena voluntad hacia el hombre.
Como la intercesión de Cristo en nuestro favor fue oída, el
hombre tuvo la evidencia de que Dios aceptará nuestras oraciones
hechas en nuestro beneficio mediante el nombre de Jesús. La oración
de fe continua y ferviente nos traerá luz y poder para hacer frente
a los más enconados ataques de Satanás (The Sufferings of Christ, págs.
7-10). ELC40
AUDIO. https://youtu.be/W5fsDE-tWts
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