lunes, 23 de febrero de 2026

23. “VIVIR ABUNDANTEMENTE” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. (Juan 10:10).

No puede haber cosa tal como una vida estrecha para toda alma relacionada con Cristo. Los que aman a Jesús con mente, alma y corazón, y a su prójimo como a sí mismos, tienen un amplio campo para usar su habilidad e influencia. Ningún talento debe usarse para la complacencia propia. El yo debe morir y nuestras vidas deben estar escondidas con Cristo en Dios...

El Señor quisiera que evaluáramos nuestras almas según la estimación -hasta donde lo comprendemos- que Cristo les asignó... Jesús murió para poder redimir al hombre de la ruina eterna. Debemos, pues, considerarnos como una propiedad adquirida. "…No sois vuestros…". "Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1 Cor. 6:19, 20).

Todas las facultades de la mente, del alma y del cuerpo son del Señor. Nuestro tiempo le pertenece. Debemos ponernos en las mejores condiciones posibles para hacer su servicio, manteniéndonos constantemente en relación con Cristo y considerando diariamente el costoso sacrificio hecho por nosotros para que fuéramos hechos justicia de Dios en él. Así hemos de crecer hasta la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús...

El mirar continuamente a Jesús vivificará al alma en Dios... Amaremos a Jesús y amaremos al Padre 

que lo envió al mundo, porque lo veremos en una luz maravillosa, lleno de gracia y de verdad.

Jesús declara: "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre…" (Mat. 11:27). 

"…Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (Mat. 28:18).

¿Para qué? Para poder dar dones a los hombres, para que ellos puedan poner todas sus facultades a su servicio, para dar a conocer el maravilloso amor con el cual él nos amó...

Cuando estimamos nuestros talentos a la luz de la cruz del Calvario, de tal manera viviremos para Cristo y dejaremos brillar nuestra luz delante de los hombres que nuestras vidas nunca más nos parecerán estrechas. ¿Quién puede estimar el valor del alma? (Carta 23, 1890). ELC 61

AUDIO. https://youtu.be/uxXMuh2XoHE


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