martes, 17 de febrero de 2026

17. “UN SOLO MODELO” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (2 Cor. 3:18).

Aun al observar un momento el sol en su gloria meridiana, cuando apartamos nuestros ojos, su imagen aparecerá en todo cuanto veamos. Así ocurre cuando contemplamos a Jesús; todo lo que miramos refleja su imagen, la imagen del Sol de Justicia.

 No podemos ver ninguna otra cosa, ni hablar de ninguna otra cosa. Su imagen está impresa en los ojos del alma, y afecta toda porción de nuestra vida diaria, suavizando y subyugando toda nuestra naturaleza. Al contemplar, somos conformados a la semejanza divina, a la semejanza de Cristo. Ante todos aquellos con quienes nos asociamos reflejamos los brillantes y alegres rayos de su justicia (Testimonios para los ministros, pág. 395).

Jesús era el modelo perfecto de lo que deberíamos ser nosotros. 

Era el observador más estricto de la ley de su Padre, sin embargo se movía en perfecta libertad.

Tenía todo el fervor de la persona entusiasta, pero era sereno, templado y dueño de sí mismo.

Estaba por encima de los negocios comunes del mundo, pero no se excluyó de la sociedad. Comía con publicanos y pecadores, jugaba con los niñitos, los tomaba en sus brazos y los bendecía, Honró la fiesta de bodas con su presencia.

Derramó lágrimas ante la tumba de Lázaro. Era un amante de las cosas hermosas de la naturaleza y usaba los lirios para ilustrar el valor de la sencillez natural a la vista de Dios, más allá de la ostentación artificial. Usaba el oficio del agricultor para ilustrar las más sublimes verdades del reino de Dios.

Su celo nunca degeneró en pasión, ni su firmeza en obstinación egoísta. Su benevolencia nunca se tiñó de debilidad, ni su simpatía de sentimentalismo. Combinó la inocencia y la sencillez del niño con la fuerza viril, y la devoción a Dios absorbente con el tierno amor por los seres humanos.

Tenía una dignidad que infundía respeto pero estaba combinada con la gracia de la humildad que desarma. Manifestó firmeza inquebrantable pero atemperada por la dulzura (Carta 66, 1878). ELC 55

AUDIO. https://youtu.be/zN3OkePG9Rc


No hay comentarios:

Publicar un comentario