martes, 3 de febrero de 2026

03. ¡MARAVILLOSA HUMILLACIÓN! II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo 

pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. (2 Cor. 8:9).

Visitamos los antiguos palacios reales de Francia, que servían de morada a los reyes cuando este país era un reino... Pensé en los reyes que una vez cruzaron por esos grandes salones y que ahora adornaban esas galerías. ¿Dónde está ahora su grandeza humana?...

Luego recordamos a Jesús que vino a nuestro mundo con sus benditos propósitos de amor, que se despojó a sí mismo de su ropaje real y su corona, que descendió del trono regio, que vistió su divinidad con humanidad y vino a nuestro mundo para transformarse en varón de dolores, experimentado en quebrantos.

 Lo vemos entre los pobres, bendiciendo a los afligidos, sanando a los enfermos, mitigando las dolencias propias de la edad avanzada, y alcanzando con su divina piedad hasta las mismas profundidades de la miseria humana. Aun se compadeció de las tristezas y las necesidades de los niñitos...

Ángeles han sido enviados como mensajeros de misericordia a los angustiados, a los dolientes. Estos ángeles del mundo de luz, de la gloria infinita de Dios delante del trono, cumplen misiones de amor, cuidado y misericordia para los dolientes de la humanidad.

Pero hay un cuadro de humillación mayor que éste: el Señor, el Hijo del Padre Infinito... el Príncipe de los reyes de la tierra, el que nos amó, el que nos lavó de nuestros pecados en su propia sangre...

¿Qué es la obra de los ángeles comparada con la humillación de Cristo? Su trono es desde la eternidad. 

El levantó cada arco y cada columna del gran templo de la naturaleza. Contempladlo, el principio de la creación de Dios, el que cuenta los astros, el que creó los mundos entre los cuales esta tierra no es más que una manchita... Las naciones delante de él no son más que "la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas…" (Isa. 40:15)...

Contemplad al Señor, al glorioso Redentor, como un habitante más del mundo que creara, y sin embargo desconocido por los mismos a quienes manifestó tan grande interés, para bendecirlos y salvarlos... ¡Qué condescendencia hacia los hombres caídos de la tierra! ¡Qué maravilloso amor! (Manuscrito 75, 1886). ELC41

AUDIO. https://youtu.be/awzim_zWrxs


No hay comentarios:

Publicar un comentario