Así como el fuego revela la
diferencia entre el oro, la plata y las piedras preciosas, y la madera, el heno
y la hojarasca, el día del juicio probará los caracteres,
mostrando la diferencia entre los caracteres formados a semejanza de
Cristo y los caracteres formados a semejanza del corazón egoísta.
Todo rasgo egoísta y
toda falsa religiosidad aparecerán tal cual son. El material sin valor
será consumido; pero el oro de la fe verdadera, sencilla y humilde,
nunca perderá su valor... (Review and Herald, 11 de diciembre, 1900).
Cada persona puede ser exactamente lo que haya escogido. El carácter no se obtiene recibiendo determinada educación. No se obtiene amasando riqueza o ganando honores mundanos.
No se obtiene haciendo que otros peleen la
batalla de la vida por nosotros.
Debe buscárselo, debe
trabajarse en procura de él, hay que pelear por él; y requiere un
propósito, una voluntad, una determinación. Formar un carácter
que Dios pueda aprobar requerirá un esfuerzo perseverante.
Exigirá una resistencia continua a los poderes de las tinieblas...
el tener nuestros
nombres conservados en el libro de la vida.
¿No vale mucho más la pena tener nuestros nombres registrados en
ese libro, inmortalizados entre los ángeles celestiales, que oírlos celebrar en
alabanza a través de toda la tierra? (Id., 21 de diciembre, 1886).
En el tiempo de gracia que se nos concede aquí, cada uno de nosotros está construyendo un edificio que deberá pasar por la inspección del Gran Juez de toda la tierra. Esta obra es la edificación de nuestros caracteres.
Cada acto de nuestra vida es una
piedra en ese edificio, cada una de nuestras facultades es un obrero, cada
golpe que se da lo es para el bien o para el mal (Youth's
Instructor, 10 de junio, 1897). ELC 48
AUDIO.
https://youtu.be/InPRi6lRYD8
No hay comentarios:
Publicar un comentario