domingo, 22 de febrero de 2026

22. “PARTICIPANTES DE LA NATURALEZA DIVINA” II. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia. (2 Ped. 1:4).

"Participantes de la naturaleza divina". ¿Es esto posible? Por nosotros mismos no podemos 

hacer ninguna cosa buena. ¿Cómo, pues, podemos ser participantes de la naturaleza divina? 

Acudiendo a Cristo así como somos, necesitados, impotentes, dependientes. 

El murió para hacer posible que participáramos de la naturaleza divina.  

Llevó la humanidad sobre sí para que pudiera alcanzar la humanidad. Con la áurea cadena de su incomparable amor nos ha ligado al trono de Dios. Debemos tener poder para vencer como él venció.

A todos da la invitación: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mat. 11:28-30).

Tenemos una parte que realizar en esta obra. Que nadie piense que los hombres y las mujeres van a ser llevados al cielo sin estar empeñados en la lucha aquí abajo. Tenemos una batalla que pelear, una victoria que ganar. Dios nos dice: "…Ocupaos en vuestra salvación". ¿Cómo? "Con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2:12, 13).

Dios trabaja y el hombre trabaja. Debemos cooperar con Dios. 

Así solamente podremos ser participantes de la naturaleza divina...

Aquí está la solidez de la religión verdadera. Debemos ser "colaboradores de Dios" y trabajar en armonía con él. Somos "labranza de Dios, edificio de Dios" (1 Cor. 3:9). Esta figura representa el carácter humano que debe construirse poco a poco.

Dios trabaja cada día en su edificio para perfeccionarlo a fin de que llegue a ser un templo santo para él.

El hombre debe colaborar con Dios y procurar hacer de sí mismo lo que Dios quiere que sea, utilizando el poder divino y edificando su vida con ayuda de obras puras y nobles (Review and Herald, 14 de abril, 1904). ELC 60

AUDIO. https://youtu.be/1IiSrnHQc_0


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