Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de
él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. (Heb. 12:2).
La cruz habla de vida, y no
de muerte, al alma que cree en Jesús. ¡Bienvenidos los preciosos rayos
vivificantes que refulgen desde la cruz del Calvario! Esforzaos
para alcanzar la bendición, creed para recibirla...
No andéis en la sombra de la
cruz. No deis expresión al lloro, los quejidos y las penas; antes
animad vuestras almas a la esperanza y el gozo. La cruz señala hacia
arriba a un Salvador viviente, que es vuestro Abogado y está
intercediendo en vuestro favor... Cuando estéis muy apesadumbrados,
es porque Satanás se ha interpuesto entre vosotros y los brillantes
rayos del Sol de justicia...
He
estado realmente vacilando bajo la sombra de la cruz. No es algo
común para mí el estar abrumado y sufrir tanta depresión de espíritu
como he estado sufriendo en los últimos meses. No quisiera ser
hallado jugando con mi propia alma, jugando con mi Salvador.
Yo no enseñaría que Jesús se ha
levantado de la tumba, que ascendió al cielo y vive para interceder por
nosotros ante el Padre, a menos que lleve a la práctica mis
enseñanzas, y crea en él por su salvación, echando mi alma desvalida
sobre Jesús en busca de su gracia, su justicia, paz y amor...
Debo confiar en él
independientemente de los cambios de mi atmósfera emocional. Debo
alabar al que me llamó de las tinieblas a su luz admirable. Mi
corazón debe afirmarse en Cristo, mi Salvador, contemplando su
amor y su misericordiosa bondad.
No debo confiar en él
esporádicamente sino de continuo, a fin de mostrar cuál es el
resultado de permanecer en Aquel que me compró con su sangre
preciosa. Debemos aprender a creer en las promesas para tener una
fe constante y para tomarlas como la segura palabra de Dios...
Vivamos en la luz del sol que mana de la cruz del Calvario. No moremos más en
la sombra, condoliéndonos de nuestros pesares, porque esto solamente los ahondará.
Nunca olvidemos, aun cuando
caminemos en el valle, que Cristo está con nosotros tan
ciertamente, cuando recorremos ese lugar, como cuando estamos en
la cumbre (Manuscrito 61, 1895). ELC 53
AUDIO.
https://youtu.be/iDAia4MZUeA
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