El
que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.
(Apoc. 21:7).
No comprendemos cuán cerca está el fin de todas las cosas. No
apreciamos como deberíamos la necesidad de ser diariamente vencedores y de
asegurar el premio eterno. Los que vencen las tentaciones que están en el mundo
debido a la concupiscencia son participantes de la naturaleza divina. El
sacrificio ha sido hecho por nosotros, ¿lo aceptaremos?...
Eso requiere oración, requiere fe, requiere entendimiento, llegar a ser participante de la naturaleza divina. Pero cuando alcanzamos esta experiencia, no estamos beneficiándonos únicamente nosotros,
estamos dando a todos los que nos rodean una evidencia de que todos pueden
ser participantes de la naturaleza divina, de que todos pueden ser vencedores.
Determinémonos a ser victoriosos.
Busquemos una medida grande de gracia divina... No seamos dominados por los
elementos del mundo, sino mostremos que estamos resueltos a llegar a ser
vencedores día tras día y hora tras hora. Los ángeles de Dios están velando
sobre nosotros cada día...
Representemos a Cristo
y a la verdad dondequiera vayamos para que podamos permanecer en esa posición
donde podemos glorificar a Dios. Mis hermanos y hermanas, Jesús anhela
interceder por vosotros. Aferraos a Jesús.
Esforzaos por ser vencedores para que el Salvador pueda daros la
bienvenida a la ciudad de Dios donde podréis cantar los triunfos de la gracia
redentora. ¡Oh, qué escena de alegría será cuando el Cordero de Dios coloque
sobre las cabezas de los redimidos la corona de victoria!
Nunca, nunca más seréis llevados a la tentación y el pecado. Veréis al Rey en su hermosura. Y aquellos a quienes ayudasteis a ir hacia el cielo los encontraréis allí. Ellos pondrán sus brazos alrededor de vosotros
y reconocerán lo que habéis hecho por ellos. "Tú velaste
por mí",
dirán, "oraste por mí, me ayudaste a ganar el cielo".
Avancemos
con la fuerza del Todopoderoso, considerando el gozo que nos espera de ver su
rostro en el reino de Dios y de no apartarnos nunca más de su presencia
(Manuscrito 49, 1909). ELC 281
AUDIO. https://youtu.be/OyOsCwecYMg
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