miércoles, 2 de septiembre de 2026

02. CRISTO EL PODEROSO VENCEDOR. IX. EN LOS LUGARES CELESTIALES.

Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, 

sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. (Heb. 4:15).

Cuando Jesús fue llevado al desierto para ser tentado, fue llevado por el Espíritu de Dios. Al ir al desierto, no invitó a la tentación. Pero Satanás sabía que el Salvador había ido allí, y pensó que era el mejor momento para acercársele. Cristo fue al desierto para estar solo, para meditar en su misión y obra. Había dado los pasos que cada pecador debe dar, en conversión, arrepentimiento y bautismo.

 El mismo no tenía pecados de los cuales arrepentirse, y por tanto no tenía pecados que lavar. Pero fue nuestro ejemplo en todas las cosas, y por eso debió hacer lo que él quiere que nosotros hagamos.

Cristo ayunó y oró, fortaleciéndose para el ensangrentado camino que debía recorrer. Era el Hijo del Dios eterno, pero como garante del hombre, debía enfrentar y resistir cada tentación con que el hombre es asaltado...

 Con el terrible peso de los pecados del mundo sobre él, soportó la terrible prueba en el terreno del apetito, del amor al mundo, y del amor a la ostentación que conduce al engreimiento. Resistió esas tentaciones, y venció en lugar del hombre...

Si los soldados de Cristo se vuelven fielmente a su Capitán en busca de sus órdenes, el éxito acompañará su lucha contra el enemigo. No importa cómo puedan ser acosados, al final triunfarán. Sus debilidades

 pueden ser muchas, sus pecados grandes, su ignorancia aparentemente insuperable; 

pero si comprenden su debilidad, y buscan la ayuda de Cristo, él será su eficiencia...

Si ellos se apropian de su poder, sus caracteres serán transformados; serán circundados con una atmósfera de luz y santidad. Mediante sus méritos [de Cristo] y poder impartido serán "más que vencedores".

 Se les proporcionará ayuda sobrenatural y se les capacitará en

 su debilidad para llevar a cabo las obras de la omnipotencia.

Mediante Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, podemos soportar la acometida de

 todos los dardos encendidos del enemigo (Signs of the Times, 12 de marzo, 1912). ELC 253

AUDIO. https://youtu.be/l20M3Hsk-Kk

 

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