Antes si aflige, también se compadece según la multitud de sus misericordias; porque
no aflige ni entristece voluntariamente a los hijos de los hombres. (Lam. 3:32,
33).
Este mundo, es el
escenario de nuestras pruebas, nuestros dolores, nuestros pesares. Estamos aquí
para soportar la prueba de Dios. El fuego del horno debe avivarse hasta que
nuestra escoria sea consumida y salgamos como oro purificado en el horno de la
aflicción... Saldrá luz de estas tinieblas que a veces a Ud. le parecen
incomprensibles.
"…Jehová dio, y Jehová quitó; sea el
nombre de Jehová bendito" (Job 1:21). Sea éste el lenguaje de su corazón.
La nube de misericordia se cierne sobre su cabeza aun en la hora más oscura.
Los beneficios de Dios para nosotros son tan numerosos como las
gotas de lluvia que caen de las nubes a la tierra reseca para regarla y
refrescarla. La misericordia de Dios está sobre Ud. María, esa querida y
preciosa niña, descansa. Ella fue la compañera de sus dolores y sus frustradas
esperanzas. No tendrá más aflicción o necesidad o angustia.
Mediante el ojo de la fe Ud. puede anticipar, en medio de sus
dolores y angustias y perplejidades, que su María con su madre y otros miembros
de su familia responderán al llamamiento del Dador de la vida y saldrán de su
cárcel triunfando sobre la muerte y la tumba.
Su fe puede ver a los
seres amados y a los perdidos reunidos entre los redimidos de la tierra. Ud.,
antes de mucho, si es fiel, estará caminando con ellos por las calles de la
Nueva Jerusalén, cantando el cántico de Moisés y del Cordero, llevando la
enjoyada corona...
Si
pudieran sus ojos ser abiertos, vería a su Padre celestial inclinado sobre Ud.
en amor, y si pudiera escuchar su voz, seria en tonos de compasión hacia Ud.
que está postrado por el sufrimiento y la aflicción
(Carta 71, 1878). ELC 273
AUDIO. https://youtu.be/670RzLDy0JQ
No hay comentarios:
Publicar un comentario