jueves, 17 de septiembre de 2026

17. EL PROCESO REFINADOR. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. (1 Ped. 4:12, 13).

Dios no envía la prueba a sus hijos sin un propósito. Nunca los conduce de otra manera que la que ellos elegirían si pudiesen ver el fin desde el principio y discernir la gloria del propósito que están cumpliendo como colaboradores con él.

Los somete a la disciplina para humillarlos, para llevarlos, a través de la prueba y la aflicción, a ver su fragilidad y acercarse a él...Los cristianos son joyas de Cristo. Existen para resplandecer brillantemente por él, prodigando públicamente la luz de su belleza.

Su esplendor depende del pulimiento que reciben. Pueden elegir ser bruñidos o permanecer sin serlo. Pero todo aquel que es declarado digno de un lugar en el templo del Señor tiene que someterse al 

proceso refinador. Sin el pulimiento que el Señor da 

no pueden reflejar más luz que la de un guijarro común.

Cristo le dice al hombre: Tú eres mío. Yo te adquirí; ahora eres solamente una piedra tosca, pero si te colocas en mis manos te puliré y el brillo con que resplandecerás traerá honor a mi nombre. Nadie te arrebatará de mi mano.

Te haré mi peculiar tesoro. En el día de mi coronación, serás una joya en mi corona de júbilo. El Obrero Divino gasta poco tiempo en material inútil. Únicamente pule las joyas preciosas, según la semejanza de un palacio, labrando con ahínco todos los cantos ásperos.

Este proceso es severo y penoso; hiere el orgullo humano. Cristo corta profundo en la experiencia que el hombre en su suficiencia propia ha considerado como completa, y elimina el ensoberbecimiento del carácter. 

Desbasta con empeño la superficie sobrante, y poniendo la piedra en la rueda pulidora, la aprieta estrechamente para que toda aspereza pueda ser consumida. Entonces, llevando la joya hasta la luz, el Maestro ve en ella un reflejo de sí mismo y la declara digna de [ocupar] un lugar en su cofre.

Bendita sea la experiencia, aunque severa, que da nuevo valor a la piedra, haciéndola 

brillar con resplandor viviente (Review and Herald, 7 de marzo, 1912). ELC 268

AUDIO. https://youtu.be/9rqhtSM8mzE

 

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