Jesús
le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. (Mat. 4:7).
Recordemos cuán hábil y astutamente Satanás ordenó a Cristo que
se arrojara desde el templo, citando el texto que le mostraba que eso era lo
que justamente debía hacer, pues de ese modo evidenciaría ante todo el pueblo
que él era lo que pretendía ser. "Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate
abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos
te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra" (Mat. 4:6).
Al citar el texto Satanás omitió un punto muy importante...:
"…Que te guarden en todos tus caminos" (Sal. 91:11). Si Cristo
hubiera aceptado la invitación de Satanás, se habría aventurado en los caminos
de Satanás, no en los caminos que Dios había previsto para su Hijo.
Eso fue un reto y los agentes de Satanás están llenos de desafíos presuntuosos para obtener una oportunidad para hacer su voluntad con aquellos que los aceptarán. Pero Cristo no aceptó el desafío de Satanás, no quiso entrar en conflicto con el
archiengañador y tentador. Dijo: "…Escrito está
también: No
tentarás al Señor tu Dios" (Mt. 4:7).
Los ángeles, como espíritus ministradores, están en el camino que el deber demanda recorrer a los herederos de salvación y Dios los protegerá de todo mal. Pero cuando Satanás mostró un camino
propio... Cristo no tuvo derecho a transitarlo. Debía conservar
sus pies en el camino que Dios le había
señalado.
Así Cristo en su humanidad dio un ejemplo de lo que el hombre debería hacer cuando es tentado por las sugestiones de Satanás. Nunca debemos aceptar un desafío para probar la verdad a los hombres a los que Satanás inspira para que hagan propuestas que Dios no ha originado; pues en esa forma Satanás nos sacaría del camino de la providencia de Dios y nos colocaría en una posición donde podríamos ser
vencidos por el enemigo y donde seríamos vencidos para nuestro
perjuicio y con
daño para la causa de Dios (Carta 96, 1900).
Nuestra
única seguridad cada día y cada hora consiste en ser vigilantes. No podemos
convertirnos en insolentes y descuidados. Os digo que Dios desea que su pueblo
esté siempre en guardia (Ibíd.). ELC 256
AUDIO. https://youtu.be/zAv6xyMn62o
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