sábado, 5 de septiembre de 2026

05. NO ACEPTÉIS NUNCA EL RETO DE SATANÁS. IX. EN LOS LUGARES CELESTIALES.

Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. (Mat. 4:7).

Recordemos cuán hábil y astutamente Satanás ordenó a Cristo que se arrojara desde el templo, citando el texto que le mostraba que eso era lo que justamente debía hacer, pues de ese modo evidenciaría ante todo el pueblo que él era lo que pretendía ser. "Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra" (Mat. 4:6).

Al citar el texto Satanás omitió un punto muy importante...: "…Que te guarden en todos tus caminos" (Sal. 91:11). Si Cristo hubiera aceptado la invitación de Satanás, se habría aventurado en los caminos de Satanás, no en los caminos que Dios había previsto para su Hijo. 

Eso fue un reto y los agentes de Satanás están llenos de desafíos presuntuosos para obtener una oportunidad para hacer su voluntad con aquellos que los aceptarán. Pero Cristo no aceptó el desafío de Satanás, no quiso entrar en conflicto con el 

archiengañador y tentador.  Dijo: "…Escrito está 

también: No tentarás al Señor tu Dios" (Mt. 4:7).

Los ángeles, como espíritus ministradores, están en el camino que el deber demanda recorrer a los herederos de salvación y Dios los protegerá de todo mal. Pero cuando Satanás mostró un camino 

propio... Cristo no tuvo derecho a transitarlo. Debía conservar

 sus pies en el camino que Dios le había señalado.

 Así Cristo en su humanidad dio un ejemplo de lo que el hombre debería hacer cuando es tentado por las sugestiones de Satanás. Nunca debemos aceptar un desafío para probar la verdad a los hombres a los que Satanás inspira para que hagan propuestas que Dios no ha originado; pues en esa forma Satanás nos sacaría del camino de la providencia de Dios y nos colocaría en una posición donde podríamos ser

 vencidos por el enemigo y donde seríamos vencidos para nuestro 

perjuicio y con daño para la causa de Dios (Carta 96, 1900).

Nuestra única seguridad cada día y cada hora consiste en ser vigilantes. No podemos convertirnos en insolentes y descuidados. Os digo que Dios desea que su pueblo esté siempre en guardia (Ibíd.). ELC 256

AUDIO. https://youtu.be/zAv6xyMn62o

 

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