viernes, 18 de septiembre de 2026

18. NO DISPENSADOS DEL SUFRIMIENTO. IX. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en

 persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2 Cor. 12:10).

El cristianismo no promete exención del dolor. "…Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hech. 14:22). Se necesita fe fuerte, fe confiada, que crea que Dios no conducirá a sus hijos a ninguna tentación mayor que la que pueden soportar. Lo que una fe tal tiene poder para hacer lo dice Pablo en su carta a los hebreos.

Hablando de aquellos que frente a la persecución y la muerte, habían mantenido una confianza inconmovible en Dios, dice: "Que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; más otros fueron 

atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección.

Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados" (Heb. 11:33-37).

En este mundo, esos héroes de la fe fueron considerados indignos de la vida; pero en el cielo están registrados como hijos de Dios, dignos del más alto honor. "…Andarán conmigo en vestiduras blancas", declara Cristo, "porque son dignos" (Apoc. 3:4). En las cortes celestiales les espera un "eterno peso de gloria".

"Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…" (Heb. 12:1, 2).

"Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven: pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" 2 Cor. 4:17,18. (Review and Herald, 7 de marzo, 1912). ELC 269

AUDIO. https://youtu.be/sZZQk6NpQE8

 

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