Y
Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los
hombres. (Lucas 2:52).
En la tierra Cristo
vivió en el hogar de un campesino. Usó las mejores ropas que sus padres podían
darle, pero eran las humildes vestiduras de los campesinos. Anduvo por los
ásperos senderos de Nazaret y subió por las laderas de colinas y montañas.
En su hogar era un
trabajador incansable y el registro de su vida está lleno de actos útiles. Si
Cristo hubiera pasado su vida entre los grandes y los ricos, el mundo obrero
hubiera sido privado de la inspiración que el Señor deseaba que tuviese.
Pero Cristo sabía que su obra debía comenzar consagrando la
humilde tarea de los obreros que trabajan por su pan cotidiano. Aprendió el
oficio de carpintero a fin de dar al trabajo honrado un sello de honorabilidad
y nobleza para todos los que trabajan sinceramente para la gloria de Dios.
Y los ángeles le asistían, porque Cristo estaba haciendo los
negocios de su Padre trabajando en el banco del carpintero tan ciertamente como
cuando obraba milagros para la muchedumbre. Recibió su cometido y autoridad del
más alto poder, el Soberano del cielo.
Cristo descendió a la
pobreza para poder enseñarnos cuán cerca de Dios debemos andar en nuestra vida
diaria... Podía hacer trabajos, llevar su parte al sostener la familia en su
necesidad, acostumbrarse al cansancio, y sin embargo no mostrar impaciencia.
Nunca su espíritu estaba tan lleno de cuidados mundanales que no le permitiera dedicar tiempo o pensamientos a las cosas celestiales. A menudo tenía comunión con los cielos mediante el canto. Los hombres de Nazaret a menudo oían su voz elevarse en oración y acción de gracias a Dios...
Una fragante influencia se difundía a los que estaban a su alrededor, y eran bendecidos.
Sus alabanzas parecían echar a los malos ángeles y llenar el lugar
de dulce fragancia.
Su
vida armonizaba con la vida y el carácter de Dios. Su infancia y juventud
ennoblecieron y santificaron cada fase de la vida práctica... En todo lugar fue
un modelo perfecto... Pasó por la infancia, la adolescencia y la adultez sin
recibir una mancha en su carácter (Review and
Herald, 24 de octubre, 1899) ELC 215
AUDIO.
https://youtu.be/lrCqk9kRynA
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