… ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro. (1Tim. 5:22).
Saber lo que constituye pureza de la mente, el alma y el cuerpo, es
parte importante de la educación
(Consejos para los Maestros, pág. 81).
Cuando le falta pureza al carácter, cuando el pecado ha llegado a ser parte del
carácter, tiene un poder hechizador que es igual al vaso de
licor embriagante.
El poder de autocontrol y el de la razón es vencido por las prácticas que contaminan al ser entero;
y si se sigue con estas prácticas
pecaminosas, el cerebro se debilita y enferma y pierde su equilibrio.
Los tales son una maldición para ellos mismos y para las
personas con quienes se relacionan de cualquier forma...
Los malos hábitos se adquieren más fácilmente que los buenos y son más difíciles de abandonar. La depravación natural del corazón da testimonio de este hecho bien conocido: se requiere menos
trabajo para desmoralizar a la juventud y corromper sus ideas de carácter moral y religioso,
que para injertar en ese carácter los duraderos,
puros e incorruptos hábitos de justicia y verdad.
La complacencia
propia, el amor a los placeres, la enemistad, el orgullo, la estima propia, la
envidia y los celos crecerán espontáneamente, sin ejemplo ni enseñanza. En
nuestro actual estado caído todo lo que se necesita es entregar la mente y el
carácter a sus tendencias naturales.
En el mundo natural,
dejad un campo abandonado y lo veréis cubrirse de espinas y cardos; pero para
que rinda los preciosos granos o las hermosas flores hay que dedicarle cuidado
y labor incesantes (Carta 26d, 1887)...
Ahora os presentamos
la necesidad de resistir constantemente al mal. Todo el cielo se interesa en
los hombres y las mujeres que Dios ha valorado en un grado tan elevado que dio
a su Hijo amado para que muriera a fin de redimirlos...
El ser humano no puede concebir hasta dónde puede llegar en su desarrollo.
Mediante la gracia de Cristo es capaz de llevar
a cabo un progreso mental constante.
Resplandezca
la luz de la verdad en la mente del hombre y prodíguese el amor de Dios en su
corazón, y él podrá... ser un hombre de poder, un hijo de la tierra, pero un
heredero de la inmortalidad (Ibíd.). ELC 196
AUDIO.
https://youtu.be/lZ2iOrmhkF0
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