miércoles, 1 de julio de 2026

01. EL VOTO DE FIDELIDAD DEL CRISTIANO. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW

Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y 

os he apartado de los pueblos para que seáis míos. (Lev. 20:26).

El carácter de aquel que acude a Dios por la fe dará testimonio de que el Salvador ha entrado en su vida dirigiéndolo todo, penetrándolo todo. Tal persona siempre se preguntará: "¿Es ésta tu voluntad y es éste tu camino, mi Salvador?" Constantemente contemplará a Jesús, el autor y consumador de su fe.

Consulta la voluntad de su divino Amigo en cuanto a todas sus acciones, porque sabe que en esta confianza está su fuerza. Ha desarrollado el hábito de elevar su corazón a Dios en cada perplejidad e incertidumbre.

El que acepta a Dios como su Soberano debe prestar el juramento de fidelidad a él. Debe vestir el uniforme cristiano y enarbolar la bandera que muestra a qué ejército pertenece. Debe hacer plena 

confesión de su fidelidad a Cristo. Es imposible esconderla. 

La divisa de Cristo debe aparecer en la vida en obras santificadas.

"Yo Jehová vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos". "Habéis, pues, de serme santos, porque yo Jehová soy santo, y os he apartado de los pueblos para que seáis míos". "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la 

venida de nuestro Señor Jesucristo". "Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará". "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (Lev. 20:24, 26; 1 Tes. 5:23; Isa. 43:21; 1 Ped, 2:9)...

La completa sujeción mediante Cristo a la voluntad de Dios es nuestra única salvaguardia. Los pensamientos e impulsos egoístas que asolan el alma produciendo notas discordantes, pueden ser separados de la vida solamente cuando el ser entero esté bajo el control de Cristo.

Las palabras del Salvador a todos los elementos indómitos son: "Calla, enmudece". Cristo da la bienvenida a todos los que lo aceptan como su Salvador, y reina sobre ellos como su rey...

Nuestro celo por el avance del reino de Dios debe distinguirnos como

 súbditos fieles de la cruz de Cristo (Manuscrito 82, 1900). ELC 190

AUDIO. https://youtu.be/N0s9we3n2vQ

 

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