El
que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová. (Prov.
18:22).
El matrimonio recibió la sanción y bendición de Cristo y debe considerarse como una institución sagrada. La verdadera religión no contrarresta los planes del Señor. Dios ordenó que la mujer se uniera al hombre en santo matrimonio para formar familias coronadas de honra que fueran símbolos de la familia celestial... El matrimonio, cuando se forma con pureza y santidad, verdad y justicia, es una de las mayores bendiciones dadas a la familia humana...
El amor divino que emana de Cristo nunca destruye el amor
humano, sino que lo abarca, refinado y purificado. Por él, el amor humano es
elevado y ennoblecido. El amor humano nunca puede llevar su precioso fruto
hasta que sea unido con la naturaleza divina y ejercitado a crecer hacia el
cielo.
Jesús quiere ver matrimonios felices, hogares felices. El calor de la verdadera amistad
y el amor que une los corazones del esposo y la esposa
es un goce anticipado del cielo.
Dios ordenó que haya perfecto amor y armonía entre los que
contraigan matrimonio. Que el esposo y la esposa se comprometan en la presencia
del universo celestial a amarse el uno al otro como Dios lo ordenó...
Con una parte del hombre Dios hizo una mujer, a fin de que fuese
ayuda idónea para él, que fuese una con él, que lo alegrase, lo alentase y
bendijese, mientras que él a su vez debía ser su fuerte auxiliador.
Todos los que contraen relaciones matrimoniales con un propósito
santo: el esposo para obtener los afectos puros del corazón de una mujer, y
ella para suavizar, mejorar y completar el carácter de su esposo, cumplen el
propósito que Dios tiene para ellos...
El que formó a la primera pareja santa y el que creó un paraíso para ella, ha puesto su sello sobre la institución matrimonial, celebrada en el Edén por primera vez, cuando las estrellas de la mañana cantaban y se regocijaban todos los hijos de Dios (Manuscrito 16, 1899).
ELC 203
AUDIO. https://youtu.be/fjbzqXOHrOk
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