lunes, 13 de julio de 2026

13. NUESTRA SUPREMA OBLIGACIÓN. VII. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis 

padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. (1Ped. 5:10).

Es tan perfecta la representación del carácter que los hombres deben tener para ser discípulos de Cristo, que el incrédulo ha dicho que no es posible para ningún ser humano alcanzarla. Pero los que profesan ser hijos de Dios no deben tener una norma inferior a ésta.

Los incrédulos no saben que se da ayuda celestial a los que la buscan por fe. Se ha hecho toda provisión en favor de cada alma que trate de participar de la naturaleza divina y de encontrar su plenitud en Jesucristo. Debe discernirse todo defecto y eliminárselo del carácter con determinación y sin contemplaciones.

El pueblo de Dios debe realizar cada acto con devoción. Debe participar de cada comida como si supiera que es una muestra del amor del Dios infinito hacia ellos. La terminación de un deber debe 

ser el comienzo del próximo que se presente. Entonces el carácter cristiano 

se manifestará en una vida de continua obediencia y servicio a Jesucristo.

Cualquiera sea la clase de negocios a que se dediquen los hombres, si son cristianos deben llevar 

el yugo del deber a Cristo. Esta es su lealtad. Deben considerarse atados por obligaciones superiores.

El Maestro, Jesucristo, ha puesto su yugo al cuello de cada discípulo. Al aceptar su yugo, éste se compromete a prestarle servicio durante toda la vida. Todo lo que pueda dañar o estorbar su servicio perfecto a Dios debe quitarse, de cualquier naturaleza o carácter que sea. No debiéramos darle a Dios un servicio dividido.

El Señor ha unido su naturaleza con la humanidad expresamente para que pudiera

 convertirse en un objeto más tangible y definido de nuestra contemplación y amor. 

Nos invita a acercarnos y contemplar la gran luz, el Dios invisible vestido de ropaje humano emitiendo una gloria suavizada y amortiguada para que nuestros ojos puedan soportarla (Carta 117, 1896). ELC 202

AUDIO. https://youtu.be/JbyjLNZZbWU

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario