Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor
y la
paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor. (2 Tim. 2:22).
Los peligros morales a los cuales todos, viejos y jóvenes, están
expuestos aumentan cada día. El desorden moral, que nosotros llamamos
depravación, halla amplio campo propicio. Y hombres, mujeres y jóvenes que dicen ser cristianos ejercen
una vil influencia, sensual y diabólica...
Los que han aprendido la verdad y no tienen obras correspondientes a su profesión de fe, están sujetos a las tentaciones de Satanás. Harán frente al peligro a cada paso que den. Son puestos en contacto con el mal, ven escenas, oyen sonidos que despiertan sus pasiones incontroladas; están sujetos a influencias que los llevan a elegir el mal antes que el bien, porque no son puros de corazón.
En el mismo momento en que debiera ejercerse el poder de la
voluntad cuando se requiere firmeza para resistir el primer embate de la
tentación, los veréis fáciles presas de los engaños de Satanás, meros juguetes
del diablo. Cada tentación está
obrando ahora para llevar a aquellos que pretenden guardar los mandamientos de
Dios a quebrantarlos...
Todos debemos aprender la lección del poder que hay en un buen
carácter. No hay una preparación que necesitemos tanto ahora, como la
preparación de jóvenes y señoritas para que tengan rectitud moral y para que
limpien su alma de cada borrón y de cada mancha de contaminación moral. La
norma de moralidad y santidad está siendo arrastrada por el suelo...
Estamos cerca del fin del tiempo de gracia, cuando cada caso pasará delante de Dios.
Ahora es el tiempo que Dios nos ha dado para la formación de caracteres puros y
santos.
Si
no se aprovecha bien este tiempo, si los pensamientos son impuros, si el
corazón no es santificado, si se complacen en prácticas impuras, téngase la
seguridad que la porción de [los que así se contaminan] será con los impíos,
los viles y los abominables (Carta 26d, 1887). ELC 197
AUDIO. https://youtu.be/3LE-07WXFv0
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