Amados,
yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis
de los deseos carnales, que batallan contra el alma. (1 Ped. 2:11).
Existe hoy una alarmante trivialidad en la conversación que muestra un bajo estado de pensamientos y de moralidad. La verdadera dignidad de carácter es muy rara. La verdadera modestia y reserva se ven raramente. Hay unos pocos que son puros y no contaminados... Dios contempla con desagrado estas cosas...
Los pensamientos
contaminados albergados llegan a ser hábito y el alma queda desfigurada y
contaminada. Una vez cometida una mala acción, queda una mancha que no la puede
quitar sino la sangre de Cristo; y si el hábito no es rechazado con firme
determinación, el alma se corrompe y las corrientes que fluyen de esta fuente
corrompida contaminarán a otros (Carta 26d, 1887).
Hay hombres y mujeres que invitan a la tentación; se ponen en situaciones en las cuales serán tentados, donde no podrán evitarlo porque se colocan en compañías objetables. La mejor manera de estar a salvo del pecado es actuar con la debida consideración en todo tiempo y bajo todas las circunstancias, y no actuar nunca impulsivamente.
Actúe con el temor de Dios siempre delante de Ud., y estará seguro de actuar correctamente; y deje que Dios cuide de su reputación, La calumnia no podrá entonces mancillar en un ápice su carácter. Nadie puede degradar nuestro carácter sino nosotros mismos mediante nuestra propia conducta...
Debe
mantenerse la mente meditando en temas puros y santos. Debe rechazarse de
inmediato toda sugestión impura, y deben cultivarse pensamientos puros y
elevadores, y la santa contemplación, obteniendo así más y más conocimiento de
Dios al ejercitar la mente en la contemplación de las cosas celestiales...
Propóngase
alcanzar una norma elevada y santa; mantenga en alto su ideal; actúe con firme
determinación, como Daniel, intrépidamente, con perseverancia, y nada que pueda
hacer el enemigo estorbará su progreso
(Ibíd.). ELC 198
AUDIO.
https://youtu.be/f8E_KqCH3q4
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