Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.
Maridos, amad a
vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. (Col. 3:18,19).
Cuántos sinsabores y
qué marea de ayes e infelicidad se evitarían si los hombres, y también las
mujeres, siguieran cultivando la consideración, la atención y las bondadosas
palabras de aprecio y las pequeñas cortesías que mantuvo encendido el amor y
que ellos consideraban necesarias para conquistar a los compañeros de su
elección.
Si el marido y la mujer siguieran cultivando esas atenciones que alimentan el amor, serían felices en la compañía mutua y tendrían una influencia santificadora sobre sus familiares. Tendrían en ellos mismos un pequeño mundo de felicidad y no desearían salir de ese mundo a buscar nuevas atracciones y nuevos objetos de amor...
Muchas mujeres anhelan palabras de amor y ternura y las
atenciones y las cortesías comunes que les deben sus maridos, quienes las han
elegido como compañeras de la vida... Son estas pequeñas atenciones y cortesías
lo que hacen la suma de la felicidad de la vida...
Si conserváramos la ternura del corazón en nuestras familias, si
hubiera una noble y generosa deferencia hacia los gustos y las opiniones
mutuas, si la esposa buscara oportunidades de expresar su amor en actos de
cortesía hacia su esposo, si éste manifestara la misma consideración y
bondadosos miramientos hacia la esposa, los hijos participarían del mismo
espíritu. La influencia penetraría el hogar, y ¡qué marea de miseria se
evitaría en las familias!...
Cada pareja que une sus intereses de la vida debería tratar de
hacer la vida del otro tan feliz como sea posible. Lo que apreciamos tratamos
de conservarlo y de hacerlo más valioso, si podemos.
En
el contrato matrimonial los hombres y las mujeres han realizado un convenio,
una inversión para toda la vida, y por lo tanto deberían hacer todo lo posible
por controlar sus expresiones de impaciencia y de mal humor, con más cuidado
aún del que ponían antes de su casamiento, porque ahora su destino está unido
durante toda la vida (Carta 27, 1872). ELC 207
AUDIO. https://youtu.be/nPx_zM7Z_zA
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