domingo, 18 de octubre de 2026

18. LOS SEGUIDORES DEL CORDERO. X. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios. (Apoc. 14:4, 5).

El Señor tiene un pueblo en la tierra que sigue al Cordero por doquiera que vaya. Tiene sus millares que no han doblado la rodilla ante Baal. Los tales estarán de pie junto a él en el monte de Sion. Pero deben permanecer en esta tierra resguardados con toda la armadura, listos para ocuparse en el trabajo de salvar a aquellos que están a punto de perecer...

No necesitamos esperar hasta que seamos trasladados para seguir a Cristo. El pueblo de Dios puede hacer esto aquí abajo. Seguirán al Cordero en las cortes celestiales sólo si lo siguen aquí... No debemos seguir a Cristo a intervalos o caprichosamente, solamente cuando ello sea para nuestra conveniencia. Debemos optar por seguirlo. 

En la vida diaria, debemos seguir su ejemplo, como el rebaño sigue confiadamente a su pastor. Debemos seguirlo con sufrimiento por su causa, diciendo a cada paso: "…Aunque él me matare, en él esperaré…" (Job 13:15).

La regla de su vida debe ser nuestra experiencia. Y cuando tratemos de ser como él y mantengamos nuestros deseos en conformidad con su voluntad, lo daremos a conocer (RH 12/04/1898).

No debemos estar en el mundo de los sueños de la inacción. Somos soldados de Cristo, alistados para la obra de demostrar nuestra lealtad hacia Aquel que nos ha redimido. Lo que debamos ser en el hogar 

celestial, cuando seamos salvos, eternamente salvos, será 

el reflejo de lo que somos ahora en carácter y santo servicio. 

¿No demostraremos aquí en nuestro lugar de prueba nuestra 

lealtad en la observancia de los mandamientos de Dios?... (Ibíd.).

¿Estamos siguiendo a Cristo con una lealtad inquebrantable, manteniendo siempre ante nosotros su vida de perfecta obediencia, pureza y abnegación, a fin de ser transformados a su imagen mediante la contemplación? ¿Nos esforzamos por imitar su fidelidad? (Ibíd.). ELC 299

AUDIO. https://youtu.be/_xA2W5kU57c

 

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