jueves, 1 de octubre de 2026

01. LA IGLESIA DE DIOS EN LA TIERRA. X. EN LOS LUGARES CELESTIALES. (EGW)

Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, 

para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. (1 Ped. 2:5).

La iglesia en la tierra es el templo de Dios y ha de tomar proporciones divinas delante del mundo. 

Este edificio debe ser la luz del mundo. Debe estar compuesto por piedras vivas puestas estrechamente juntas, encajadas unas en otras para formar un edificio sólido. Todas estas piedras no tienen la misma forma ni dimensión. Algunas son grandes y otras son pequeñas, pero cada una tiene su propio lugar que llenar.

 En todo el edificio no debe haber ni una sola piedra mal adaptada. Cada una es perfecta. Y cada piedra es una piedra viva, una piedra que arroja luz. El valor de las piedras está determinado por la luz que reflejan sobre el mundo...

Ahora es el tiempo cuando deben sacarse las piedras de la cantera del mundo para llevarlas al taller de Dios, para que sean cortadas, escuadradas y pulidas hasta que brillen. Este es el propósito de Dios, y él desea que todos los que profesan creer la verdad ocupen sus lugares respectivos en la obra grandiosa y admirable para este tiempo (Review and Herald, 4 de diciembre, 1900).

El arquitecto angelical ha traído su áurea vara de medir del cielo, y cada piedra debe ser labrada y escuadrada según la medida divina y pulida para brillar como emblema del cielo, irradiando en todas direcciones los rayos brillantes y claros del Sol de Justicia (Testimonios para los ministros, pág. 13).

En este mundo debemos resplandecer en buenas obras.  El Señor demanda de su pueblo... que refleje la luz del carácter de Dios, del amor de Dios, tal como Cristo lo reflejó. Si contemplamos a Jesús todas nuestras vidas serán encendidas con aquella luz maravillosa. Cada parte de nosotros debe resplandecer.

Así que, cualquiera sea el rumbo que tomemos, reflejaremos la luz en otros. Cristo es el camino, la verdad y la vida. En él no hay tinieblas de ninguna clase. Por lo tanto, si estamos en Cristo, no habrá tinieblas en nosotros (Carta 43, 1899). ELC 282

AUDIO. https://youtu.be/XW4NHa9tLr0

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario