jueves, 8 de octubre de 2026

08. UNA SOLA HERMANDAD. X. EN LOS LUGARES CELESTIALES. (EGW)

¿Quién no te temerá, Oh Señor, y glorificara tu nombre? pues sólo tú eres santo; por lo cual 

todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado. (Apoc. 15:4).

Cristo quiere que comprendamos que nuestro interés es uno solo, Un Salvador divino murió

 por todos, para que todos encuentren en él su recurso divino. En Cristo Jesús somos uno.

 Al pronunciar un mismo nombre: "Padre nuestro" somos elevados a la misma jerarquía. Venimos a ser miembros de la familia real, hijos del Rey celestial. Sus principios de verdad ligan unos corazones con otros, pertenezcan éstos a ricos o a pobres, a poderosos o a humildes.

Cuando el Espíritu Santo conmueve las mentes, se desechan todas las quejas mezquinas y las acusaciones que los hombres arrojan contra sus semejantes. Entonces los brillantes rayos del Sol de Justicia resplandecerán en los ámbitos de la mente y el corazón. En nuestro culto a Dios no debe haber distinción entre el rico y el pobre ni entre el blanco y el negro, Hay que anular todo prejuicio.

Cuando nos allegamos a Dios debemos hacerlo como una hermandad indivisa. Somos peregrinos y extranjeros aquí, porque estamos destinados a una patria mejor, a saber, la celestial. 

Allí todo orgullo, toda acusación, toda vana ilusión habran terminado para siempre. Entonces se descubrirá toda cosa encubierta, y podremos "verlo tal como él es". Allí captaremos el tema inspirador, y nuestros cantos de alabanza y de gratitud se elevarán hacia Dios (Review and Herald, 24 de noviembre, 1899).

Nuestra casa de oración podrá ser muy humilde pero no por eso dejará Dios de aceptarla. Si adoramos en espíritu y en verdad en la hermosura de la santidad, ella será para nosotros la puerta misma del cielo. 

Cuando se repiten las asombrosas lecciones de las obras de Dios y cuando la gratitud del corazón se expresa en oración y canto, los ángeles del cielo se unen a la melodía en alabanza y agradecimiento a Dios. 

Estas prácticas rechazan el poder de Satanás. Expulsan

 el descontento y las quejas, y Satanás pierde terreno.

Dios nos enseña que debemos congregarnos en su

 casa para cultivar los atributos del amor perfecto. 

Esto ha de capacitar a los moradores de la tierra para entrar en las 

mansiones que Cristo ha ido a preparar para los que le aman (Ibíd.). 

ELC 289

AUDIO. https://youtu.be/NbU_rry0upM

 

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