No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas
que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. (2 Cor. 4:18).
En sus enseñanzas, Cristo trató de concertar las demandas del
cielo y de la tierra... Vio que los hombres están en peligro de fomentar un
excesivo amor por el mundo. El amor a Dios es suplantado por un amor por el mundo.
Solamente el poder del Dios omnipotente puede desalojar este amor.
Las cosas que son
terrenas y temporales llevan a los hombres lejos de Dios, aunque las ganancias
que se puedan obtener sean como un átomo de comparación con las realidades
eternas... Desviado de las atracciones celestiales, de riquezas imperecederas,
de paz, de la nobleza del alma, el hombre gasta pródigamente sus afectos en
cosas indignas y que no satisfacen.
Y en constante contemplación de este mundo,
llega a amoldarse a él. Su mente, capaz de elevarse y con el privilegio de
aferrarse de las eternas bendiciones de los santos, se desvía de una eternidad
de grandeza... Se humilla y empequeñece al aliarse con las cosas mundanales.
Jesús vino a cambiar
este orden de cosas, para corregir este mal, tan difundido. Eleva su voz como
voz de Dios en amonestación, reprobación y súplica, tratando de romper la
fascinación que infatúa, esclaviza y entrampa a los hombres.
Les presenta el mundo futuro y ...dice "Porque ¿qué aprovechará al
hombre si ganare todo el
mundo, y perdiere su alma? ..." (Mat. 16:26).
Dios quiere que nos
elevemos por encima del mundo. Jesús, el
Redentor del mundo, nos presenta la herencia eterna, las riquezas inmortales...
Saca al mundo de su posición de jactanciosa supremacía y lo coloca en un lugar
donde debería estar, sujeto al mundo espiritual y eterno...
Cristo
se dio así mimo como sacrificio por el mundo. Gozosamente dio su propia vida
como rescate por un mundo apóstata. Y no concibe que el egoísmo y la
mundanalidad existan en los corazones de sus seguidores.
La
sumisión al mundo está expresamente prohibida en la palabra de Dios. Los
elegidos de Dios deberían ser justamente lo que él se proponía que fuesen, y lo
que el apóstol declara que son: un "…espectáculo al mundo, a los ángeles y
a los hombres" (1 Cor. 4:9) Review and Herald, 2 de febrero,
1897) ELC 309
AUDIO. https://youtu.be/FTMHIHf8dlk
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