Hermanos
si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace
volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará
de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados. (Sant. 5:19, 20).
Hay muchos que se descarrían y que sienten su vergüenza e
insensatez. Consideran sus errores y equivocaciones hasta que casi llegan a la
desesperación. No debemos descuidar a esas
almas.
Cuando uno tiene
que nadar contra la corriente, se le opone toda la fuerza de ésta. Extiéndasele
una mano para socorrerlo, tal como la mano del Hermano Mayor rescató a Pedro
que se hundía. Decidle palabras de esperanza, palabras que afirmarán la
confianza y despertarán el amor.
Vuestro hermano, enfermo de espíritu, os necesita, tal como vosotros mismos habéis necesitado el amor de un hermano. Necesita el conocimiento espiritual de quien ha sido tan débil como él; de uno que
simpatice con él y lo ayude. El conocimiento de nuestra propia
debilidad
debiera ayudarnos a socorrer a otro en su necesidad...
El compañerismo con Cristo, el contacto personal con un Salvador viviente, es lo que capacita la mente, el corazón y el alma para triunfar sobre la más baja naturaleza.
Háblese al extraviado de una Mano omnipotente que lo sostendrá, de la infinita humanidad de Cristo que se compadece de él. No es suficiente para él creer en la ley y en su vigencia, cosas éstas que no tienen piedad y que jamás escuchan un pedido de ayuda.
Necesita aferrar una mano que sea cálida, confiar en un corazón lleno de ternura. Mantened su mente detenida en el pensamiento de una divina presencia que está constantemente a su lado, y que siempre lo contempla con amor compasivo. Invitadlo a pensar en el corazón de un Padre al que siempre aflige el pecado, en la mano de un Padre que aún está extendida, en la voz de un Padre que dice: "¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo" (Isa. 27:5).
Al
dedicaros a esta obra, contáis con unos compañeros que los ojos humanos no
pueden ver. Los ángeles del cielo estaban junto al samaritano cuando socorría
al forastero herido... y junto a todos los que sirven a Dios ministrando a sus
semejantes (Manuscrito 126, 1907). ELC 296
AUDIO. https://youtu.be/khCqJFNOqIg
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