No
os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de
vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios,
agradable y perfecta. (Rom. 12:2).
Cristo nunca enseña a
sus seguidores que formulen votos que los unan con los que no tienen
vinculación con Dios...Entre el hombre mundano y el que es fiel servidor de
Dios ha establecido un gran abismo.
Sobre los más importantes asuntos: Dios y la verdad y la eternidad,
sus pensamientos y afectos y sentimientos no están en armonía.
Una clase está madura como trigo
del granero de Dios, la otra como cizaña para el fuego de la destrucción. ¿Cómo
puede haber unidad de propósito o de acción entre ellas?...
Debemos cuidarnos de dar rienda suelta a un espíritu de
fanatismo e intolerancia. No debemos permanecer apartados de otros, con un
espíritu que parece decir: "No te acerques a mí, porque soy más santo que
tú". No debemos encerrarnos en nosotros mismos, lejos de nuestros
semejantes, sino que debemos tratar de impartirles la preciosa verdad que ha
santificado nuestros corazones...
Pero si somos cristianos
y tenemos el espíritu de Aquel que murió para salvar a los hombres de sus
pecados, amaremos las almas de nuestros semejantes de tal manera que no
sancionemos sus placeres pecaminosos con nuestra presencia e influencia...
Tal proceder, lejos de beneficiarlos, podría
sólo ser causa de que dudaran de la realidad de nuestra religión... Deberíamos
estar firmemente arraigados en la convicción de que en todo lo que en cualquier
sentido se desvíe de la verdad y la justicia en nuestra asociación y compañía
con los hombres, no nos puede beneficiar y deshonra grandemente a Dios.
La obra de Dios para la salvación de la familia humana es una obra de
suprema importancia que debe ser llevada adelante en nuestro mundo.
Cuando
los hombres estén dispuestos a contar todas las cosas como pérdida para ganar a
Cristo, sus ojos se abrirán para ver las cosas tales como son. Entonces se
alejarán de las atracciones terrenales y buscarán las celestiales
(Review and Herald, 25 de agosto, 1910). ELC 311
AUDIO. https://youtu.be/P38BzrVbbsA
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