Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del
juicio. Porque por tus palabras seréis justificado, y por
tus palabras serás condenado. (Mat. 12:36, 37).
Cuando el profeta
Isaías contempló la gloria del Señor, quedó asombrado, y abrumado por un
sentimiento de su propia debilidad e indignidad, exclamó: "…¡Ay de mí! que
soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de
pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los
ejércitos" (Isa. 6:5).
...Examínese a sí misma a la luz del cielo toda alma que pretende ser un hijo o una hija de Dios; mire los labios contaminados que lo hacen "muerto". Son el medio de comunicación...
No los uséis, pues, para sacar del tesoro del corazón palabras que deshonren a Dios y desanimen a los que os rodean, sino usadlos para la alabanza y la gloria de Dios, quien los formó con ese propósito...
Cuando el amor de Jesús es el tema de contemplación, las palabras
que salgan de los labios humanos estarán llenas de alabanza y acción de gracias
a Dios y al Cordero...
¡Cuántas palabras se dicen con liviandad y necedad, en broma y
en burla! No sería así si los seguidores de Cristo se dieran cuenta de la
verdad de las palabras: "De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de
ella darán cuenta en el día del juicio..."
La visión dada a
Isaías representa la condición del pueblo de Dios en los últimos días... Al
mirar por fe dentro del lugar santísimo y al ver la obra de Cristo en el
santuario celestial, se dan cuenta que son un pueblo de labios inmundos, un
pueblo cuyos labios a menudo han hablado vanidades, y cuyos talentos no han
sido santificados y empleados para la gloria de Dios...
Pero...
si humillan sus almas ante Dios, habrá esperanza para ellos. El arco iris de la
promesa está sobre el trono, y la obra hecha para Isaías será realizada en
ellos (Review and Herald, 22 de diciembre, 1896).
Sed fragantes en vuestras palabras. Recordad que sois o un sabor de vida para vida o de muerte para muerte. Seamos como flores fragantes. Que el amor de
Cristo inunde nuestras vidas. Sean vuestras palabras como manzanas de
oro con figuras de plata
(General Conference Bulletin, 4 de abril, 1901). ELC 178
AUDIO.
https://youtu.be/Zn2-0EUAb1g
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