Acercaos a Dios, y él se Acercara a vosotros. Pecadores, limpiad las manos;
y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. (Sant. 4:8).
Los ángeles de Dios se
acercan a los que en sus pensamientos y servicio consagrado se acercan a
Dios... Es una calamidad tener
doblado ánimo. "El hombre de doblado ánimo es inconstante en todos sus
caminos" (Sant. 1:8)... Usemos para un solo propósito la mente que Dios
nos ha dado.
La ambición, la
codicia y la manía de seguir las modas, las costumbres y las prácticas del
mundo para no parecer raro, pronto borrarán toda línea de distinción entre la
conducta del cristiano y las prácticas del mundo.
El amor a los placeres
no debe ser fomentado ni complacido. Cuando el ser humano, formado para servir
a Dios, halla su tiempo absorbido por planes en los cuales Dios no tiene nada
que ver, haría bien en preguntar: ¿Qué fin tengo en vista? ¿En el servicio de
quién realmente me complazco? Al fin de cuentas, ¿qué significado tendrá esta
aguda lucha por ser diferente? ¿A quién estoy sirviendo? (Manuscrito 21,
1898).
Como administradores de la propiedad de Dios, debemos mantener el
templo del alma limpio de toda la
escoria y la contaminación del mundo...
Debemos usar todos nuestros talentos, alistar todo pensamiento, sacar
a relucir toda facultad para llevarnos en armonía con la mente de Dios.
Debemos adornarnos con todas las gracias
del Espíritu emulando todo lo que es recto, puro, elevador y ennoblecedor,
copiando las excelencias y personificando las perfecciones de la familia
celestial, obteniendo una educación que nos capacite para unirnos con la
familia real en los atrios celestiales...
Todo el cielo nos está dando su ayuda para que podamos superar todo obstáculo... Debemos edificar caracteres de buena hechura, espirituales, celestiales y perfectos.
Dios nos pide que trabajemos por el tiempo y por la eternidad
para que podamos adaptarnos a la semejanza divina (Ibíd.).
ELC 166
AUDIO.
https://youtu.be/4DuRX_AW434
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