miércoles, 17 de junio de 2026

17. EDUCANDO LA LENGUA. VI. EN LUGARES CELESTIALES (EGW)

 

Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena 

para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. (Efe. 4:29).

El apóstol, viendo la tendencia al abuso del don del habla, da instrucciones en cuanto a su uso. "Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca", dice, "sino la que sea buena para la necesaria edificación".

La palabra "corrompida" califica aquí toda palabra que haría una impresión desfavorable a los principios santos y a la religión sin mácula, toda expresión que eclipsaría la visión de Cristo y borraría de la mente la verdadera simpatía y amor.

Incluye las sugerencias impuras que, a menos que sean resistidas al instante, llevarán a grave 

pecado. Sobre cada persona descansa el deber de impedir el paso de las palabras corrompidas.

Es el propósito de Dios que la gloria de Cristo se vea en sus hijos. En toda su enseñanza Cristo presentó principios puros y no adulterados. No pecó, ni fue hallado engaño en su boca. Constantemente fluían ennoblecedoras y santas verdades de sus labios. Habló como ningún hombre habló, con un sentimiento que tocaba el corazón...

La verdad nunca languidecía en sus labios. Con intrepidez expuso

 la hipocresía de sacerdotes y gobernantes, fariseos y saduceos...

En la Palabra de Dios se expone claramente la gran responsabilidad encerrada en el don del habla. 

"…Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado" (Mat. 12:37), declaró Cristo.

Y el salmista pregunta: "Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino" Sal. 15:1-3. (Review and Herald, 12 de mayo, 1910).

Cultivad una actitud de oración y educad la lengua para que hable las palabras debidas que bendecirán en lugar de producir desánimo. Hablad de la bondad, la misericordia y el amor de Dios. Desechad toda 

palabra incrédula y todo lo que sea barato y vulgar. Que las palabras sean palabras sólidas que no puedan condenarse, y entonces la paz de Dios ciertamente invadirá el alma (Manuscrito 151, 1898). ELC 176

AUDIO. https://youtu.be/rWlEjL8bx1w


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