…Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en
vosotros produce así el
querer como el hacer, por su buena voluntad. (Fil. 2:12,13)
El hombre, en la obra de salvar el alma, depende
plenamente de Dios. Por sí mismo, no puede dar un solo paso hacia
Cristo a menos que lo atraiga el Espíritu de Dios, y esa
atracción es permanente y continuará hasta que el hombre afrente
al Espíritu Santo por su rechazo persistente...
El Espíritu está
mostrando constantemente al alma vislumbres de las cosas de Dios, y con eso una
Presencia divina parece estar cerca, y si responde la mente, si se abre la
puerta del corazón, Jesús mora con el instrumento humano...
El Espíritu de Dios no tiene el propósito de hacer nuestra parte, ya sea en el querer o en el hacer...
Tan
pronto como doblegamos nuestra voluntad para que armonice con la
voluntad de Dios, la gracia de Cristo está lista para cooperar con
el instrumento humano; pero no será el sustituto que haga
nuestra obra independientemente de nuestra resolución y de
nuestra acción decidida.
Por lo tanto, lo que
convertirá el alma no es la abundancia de luz ni las evidencias que se
acumulan unas sobre otras. Es tan sólo el agente humano que
acepta la luz, que despierta las energías de la voluntad, que
comprende y reconoce que lo que sabe es justicia y verdad, y
que coopera así con los agentes celestiales establecidos por Dios
para la salvación del alma.
Si el pecador o el apóstata insisten en la desobediencia y el
pecado, la luz celestial puede brillar alrededor de ellos..., pero
sin lograr disipar el poder hechizador de la falsedad y el
ensalmo del engaño mundanal.
No obedezcáis la voz del
engañador, lo que está en armonía con la voluntad no santificada, sino
obedeced el impulso que Dios ha dado. . . Todo está en juego. ¿Cooperará
en "el querer como el hacer" el instrumento humano con la Divinidad?
Si El Hombre coloca su voluntad del lado de Dios, sometiendo plenamente el yo a la
voluntad de Dios, el elevado y santo esfuerzo del agente humano derriba la obstrucción
que él mismo ha erigido, los escombros son barridos de la puerta
del corazón y se quebranta la posición obstinada que obstruye el alma.
Se abre la puerta del corazón, y entra Jesús para morar
como un huésped bienvenido (Carta 135, 1898). ELC28
AUDIO. https://youtu.be/x8mBFM753dM
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