Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor. (1 Cor. 1:9).
El verdadero cristiano vive con las ventanas del alma abiertas hacia el cielo. Vive en comunión con Cristo. Su voluntad está conformada a la voluntad de Cristo. Su deseo máximo es llegar a ser más y más
semejante a Cristo, para que pueda decir con Pablo: "Con Cristo estoy
juntamente
crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí…" (Gál. 2:20).
Hemos de esforzarnos ferviente e
incansablemente para alcanzar el ideal de Dios para nosotros.
Hemos de hacer esto no como una penitencia, sino como el
único medio de ganar la verdadera felicidad.
La única forma de obtener paz y
gozo es tener una relación viviente con Aquel que dio su
vida por nosotros, que murió para que pudiéramos vivir, y
que vive para unir su poder con los esfuerzos de los que luchan
por vencer.
La santidad es una constante
armonía con Dios. ¿No nos esforzaremos por ser aquello que
Cristo tanto quiere que seamos -cristianos de hecho y de verdad- para
que el mundo pueda ver en nuestra vida una revelación del poder salvador
de la verdad?
ESTE MUNDO ES NUESTRA ESCUELA PREPARATORIA. Mientras estemos aquí, nos encontraremos con pruebas y dificultades. El enemigo de Dios continuamente procurará apartarnos de nuestra lealtad.
Pero estaremos seguros mientras nos
aferremos de Aquel que dio su vida por nosotros.
Cristo abarcó a todo el
mundo con sus brazos. Murió en la cruz para destruir al que
tenía el poder de la muerte, y para borrar los pecados de cada
alma creyente. Nos invita a ofrecernos sobre el altar del
servicio como un sacrificio vivo y encendido. Debemos consagrar
a Dios sin reserva todo lo que poseemos y lo que somos.
En Esta Escuela inferior de la tierra hemos de aprender las lecciones que nos prepararán para entrar en la escuela superior, donde continuará nuestra educación bajo la instrucción personal de Cristo.
Entonces él nos abrirá el
significado de su Palabra.
EN
LOS POCOS DÍAS DE GRACIA QUE NOS QUEDAN, ¿no procederemos
como hombres y mujeres que buscan la vida en el reino de Dios, una eternidad de
bienaventuranza? No podemos permitirnos perder
el privilegio de ver a Cristo cara a cara, y de Oír de sus labios
la historia de la redención (Review and Herald, 16 de mayo, 1907). ELC 34
AUDIO. https://youtu.be/vcZuwqRxaOc
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